Cada mes de junio, las imágenes de Royal Ascot vuelven a provocar la misma pregunta: ¿por qué sus invitadas llevan sombreros y tocados tan llamativos? Flores de grandes dimensiones, plumas, velos, formas escultóricas y alas que parecen desafiar las leyes de la gravedad acompañan a vestidos de invitada elegantes y conjuntos diseñados hasta el último detalle.
Aunque hoy pueda parecer una divertida competición por llevar el tocado más espectacular, su origen está relacionado con la historia de la monarquía británica, las antiguas normas de etiqueta y una época en la que salir de casa con la cabeza descubierta no era habitual entre las clases acomodadas. En Ascot, esa costumbre no desapareció cuando cambió la sociedad, sino que evolucionó hasta convertirse en una poderosa forma de expresión.
Royal Ascot: una tradición que comenzó en 1711
La historia de Ascot se remonta a 1711. Según explica el propio hipódromo, la reina Ana descubrió un terreno cercano al castillo de Windsor que consideró apropiado para que los caballos pudieran correr. Allí se celebró aquel mismo año la primera reunión hípica, iniciando una tradición que ha contado desde entonces con el apoyo de diferentes monarcas británicos.
Aquellas primeras carreras estaban muy lejos del gran acontecimiento social que conocemos ahora. Sin embargo, la estrecha relación del recinto con la Corona hizo que Ascot fuera adquiriendo prestigio y atrajera progresivamente a miembros de la aristocracia, políticos y figuras relevantes de la sociedad británica. En 1911, coincidiendo con el bicentenario de su fundación, la reunión de verano pasó a ser oficialmente una semana Royal.
La reina Isabel II y el duque de Edimburgo llegan al hipódromo de Ascot con motivo de la jornada inaugural de la reunión de Royal Ascot.
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Desde sus comienzos, por tanto, Ascot fue mucho más que una competición deportiva. Era también un lugar en el que dejarse ver, relacionarse y mostrar la posición que se ocupaba dentro de una sociedad profundamente marcada por las clases.
La etiqueta de Ascot apareció después que las carreras
El código de vestimenta no nació exactamente en 1711. Empezó a definirse entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando Ascot se había convertido ya en uno de los principales encuentros sociales del calendario británico.
Una de las figuras más relacionadas con su consolidación fue Beau Brummell, amigo del príncipe regente, futuro Jorge IV, y uno de los hombres más influyentes en la moda masculina de su tiempo. A él se atribuye la defensa de una indumentaria sobria y muy cuidada para los caballeros que acudían a las carreras: chaquetas estructuradas, pantalones formales y corbatas blancas perfectamente colocadas.
Aunque aquellas primeras recomendaciones estaban dirigidas principalmente a los hombres, contribuyeron a crear una idea que todavía define Royal Ascot: acudir al hipódromo significaba vestirse de una manera especial. Las mujeres también asistían con sus mejores prendas y con los sombreros, capotas y adornos para el cabello que formaban parte del vestuario femenino de la época.
Por qué las mujeres comenzaron a llevar sombreros en Ascot
Durante buena parte de los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX, los sombreros no eran simples complementos reservados para bodas o carreras de caballos. Formaban parte de la vestimenta cotidiana y podían comunicar respetabilidad, estado civil, posición económica o pertenencia a un determinado grupo social.
El Victoria and Albert Museum explica que la sombrerería de moda, entendida como el arte de crear piezas decorativas para la cabeza, se estableció especialmente durante los últimos 300 años. Desde entonces, los sombreros han servido para transmitir autoridad, corrección, identidad personal, rebeldía o estilo.
En Ascot confluyeron esas dos funciones. El sombrero era, por un lado, una señal de que la invitada respetaba las convenciones de un acontecimiento formal. Por otro, ofrecía la oportunidad de diferenciarse dentro de un espacio en el que todas las asistentes vestían sus mejores prendas. Cuanto mayor era la importancia social de la cita, mayor atención se prestaba al conjunto.
Ladies’ Day convirtió la moda en parte del espectáculo
El protagonismo de las invitadas aumentó durante el siglo XIX. La expresión Ladies’ Day, que actualmente identifica la tercera jornada de Royal Ascot, comenzó a utilizarse en 1823, después de que un poeta anónimo describiera el jueves de las carreras como el día en el que las mujeres aparecían especialmente elegantes.
La princesa Diana de Gales durante el Royal Ascot en 1988.
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No se trata de una jornada reservada exclusivamente a ellas, pero con el paso del tiempo quedó asociada a los vestidos más sofisticados y a los trabajos de sombrerería más espectaculares. La celebración de la prestigiosa Gold Cup durante ese día, la presencia de la familia real y la creciente atención de la prensa terminaron por convertirlo en el gran escaparate de moda de la semana.
De las capotas victorianas a los tocados escultóricos
La apariencia de los sombreros ha cambiado al ritmo de la moda. Durante la época victoriana fueron habituales las capotas decoradas con cintas, flores y plumas. A comienzos del siglo XX, especialmente durante el periodo eduardiano, las alas crecieron y los adornos se volvieron más abundantes.
A medida que el sombrero desaparecía de la vida cotidiana, Ascot se convirtió en uno de los pocos lugares donde seguía teniendo un papel central. La pérdida de su función práctica permitió que adquiriera otra mucho más creativa. Ya no tenía que ser discreto ni servir para todos los días, sino que podía ser una pieza teatral pensada exclusivamente para una ocasión.
Por eso actualmente encontramos desde pamelas clásicas y sombreros tipo pillbox hasta estructuras abstractas, flores gigantes o diseños inspirados en la naturaleza, la arquitectura y las propias carreras. El tocado funciona casi como una pequeña escultura portátil y permite experimentar con el volumen sin renunciar a la elegancia.
El tocado todavía forma parte del código de vestimenta
La continuidad de esta tradición no depende únicamente de la costumbre. Royal Ascot mantiene diferentes códigos de vestimenta según la zona del hipódromo a la que se acceda. El Royal Enclosure, el recinto más formal y exclusivo, establece las reglas más estrictas. Allí las invitadas deben llevar sombrero o una pieza para la cabeza con una base sólida de al menos diez centímetros de diámetro. Los pequeños fascinadores que se sujetan únicamente con una diadema o una pinza no cumplen este requisito
Kate Middleton en Ascot con tocado de ala ancha en rojo.
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En otros espacios, como el Queen Anne Enclosure, el código es algo más flexible, aunque el sombrero o tocado continúa formando parte del estilismo esperado. El Windsor Enclosure ofrece una experiencia más relajada y no aplica las mismas normas formales. Por eso no todas las mujeres que acuden a Ascot están obligadas exactamente a llevar el mismo tipo de pieza.
Por qué los sombreros de Ascot son cada vez más atrevidos
La existencia de unas normas mínimas no explica por sí sola la extravagancia de algunos diseños. La verdadera razón es que Ascot ofrece algo poco habitual: un espacio en el que llevar un sombrero llamativo no solo está permitido, sino que se celebra.
Diseñadores y sombrereros pueden presentar piezas que difícilmente encontrarían lugar en otro acontecimiento. Las invitadas, por su parte, saben que el tocado será una de las partes más fotografiadas de su estilismo. Muchas eligen primero el sombrero y construyen el resto del conjunto a partir de sus colores, proporciones o materiales.
La presencia de la familia real también ha contribuido a mantener vivo este oficio. Los sombreros de la reina Isabel II, de la reina Camila, de la princesa Ana o de la princesa de Gales han demostrado que una pieza para la cabeza puede ser elegante, reconocible y capaz de comunicar sin necesidad de palabras.







