Carla Domínguez

El fajín ha vivido prácticamente encerrado en el mismo uniforme: esmoquin negro, camisa blanca y pajarita. Era una de esas prendas que parecían tener unas instrucciones de uso demasiado claras como para imaginarla fuera de una cena de gala.

Las últimas pasarelas están desmontando precisamente esa idea. El cummerbund, como se conoce internacionalmente al clásico fajín de esmoquin, ha comenzado a aparecer encima de prendas con las que hasta hace poco habría resultado difícil relacionarlo. Jerséis, camisas relajadas, pantalones anchos, americanas e incluso looks de día se ajustan ahora a la cintura con esta banda ancha de tejido.

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El fajín se convierte en el accesorio del otoño

Su origen explica por qué todavía lo asociamos de manera casi automática a la ropa formal. El fajín moderno está relacionado con el kamarband indio y fue adoptado por oficiales británicos en la India durante el siglo XIX como alternativa más ligera al chaleco. Con el tiempo terminó incorporándose al código occidental del black tie.

Los zapatos de salón se llevan con vaqueros, los pijamas de seda salen a la calle, las corbatas han entrado en el armario femenino y las prendas tradicionalmente reservadas para ocasiones especiales se mezclan cada vez más con básicos cotidianos. El fajín parece ser el siguiente paso.


Detalle de fajín efecto cuero en azul.


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Valentino ya lo había recuperado en sus colecciones recientes, mientras que Celine terminó de darle una vuelta mucho menos clásica llevándolo en colores como el rosa y combinándolo con pantalones voluminosos. La pieza que acostumbrábamos a ver únicamente en negro empezaba así a comportarse como cualquier otro accesorio.

Pero las colecciones de primavera-verano 2027 presentadas estos días en Nueva York han confirmado que no se trataba de una aparición puntual. El fajín se ha repetido en diferentes desfiles hasta convertirse en uno de los recursos de cintura más reconocibles de la sema

La cintura vuelve a ser protagonista

El regreso del fajín no aparece de manera aislada. Basta observar algunas de las siluetas que están ganando peso para entender que la moda vuelve a mirar hacia la cintura.

El peplum está recuperando terreno, regresan las chaquetas entalladas y los cinturones vuelven a colocarse incluso encima de prendas que tradicionalmente llevábamos sueltas. En la Semana de la Moda de Nueva York, los fajines y cinturones contundentes han sido precisamente dos de los recursos utilizados para enfatizar esta zona del cuerpo.


Detalle de fajín de tela combinado con cinturón.


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Al ser mucho más ancho y carecer normalmente de una hebilla protagonista, crea una especie de bloque alrededor del torso. Visualmente recoge una camisa amplia, cambia las proporciones de una americana y separa con mucha claridad la parte superior de la inferior.

También permite jugar con el contraste. Un fajín satinado puede hacer que una sencilla camisa blanca parezca mucho más sofisticada, mientras que uno en un color inesperado transforma un jersey y un pantalón neutros sin necesidad de añadir demasiados accesorios.

Cómo llevar el fajín sin parecer que vas de esmoquin

No hace falta trasladar literalmente la propuesta de la pasarela al armario. De hecho, cuanto más alejado esté el resto del estilismo de la etiqueta clásica, más actual resulta.

La combinación más sencilla empieza con prendas que casi todos tenemos: una camisa blanca ligeramente amplia, un pantalón negro y un fajín del mismo color colocado sobre la camisa. El resultado mantiene cierta referencia masculina, pero no parece un esmoquin.

También funciona encima de una americana. En este caso, el fajín sustituye al cinturón que llevamos varias temporadas utilizando para ceñir los blazers oversize, pero consigue un efecto mucho más limpio. Con una chaqueta gris, marrón o negra y una banda en contraste puede bastar para cambiar por completo la silueta.

Otra posibilidad consiste en aprovecharlo para equilibrar prendas con volumen. Un jersey amplio combinado con pantalón recto adquiere unas proporciones diferentes en cuanto se introduce una banda ancha en la cintura. Y en un vestido fluido puede desempeñar prácticamente la función de un pequeño corsé, aunque de una manera mucho menos estructurada.

La pasarela también propone la opción más fácil de todas.Un pañuelo rectangular de seda suficientemente largo, doblado hasta conseguir una banda ancha y anudado discretamente en la espalda o en un lateral, permite reproducir el efecto.

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