Carla Domínguez

Hay un momento del año en el que elegir zapatos se vuelve especialmente complicado. Empiezan las primeras lluvias, pero todavía no hace suficiente frío como para recuperar las botas altas, y salir de casa con zapatillas, bailarinas o mocasines puede terminar siendo una mala idea si el tiempo cambia a mitad del día.

Es precisamente ahí donde las botas de agua cortas vuelven a encontrar su sitio. Si durante años estuvieron asociadas a festivales, escapadas al campo o jornadas de lluvia intensa, las nuevas versiones se parecen cada vez más a un botín convencional, con diseños que apenas sobrepasan el tobillo, acabados mate y siluetas inspiradas en las clásicas botas Chelsea.

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De la bota de agua clásica al botín impermeable

La principal diferencia está en la altura. Frente a las botas de agua tradicionales, que llegaban hasta la rodilla o media pantorrilla, los nuevos modelos se quedan a la altura del tobillo, lo que los hace más ligeros visualmente y mucho más sencillos de combinar.

También han cambiado los acabados. El caucho brillante sigue existiendo, pero cada vez son más frecuentes los diseños mate, los tonos neutros y las formas depuradas. Negro, verde oliva, marrón chocolate, beis o burdeos sustituyen en muchas ocasiones a los colores más llamativos que tradicionalmente asociábamos a este tipo de calzado.

Por qué funcionan especialmente bien al comienzo del otoño

Las botas de agua cortas tienen otra ventaja: no abrigan tanto como una bota alta, algo que resulta especialmente útil durante septiembre y octubre, cuando las temperaturas todavía pueden ser suaves aunque empiecen las lluvias.

Además, permiten caminar por calles mojadas sin preocuparse demasiado por estropear el calzado y suelen requerir muchos menos cuidados que unas botas de piel o ante.

Esa combinación entre funcionalidad y estética es precisamente lo que las convierte en una de esas prendas que solucionan más de un look cuando el tiempo empieza a ser imprevisible.

Cómo combinar las botas de agua cortas

Quizá la forma más sencilla de llevarlas sea con unos vaqueros rectos o ligeramente amplios. Si el pantalón cae justo por encima de la bota, el resultado se acerca más al de un botín urbano que al de un calzado específicamente pensado para la lluvia.

También funcionan muy bien con pantalones de pinzas, jerséis finos y gabardinas, una combinación especialmente práctica para los primeros días frescos de otoño.


Un look con falda, parka y detalle de botas cortas en verde.


Launchmetrics spotlight

Otra posibilidad es llevarlas con faldas o vestidos midi. En este caso, las botas aportan un punto más relajado al conjunto y permiten seguir utilizando algunas prendas de entretiempo incluso cuando el cielo amenaza lluvia.

Y aunque el negro continúa siendo la opción más fácil de combinar, los tonos marrones, verdes o burdeos pueden resultar especialmente interesantes esta temporada porque encajan con buena parte de la paleta habitual del otoño.

Un calzado que ya no necesita que llueva todo el día

Probablemente esa sea la principal diferencia respecto a las botas de agua que llevábamos hace unos años. Las versiones actuales no necesitan una jornada de lluvia intensa para tener sentido dentro de un look.


Botas de agua cortas en color negro de Muse Madrid.


Muse Madrid.


Su diseño más corto y discreto permite llevarlas durante todo el día aunque finalmente apenas caigan unas gotas, algo que no siempre ocurre con las botas altas de goma.


Botas de agua cortas en burdeos de Toni Pons.


Toni Pons.


Por eso empiezan a ocupar ese espacio intermedio entre la zapatilla y el botín tradicional: resistentes al agua, cómodas y suficientemente neutras como para combinar con prendas que ya tenemos en el armario.


Botas de agua cortas en burdeos de Barbour.


El Corte Inglés.


Cuando todavía no ha llegado el momento de recuperar las botas de invierno pero las primeras lluvias empiezan a complicar nuestros zapatos de entretiempo, las botas de agua cortas aparecen como una de las soluciones más prácticas del otoño. Y esta vez, además, no hace falta esperar a que diluvie para sacarlas del armario.

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