
Hablar del Mundial de 1978 lleva obligatoriamente a mencionar a la dictadura militar que gobernaba al país en ese entonces. La violencia que se vivía en los centros de detención contrastaba fuertemente con el clima de fiesta y alegría que se vivía en las calles, que festejaban que, por fin, Argentina era la sede de una Copa del Mundo.
Claro, el país vio truncas sus posibilidades para ser anfitrión las otras veces que se había postulado: para 1938 -cuya negativa derivó en un boicot impulsado por Argentina- y para 1962. Pero la tercera fue la vencida, a pesar de que justo se dio en uno de los momentos más oscuros del país.
Sin embargo, cuando la FIFA definió la sede, nadie imaginaba que ocho años después el país volvería a ser gobernado por los militares, aunque habían señales… Sin ir más lejos, la organización madre del fútbol mundial definió la sede el 6 de julio de 1966. Paradójicamente, una semana antes, Arturo Illia había sido derrocado por Juan Carlos Onganía, quien efectuó el golpe de Estado conocido como Revolución Argentina.
Pero más allá de los tiempos agitados que vivía el país, la FIFA designó la sede y la defendió a capa y espada a pesar de que, a medida que se acercaba el partido inaugural del 1° de junio de 1978, las amenazas de un boicot eran cada vez más fuertes.
La dictadura y su maniobra para que el Mundial se jugara igual
Apenas Rafael Videla llegó al poder, tenía en claro que el país debía tener para afuera una buena imagen y a su vez mantener a la población unida para que su gobierno siguiera de pie. Por eso, dos días después del golpe se creó la Secretaría de Estado de Prensa y Difusión (SEPYD), ente encargado de fijar las pautas que los medios debían seguir, entre ellas, la organización del Mundial.
Pero claro, por más que la Junta mantenía alejado de los medios el pedido de justicia por los desaparecidos, se le hacía imposible ocultar lo que ocurría en el exterior. Así, para 1977, comenzaron las expresiones en contra de la realización del Mundial de Argentina.
De esta forma, los medios europeos comenzaron a hacerse eco de la sanguinaria dictadura que afectaba al país y las notas de opinión en contra de la Copa del Mundo comenzaban a multiplicarse. Principalmente desde Francia, los diarios titulaban publicaciones como: «El Mundial tiene plomo bajo las alas» y «¡La Copa desborda, Videla!». Sin embargo, el artículo más fuerte vino desde Alemania, el cual terminó con la deportación de un periodista germano que comparó al Mundial con los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 -ocurridos durante el nazismo- e indicó: «Los niños de la ceremonia inaugural me hicieron recordar a las juventudes hitlerianas». A todo esto se sumó la creación del Comité Organizador del boicot a la Copa del Mundo en Argentina, que contó con el apoyo de Amnistía Internacional, encargándose de difundir las atrocidades de la dictadura a Europa.
De todos modos, para que el mensaje no calara en la población ni en la FIFA, la SEPYD puso en marcha su plan para que todos los medios argentinos hablaran de una «campaña antiargentina», tildando que el objetivo de la prensa extranjera era desprestigiar el trabajo del gobierno de facto. Además, Videla le mandó un mensaje a la población afirmando que «se ha generado una imagen exterior de la Argentina que nos es desfavorable. Esto obedece a dos razones: en primer término la desinformación, el desconocimiento de lo que es la Argentina real, el desconocimiento de sus problemas; la segunda razón es que se ha montado una campaña internacional que tiende, mediante la exageración de los hechos, a aislar a la Argentina del resto del mundo». Pero lo cierto es que los medios extranjeros tenían mucha más información que la que accedían los propios argentinos.
Sin embargo, más allá del intento de boicot, la Copa del Mundo fue ratificada por João Havelange, entonces presidente de la FIFA, y Hermann Neuberger, ex integrante de la SS Nazi y vice del brasileño. Además, no sería la primera vez que un Mundial se jugaba dentro de un clima político controversial, siendo el caso de Italia 1934 el ejemplo más claro.
Así, Argentina ’78 se puso en marcha, con todas las selecciones clasificadas participando a pesar de los pedidos de boicot, aunque sí hubo jugadores que mostraron su preocupación por lo que sucedía en el país. Sin ir más lejos , el alemán Paul Breitner fue el único que se negó a viajar por este motivo. De ideología comunista, el ex Real Madrid renunció a la selección, negándose a defender el título, y hasta apuntó contra sus compañeros diciendo que eran «eunucos políticos» por dejarse usar como «marionetas para mejorar la imagen de un régimen dictatorial». Recién regresaría para España 1982.
Luego, hubo otros jugadores que sí fueron al Mundial pero mostraron su preocupación por lo que pasaba en el país. Uno de ellos fue Wim Rijsbergen, defensor neerlandés, quien fue el único participante del Mundial que visitó a las Madres de Plaza de Mayo. En diálogo con Télam, hace unos años recordó: «Vimos a las Madres con fotos de todos sus hijos desaparecidos y sus familias. ¡Fue muy conmocionante!», además de agregar que en la selección «sabíamos de las Madres y que habían muchas personas desaparecidas». Por otro lado, sobre por qué no se adhirieron al boicot, recordó: «Los jugadores manteníamos la política y el deporte por separado. ¡Y además ir al Mundial era una chance de hablar con la gente allí!».
Otro que también hizo referencia al momento que vivía la Argentina fue el francés Dominique Rocheteau, quien aceptó ir al Mundial pero «sabía muy bien lo que ocurría en Argentina y quedé sensibilizado». De hecho, en diálogo con Télam, remarcó que quiso organizar una reunión con el plantel para que se interiorizaran sobre el tema, pero solamente asistieron tres jugadores ya que «no estaban comprometidos con lo que pasaba en Argentina».
Ahora bien, así como hubo jugadores que se preocuparon por la dictadura, también hubo otros que se creyó que habían estado involucrados con el momento del país, pero que en realidad no fue así. El caso más emblemático es el de Johan Cruyff. El gran ausente del Mundial no viajó ya que se negaba a usar la camiseta adidas que utilizaba la selección porque él tenía su propia marca, además de que poco tiempo antes había sufrido un intento de secuestro que llevó a que no realizara grandes viajes por seguridad. Sin embargo, por mucho tiempo se creyó que no había venido por su oposición a la Junta.
El otro es el arquero sueco Ronnie Hellström, de quien se indicó durante mucho tiempo que no fue a la ceremonia de inauguración para ir a marchar con las Madres de Plaza de Mayo. Sin embargo, el propio jugador lo terminó desmintiendo.
Un Mundial difícil para Argentina
Quizás muchos no lo recuerden, pero la Copa del Mundo fue más que compleja para la Selección. Sin ir más lejos, Argentina terminó segunda en su grupo por detrás de Italia, y la segunda fase tampoco fue accesible . Allí empató 0-0 en un olvidable clásico ante Brasil en Rosario, lo cual dejaba seriamente complicadas sus chances de llegar a la final ya que los polacos habían vencido a Perú.
Así, Argentina y Brasil llegaban al último partido con tres puntos, aunque la Verdeamarela tenía mayor diferencia de gol. Polonia arribaba con dos unidades pero con posibilidades de ganar el grupo si, tras su triunfo, Argentina perdía o empataba sin superarla en la diferencia de gol. Como los partidos no se jugaron a la misma hora, la Albiceleste contó con la ventaja de saber que Brasil derrotó a los europeos por 3-1, quedando con una diferencia de +5. Así, el equipo ya sabía que a Perú le debía hacer por lo menos cuatro goles.
Luego vendría el recordado 6-0, que trajo acusaciones de soborno hacia los jugadores de Perú, a pesar de que esto siempre fue desmentido y nunca se presentaron pruebas. De hecho, futbolistas de otras selecciones como los propios Rocheteau y Rijsbergen no creen que esto haya sido así. Pues Perú era claramente el seleccionado más débil de ese grupo.
La leyenda de los palos negros del Monumental
Todos recuerdan el doblete de Mario Kempes y el tanto de Daniel Bertoni en el alargue de la final ante Países Bajos que le dieron el primer título Mundial a la Selección. Sin embargo, hubo un detalle que pasó desapercibido hasta el 2017…
Resulta que ese año, el periodista escocés David Forrest publicó una nota en The Guardian indicando que los arcos del Monumental tenían un mensaje oculto. Y es que la base de los palos estaba pintada de negro, algo que llamó la atención del reportero, que se puso a investigar el porqué de ese particular color.
Así, tal como indicó en su artículo, Forrest recorrió parte de la Ciudad de Buenos Aires, fue a River y ahí descubrió que, en uno de los archivos que le mostraron, uno de los cancheros era muy parecido a un mozo que lo atendió en la parrilla Don Julio. Entonces, regresó al restaurante y el camarero, que se llamaba Ezequiel Valentini, le confirmó que efectivamente trabajó durante el Mundial y que la base negra de los postes era un mensaje en contra de la dictadura.
Como en ese entonces no se podía hacer mención a los desaparecidos, Valentini le indicó al periodista escocés que la base negra de los palos era un homenaje a las personas que eran buscadas y, al mismo tiempo, una crítica al gobierno de facto. Por eso, apenas salió el artículo en The Guardian, Argentina ’78 volvió a ser tendencia 39 años después.
Sin embargo, esto parece que no fue así. Rápidamente, historiadores y periodistas decidieron chequear si efectivamente esto que contaba Forrest era real. De hecho, rápidamente fueron a Don Julio en busca de Ezequiel Valentini, pero en la parrilla indicaron que nunca trabajó alguien con ese nombre.
Además, revisándose archivos de esa época se llegó a un dato contundente. Las bases de los arcos pintadas de negro eran una costumbre del fútbol argentino que databa de los años 60, e incluso hay una foto de Amadeo Carrizo posando en un arco con la parte inferior de los palos con ese color. De hecho, otras sedes de ese Mundial también lucían esa particularidad -con color negro o azul- a excepción del Malvinas Argentinas de Mendoza, cuyas bases eran rojas.
Pero, ¿por qué ocurría esto? Resulta que las partes inferiores pintadas eran un novedoso método del fútbol argentino para ayudar a los jueces de línea a identificar si la pelota efectivamente había entrado en el arco o no. Sí, tan simple como eso.
Por todo esto , el Mundial del 78 es uno de los más especiales. Por la gloria argentina, pero también por las innumerables historias que surgieron alrededor de esa época, muchas reales, pero también con varias que no son más que leyendas que persisten hasta el día de hoy.

Mirá también
Alemania 1974: el Mundial que Argentina disputó con tres técnicos, fue acusada de arreglar un partido y que quiso abandonar

Mirá también
Inglaterra 1966: el Mundial que dio origen a la rivalidad entre Argentina y los ingleses

Mirá también
Chile 1962: el Mundial más violento de la historia y que el anfitrión le robó a Argentina

Mirá también









