Muchas mujeres creen que con salir un rato al sol en primavera tienen suficiente vitamina D. Es uno de los errores más frecuentes —y más costosos— para la salud ósea y muscular después de los 50. La Dra. Maria de la Paz Barbier Martínez, especialista en Endocrinología y Nutrición del Centro Médico Quirónsalud Aribau de Barcelona, lo resume con claridad: durante cuatro a ocho meses al año, la producción de vitamina D en la piel disminuye de forma importante, mientras las reservas se agotan. La radiación solar del inicio de la primavera no compensa el déficit acumulado en invierno.
A partir de los 50, el cuerpo pierde eficiencia para producir vitamina D por varias razones. La piel sintetiza menos, el aumento del tejido adiposo hace que esta vitamina —que es liposoluble— quede retenida en la grasa y circule menos, y en las mujeres la caída de estrógenos alrededor de la menopausia altera el metabolismo óseo y mineral. Todo ello modifica la forma en que el organismo utiliza la vitamina D y mantiene el equilibrio óseo.
Más allá de los huesos: lo que realmente provoca su déficit
Las consecuencias van mucho más allá de los huesos. La vitamina D es clave para absorber el calcio, y su déficit acelera la pérdida de masa ósea, favorece la osteoporosis y aumenta el riesgo de fracturas. También afecta al sistema musculoesquelético: niveles bajos se asocian a debilidad muscular, sarcopenia e inestabilidad, lo que incrementa el riesgo de caídas. Y en el sistema inmunitario, su falta puede alterar la respuesta defensiva y aumentar la susceptibilidad a infecciones respiratorias.
Cuando no es la edad: los síntomas que pasan desapercibidos
Muchos síntomas que se atribuyen a la edad pueden tener otra explicación. «La falta de vitamina D puede estar detrás del cansancio constante, la debilidad muscular y el dolor articular», señala la Dra. Barbier. La vitamina D actúa como una hormona y participa en funciones de numerosos tejidos, por lo que su déficit no solo debilita los huesos: también afecta a la fuerza, la coordinación y la energía. Estudios recientes la relacionan incluso con cambios en el estado de ánimo y en las defensas.
Lo que la analítica no siempre cuenta
El valor considerado adecuado para la salud ósea en mujeres mayores de 50 es de al menos 50 nmol/L, con un rango óptimo entre 50 y 100 nmol/L. Pero los rangos de laboratorio pueden ser engañosos. «Existe una falta de estandarización entre métodos de análisis, que pueden dar resultados distintos para una misma muestra», explica la especialista. Interpretar la cifra sin contexto clínico puede llevar a errores en ambas direcciones.
La suplementación debe individualizarse en situaciones de mayor riesgo: osteoporosis, fracturas por fragilidad, obesidad, problemas de absorción, baja exposición solar o edad avanzada. Las dosis varían según el perfil clínico, desde 800 UI para adultos mayores con riesgo musculoesquelético hasta cifras más altas en perfiles específicos, y deben pautarse y revisarse por un profesional sanitario. La automedicación es uno de los errores más frecuentes.
Los dos fallos más habituales son tomar dosis muy elevadas de forma intermitente —los llamados bolus—, que no aportan beneficios y en algunos estudios se han asociado a más caídas y fracturas, y suplementar sin indicación ni control analítico. En personas con niveles adecuados no existe beneficio, y un exceso puede ser perjudicial. «Los suplementos comprados sin control sanitario añaden el riesgo de infra o sobredosificación», advierte la Dra. Barbier.
La capacidad de producir vitamina D con el sol depende de muchos factores: la estación, la latitud, la edad, el tipo de piel, el uso de protector solar o incluso el estilo de vida. En España, durante el invierno y parte de la primavera, la radiación no tiene la intensidad suficiente para producir vitamina D de forma significativa, independientemente del tiempo que se pase al aire libre.
Las guías actuales coinciden en que, a partir de los 50, la vitamina D es un determinante clave de la salud ósea, muscular e inmunitaria. «Las mujeres con factores de riesgo o síntomas persistentes deben consultar a su médico para asegurar una dosis adecuada que les permita recuperar la vitalidad y proteger su salud a largo plazo», resume la Dra. Barbier. No todas necesitan suplementos, pero sí conocer cuál es su situación real.







