Ángeles Castillo

Hay una foto de Wolf Vostell y su mujer, Mercedes Guardado, con Salvador Dalí en Portlligat en 1978 que lo dice todo. De las que hacen época. El de Figueras lleva las tradicionales espardeñas y sus abalorios habituales. El alemán de Leverkusen va vestido como acostumbraba, como un judío sin serlo, en homenaje a las víctimas del Holocausto. Ambos son extravagantes y estrafalarios, aunque cada uno a su manera. Se ve a la perfección en el Museo Vostell Malpartida, que Vostell (1932-1998) fundó en octubre de 1976 en la localidad de Malpartida de Cáceres. A los ojos resulta daliniano, pero es wolfiano. No dejará nunca de sorprendernos, y encantarnos, que haya un museo como este en la Extremadura profunda.

Mercedes Guardado, cacereña de Ceclavín, no jugaba un papel secundario. Al contrario, tuvo mucho que ver en que el pionero del happening europeo, el videoarte y la instalación artística desplegara todo su ingenio en Los Barruecos. Se habían conocido a finales de los años cincuenta en Guadalupe, adonde el artista había ido para estudiar a fondo la obra de Zurbarán, tras pasar por el Museo del Prado, y donde ella trabajaba como maestra. Fueron cuarenta años juntos. Ella los contó en el libro Mi vida con Vostell, un artista de vanguardia (La Fábrica, 2011).

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Ya el lugar donde se ubica el Museo Vostell, a solo catorce kilómetros de Cáceres capital, es extraordinario. Un paraje declarado monumento natural por la Junta de Extremadura con el fin de preservarlo para las generaciones venideras. Podría haber salido de la portentosa y teatral imaginación de Vostell, con esos bolos graníticos esculpidos por los agentes erosivos durante miles de años, dando como resultado un variopinto catálogo de formas a cual más caprichosa. Pero la naturaleza obra estos milagros.

Qué ver en el Museo Vostell

Por si fuera poco, el paisaje está embellecido con cuatro embalses, en cuyas aguas se reflejan los gigantes de piedra, para hacerlo aún más onírico. A saber: el Barrueco de Arriba y el Molinillo, que datan del siglo XVI; el Barrueco de Abajo, que abasteció el proverbial lavadero de lanas, que funcionó desde el siglo XVIII hasta principios del XX, y la Charca de Frasco Díez, el más reciente, del XIX, vinculado a un molino harinero, como los dos primeros. La finca ganadera fue adquirida por el Ayuntamiento de Malpartida de Cáceres el año mismo en que se puso en marcha este museo de arte contemporáneo.


El Museo Vostell Malpartida está en el paraje cacereño de Los Barruecos.


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Todo resulta evocador y mágico, mientras águilas y milanos surcan los cielos, procedentes de la vecina sierra de San Pedro o de los Llanos de Cáceres, y las cigüeñas campan a sus anchas. No en vano Malpartida, de notable arquitectura popular y con casonas y palacios, fue nombrado Pueblo Europeo de la Cigüeña en 1997. Alberga una de las mayores poblaciones de cigüeña blanca de Europa. Otra de sus excelencias es que conserva asentamientos del Paleolítico y el Neolítico. De los romanos queda una villa en el área de Los Barruecos.

Todo esto no hace sino fijar y dar esplendor al Museo Vostell, que también aporta lo suyo: la obra de Wolf Vostell y la Colección Fluxus, donación de Gino di Maggio, editor, coleccionista y gran amigo de los fluxistas.

Vostell, Fluxus, Yoko Ono

El alemán-extremeño era miembro de Fluxus, movimiento anti-arte, a imagen y semejanza del dadá, que vivió su momento álgido en los años sesenta y setenta. Sus seguidores entendían la vida como una composición artística global, huían de la complejidad, les apasionaban los eventos frente a la alta cultura, trabajaban con cualquier material y le ponían a todo ironía y humor. ¿Fluxus? Sobre todo, una actitud. A encumbrarlo contribuyó Yoko Ono.


Una de las obras de Yoko Ono instaladas en el Museo Vostell Malpartida.


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Precisamente, la artista japonesa está representada en el Museo Vostell dentro de la citada colección. Por ejemplo, con su obra Painting to hammer a nail in/Cross version (2000), que consiste en tres grandes cruces frente a un muro de piedra histórico de Los Barruecos. Forma parte del jardín del museo e involucra al visitante en la acción, muy Fluxus, de clavar un clavo con un martillo. Además, este centro atesora otros trabajos conceptuales, esculturas, objetos, instalaciones y registros fotográficos de quien fue pareja de John Lennon.

Arte en un lavadero de lana

En total, aquí se dan cita tres colecciones de arte contemporáneo. Más allá de esta última, la Colección Wolf y Mercedes Vostell y la Colección de Artistas Conceptuales. Desde George Maciunas, el fundador del movimiento, hasta Nam June Paik, Dick Higgins o George Brecht. Las exposiciones ocupan un recinto que perteneció al antiguo lavadero de lanas, una muestra muy interesante de arquitectura industrial vinculada al fenómeno ganadero de La Mesta. La gracia es que, junto a estas obras de vanguardia, se puede visitar el Centro de Interpretación de las Vías Pecuarias e Historia del Lavadero de Lanas. La mezcla es única. El artista quiso que fuera un lugar de encuentro entre arte contemporáneo, vida y naturaleza.


El arte contemporáneo convive con un antiguo lavadero de lanas en Malpartida.


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No hay que perderse las dos esculturas-ambientes a cielo abierto que conviven con las moles de granito. De un lado, V.O.A.E.X. Viaje de (H)ormigón por la Alta Extremadura (1976), obra fundacional, y El muerto tiene sed (1978), ambas de Vostell, quien pretendía impactar al espectador y abrir su pensamiento en todas las direcciones, abundando en las contradicciones del mundo contemporáneo. Para hacerlo eligió este lugar donde tan insospechadamente se funde lo natural con lo cultural.

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