Patricia Martín

El próximo 12 de agosto hay una cita marcada en el calendario. Ese día tendrá lugar un eclipse total de Sol que podrá verse desde buena parte de España, el primero visible desde la península en más de cien años y uno de los grandes fenómenos astronómicos de la década. Además, llegará al atardecer, cuando la luz ya empieza a volverse dorada y el cielo parece preparado para el espectáculo.

En los últimos meses hemos leído dónde verlo, cómo proteger los ojos o cuáles son los mejores lugares para disfrutarlo. Pero para mejorar la experiencia hace falta una buena banda sonora. Igual que asociamos determinadas canciones a un viaje en coche, a una ruptura o al verano, un eclipse también tiene su propia atmósfera. Durante un eclipse, todo cambia de tono: la luz, los colores e incluso la forma en la que percibimos lo que tenemos delante. Quizá por eso hay discos que parecen cobrar un significado distinto cuando suenan bajo un cielo que, por unos minutos, deja de comportarse como siempre.

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No hace falta que los discos hablen de la Luna, del espacio o de las estrellas. Basta con que sean capaces de provocar esa misma sensación de asombro, calma o misterio. Álbumes que parecen escritos para contemplar el cielo, para recordarnos lo pequeños que somos o, simplemente, para acompañar uno de esos instantes que solo ocurren muy de vez en cuando. Desde clásicos imprescindibles hasta joyas contemporáneas, estos son siete discos que convierten el eclipse del 12 de agosto en una experiencia todavía más inolvidable.


Discos para acompañar el eclipse


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Ceremonials de Florence + The Machine

Si hay una artista capaz de convertir una canción en un ritual, esa es Florence Welch. Su imaginario, lleno de referencias a la naturaleza, la espiritualidad y lo sobrenatural, hace que Ceremonials sea una elección casi inevitable para acompañar un fenómeno como un eclipse. La compositora británica construye aquí un universo en el que los coros, las percusiones y las referencias constantes a la naturaleza, el agua o la luz convierten cada canción en una experiencia casi ritual. No es casualidad que uno de los temas más conocidos del álbum sea No Light, No Light: la tensión entre la oscuridad y la luz atraviesa buena parte del disco.

Publicado en 2011, Ceremonials marcó un punto de inflexión en la carrera de Florence + The Machine y terminó de consolidar a la británica como una de las artistas más singulares de su generación. Con canciones como Shake It Out, Never Let Me Go o Spectrum, el álbum encuentra el equilibrio entre la épica y la emoción, dos ingredientes que también definen la experiencia de contemplar un eclipse.


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The Dark Side of the Moon de Pink Floyd

Hay discos que trascienden generaciones y The Dark Side of the Moon es uno de ellos. Publicado en 1973, el octavo álbum de Pink Floyd no solo cambió la historia del rock progresivo, sino que se convirtió en una de las obras conceptuales más influyentes de todos los tiempos. A través de sus diez canciones, la banda británica reflexiona sobre el paso del tiempo, la ambición, la salud mental o la muerte, cuestiones tan universales como el propio cielo que observamos.

Es imposible no pensar en este álbum cuando se habla de un eclipse. No solo por su icónica portada diseñada por Hipgnosis, en la que un prisma descompone un haz de luz, sino porque pocas obras han sabido capturar tan bien la inmensidad, el misterio y la capacidad de asombro que despierta mirar hacia arriba. Más de cincuenta años después de su publicación, sigue siendo una escucha imprescindible para acompañar uno de los fenómenos naturales más espectaculares que existen.


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Norman Fucking Rockwell! de Lana del Rey

Si Norman Fucking Rockwell! se ha convertido en uno de los álbumes más aclamados de Lana Del Rey es porque resume como ningún otro su universo creativo. Publicado en 2019 y producido junto a Jack Antonoff, el disco abandona parte del dramatismo de sus primeros trabajos para dar paso a un sonido más cálido, introspectivo y cinematográfico, en el que el piano y las guitarras tienen tanto protagonismo como su inconfundible voz.

Hay algo en la forma en la que Lana Del Rey retrata los finales —de un verano, de una relación o de una etapa vital— que conecta con la atmósfera de un eclipse. Canciones como Mariners Apartment Complex, The greatest o Venice Bitch invitan a parar, observar y dejar que el tiempo transcurra sin prisa. No buscan acompañar un espectáculo, sino convertirlo en un momento de contemplación.


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A Moon Shaped Pool de Radiohead

Publicado en 2016, A Moon Shaped Pool es uno de los discos más introspectivos de Radiohead. Lejos de la experimentación más agresiva de trabajos anteriores, la banda británica apuesta aquí por arreglos orquestales, melodías delicadas y una producción contenida que envuelve canciones como Daydreaming, Burn the Witch o True Love Waits. El resultado es un álbum que invita a escuchar sin prisas y a dejarse llevar por cada detalle.

Más allá del evidente guiño de su título a la Luna, A Moon Shaped Pool comparte con un eclipse una misma invitación: parar unos minutos. Es un disco que se disfruta mejor sin prisas, dejando que cada canción encuentre su espacio. Precisamente por eso es una de las mejores bandas sonoras para contemplar un fenómeno que, aunque apenas dura unos instantes, deja una impresión difícil de olvidar.


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Nocturnal de Amaral

Publicado en 2015, Nocturnal marcó una nueva etapa para Amaral. Sin dejar atrás su esencia, el dúo apostó por un sonido más electrónico y atmosférico, muy en sintonía con el universo que sugiere su propio título. La noche es el hilo conductor del álbum, no como un espacio de oscuridad, sino como un lugar para la introspección, la calma y el cambio.

Precisamente por esa forma de entender la oscuridad, Nocturnal encaja especialmente bien con un eclipse. Durante unos minutos, la luz deja de ser la habitual y el paisaje cambia por completo, una sensación que conecta con la atmósfera que recorre canciones como Llévame muy lejos, Noche de cuchillos o Unas veces se gana y otras se pierde. Más que poner banda sonora al fenómeno, el álbum invita a vivirlo con calma y a dejarse sorprender por un momento tan excepcional como efímero.


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45 cerebros y 1 corazón, María Arnal i Marcel Bagés

Con 45 cerebros y 1 corazón, María Arnal i Marcel Bagés demostraron que la música también puede ser una forma de explorar la memoria, la ciencia y la naturaleza. Publicado en 2017, el álbum toma su nombre del hallazgo de una fosa común de la Guerra Civil en la que aparecieron 45 cuerpos y un corazón que seguía intacto. A partir de ahí, el dúo construye un trabajo que mezcla tradición, electrónica y experimentación para reflexionar sobre el paso del tiempo, la vida y todo aquello que permanece.

Es, probablemente, el disco más inesperado de esta lista, pero también uno de los que mejor encaja con la experiencia de un eclipse. Hay algo en su manera de observar el mundo —con curiosidad, sensibilidad y una mirada casi científica— que invita a detenerse y prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. Escucharlo mientras el cielo cambia durante unos minutos convierte el fenómeno en una experiencia todavía más inmersiva.


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Farsa de Silvia Pérez Cruz

En Farsa, Silvia Pérez Cruz vuelve a demostrar que pocas artistas son capaces de emocionar con tanta naturalidad. Publicado en 2020 como banda sonora de la película del mismo nombre dirigida por Javier Daulte, el álbum reúne composiciones propias y versiones que se mueven entre el folk, el jazz, la música clásica y la canción de autor. El resultado es un trabajo delicado y lleno de matices, donde la voz se convierte en el verdadero hilo conductor.

Más que buscar el impacto, Farsa invita a escuchar despacio. Esa intimidad es precisamente lo que lo convierte en una elección perfecta para un eclipse: un momento que también pide detenerse unos minutos y mirar alrededor.

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