
Hay despedidas que nacen del dolor y otras que llegan cuando ya no queda nada por demostrar. La de Lionel Messi con la Selección Argentina tuvo las dos caras: en 2016 fue un portazo en medio de las lágrimas después de otra final perdida y la de 2026 llegó con la calma de quien siente que dio absolutamente todo.
Las dos despedidas de Lionel Messi en la Selección Argentina
La primera escena ocurrió en la madrugada del 27 de junio de 2016, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Argentina acababa de perder por penales ante Chile la final de la Copa América Centenario y Messi, que había fallado uno de los tiros desde los 12 pasos, estaba devastado: era la tercera final consecutiva que se le escapaba luego del Mundial 2014 y la Copa 2015.
» Se terminó para mí la Selección«, soltó frente a los micrófonos. No fue una frase fría ni calculada, fue el desahogo de un jugador que sentía que había hecho todo lo posible y que, aun así, el título seguía sin aparecer. » Ya lo intenté mucho, pero no es para mí«, agregó. Estaba cansado de las críticas y, sobre todo, de sentir que cada golpe con la camiseta argentina terminaba recayendo sobre él.
Aquel Messi todavía necesitaba ganar, demostrar que podía ser campeón con Argentina y que aquellas finales no definían su historia. Por eso, aunque habló de un final, aquella despedida terminó siendo apenas un paréntesis.
La reacción fue inmediata. En Argentina aparecieron mensajes, banderas y pedidos para que el capitán regresara. » No te vayas, Lio» se convirtió en una especie de clamor popular. Y Messi escuchó. De hecho, apenas unos meses después, volvió a ponerse la camiseta celeste y blanca. Lo hizo ante Uruguay, por las Eliminatorias, y marcó el 1-0.
Lo que vino después parece escrito por otro Messi. O, mejor dicho, por el que resurgió de las cenizas y protagonizó una transformación que cambió para siempre su relación con la Selección.
Messi y la Selección: del dolor de 2016 a una década de gloria
La Copa América 2021 fue el punto de quiebre definitivo. En el Maracaná, ante Brasil, Messi finalmente levantó ese trofeo que durante tantos años se le había negado. No fue solamente un título, fue sacarse una mochila que parecía pesar toneladas.
Después llegaron la Finalissima, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Cuatro vueltas olímpicas que transformaron aquellas noches de tristeza en recuerdos cada vez más lejanos. Messi pasó de ser señalado por no ganar con Argentina a convertirse en el capitán de una de las etapas más gloriosas de la historia de la Selección.
Y en el medio también cambió el equipo. El Messi que durante años parecía obligado a resolverlo todo encontró en la Selección de Lionel Scaloni un grupo que lo acompañó, lo protegió y, sobre todo, entendió que no hacía falta pedirle que fuera Superman en cada partido.
Entonces llegó la edición 2026, el Mundial que durante tanto tiempo había aparecido como una frontera terminó siendo, efectivamente, su último gran capítulo con Argentina. Messi llevó al equipo hasta la final y cerró su participación mundialista con ocho goles y cuatro asistencias. Esta vez no levantó la Copa porque España ganó 1-0 la definición, pero la sensación fue completamente diferente a la de 2016.
«Me vacié»: el Messi que entendió que ya era momento de parar
Diez años después de aquella noche en Nueva Jersey, el mensaje fue otro. Mucho más sereno, propio de alguien que mira hacia atrás y puede sentirse en paz.
» Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás«, escribió Messi al anunciar su retiro de la Selección. Una frase que explica mucho más que una simple decisión deportiva. No habló de frustración, de cansancio por perder ni de una nueva decepción. Habló de haberlo dado todo.
Y ahí aparece el verdadero paralelismo entre las dos despedidas. En 2016 Messi se fue porque sentía que no había podido conseguir lo que más quería. En 2026 se fue porque siente que ya cumplió.
Es casi como si aquellas lágrimas de Nueva Jersey hubieran encontrado una respuesta diez años después. El chico que decía » quiero ganar algo con la Selección» finalmente ganó. Y no ganó una vez, ganó cuatro. El que alguna vez fue cuestionado por no conseguir nada con Argentina terminó levantando la Copa del Mundo y convirtiéndose en el futbolista con más partidos y goles en la historia de la Albiceleste.
Esta vez no hubo un «no te vayas, Lio» desesperado. Hay tristeza, claro, pero también hay agradecimiento, porque Messi no se va con una cuenta pendiente: se va después de haber cambiado la historia

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