Dr. Jorge R. Pedro*

La pandemia con su secuela de fallecidos y miles de contagiados de distinta gravedad entre las filas de médicos y sanitarios, dejó este año un sabor amargo en la celebración del Día del Médico. Celebramos ese día con el orgullo de la tarea cumplida pero reclamando con firmeza la mejora de las condiciones laborales del Sistema de Salud público y privado que deterioran el ejercicio de la profesión en general y en la pandemia en especial. 

Hace años, ser médico era una profesión muy prestigiosa. Del orgulloso «Mi hijo el Doctor«, a la recomendación actual de muchos padres a sus hijos de no abrazar la carrera de médico, demuestran un deterioro de las condiciones laborales. Pasamos de ser PROFESIONALES PRESTIGIOSOS a ser TRABAJADORES DEVALUADOS.

La esencia de la profesión médica que representa atender a los pacientes, combatir la enfermedad, salvar vidas, aliviar el dolor, acompañar en el sufrimiento y en el bien morir, produce a quienes ejercemos esta profesión, una satisfacción y orgullo enorme. El beneficio de cuidar, curar y ayudar a los demás de una manera especial desde el desarrollo de una profesión desde la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades en una conjunción entre la técnica y lo humano, como decía el antropólogo médico Francisco Maglio, que nos obliga a esmerarnos por ser buenas personas. Somos también técnicos pero sin lo humano solo es un tecnicismo, humanos sin técnica y conocimiento se convierte en inoperante. 

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La medicina es una vocación, NO un negocio, pero que debe permitir vivir con dignidad y sin apremios. Años de estudio, Residencia, especialización, recertificaciones, sumado a la educación médica continua y la disponibilidad 24 horas por siete días para eventuales urgencias, deben ser reconocidos. Y este año, más que nunca, cuando se acabaron los aplausos populares de todas las noches y los elogios de las autoridades, nos preguntamos, ¿hoy los médicos viven dignamente, los jóvenes médicos, tienen un futuro digno? La pandemia dejó expuesto el estrés de los profesionales en la primera línea de batalla, el pluriempleo, correr de un trabajo a otro por salarios u honorarios en muchos casos paupérrimos para la tarea a realizar, que no fueron actualizados ni premiados por ningún tipo de Prestador del Sistema público o privado durante todo un año, trabajando en muchos casos un promedio de 12 a 16 horas, sin períodos de descanso o licencias habituales para las especialidades más estresantes como las áreas de Emergencia o Cuidados Intensivos, enfrentarse a la muerte muy cercana de pacientes y de compañeros y el temor latente de padecer la enfermedad o transmitirla a sus seres queridos con incertidumbre con deterioro de los lazos afectivos y la indiferencia y la falta de empatía de las autoridades sanitarias o de los gerenciadores de Empresas que generaron, en muchos casos, un ahorro importante por la reducción de las prestaciones sanitarias a todo nivel durante estos ocho meses, más allá del alto costo de atender la pandemia. La crisis visibilizó la graves fallas del sistema Sanitario en especial de centros alejados en la Argentina profunda. Pasamos 8 meses poniendo parches, pero ahora que está aminorando la gravedad de casos y fallecidos, no vemos respuesta de autoridades que ofrecieron como único estímulo, 4 pagos de 5.000 pesos que en muchos casos aún no fue pagado, a médicos de la primera línea de batalla que ganan entre 50 y 70 mil pesos por 4/5 guardias mensuales de alto estrés.

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Invito a los colegas a realizar un ejercicio: ¿SI EXISTIERA OTRA VIDA, VOLVERÍAN A ELEGIR SER MÉDICOS? Estoy seguro de que la mayoría volveríamos a optar por la profesión más allá de todos los avatares que hoy la vuelven muy difícil. Eso demuestra la esencia de la vocación médica y a pesar de las mochilas que cargamos, como la violencia física y psicológica, los bajos honorarios, el alto grado de estrés, la mala relación con ciertos pacientes que se creen clientes y no asumen su rol, la devaluación profesional, la plétora de médicos que se eyectan al Sistema de Salud, muchos de ellos sin una verdadera formación, la socialización de la profesión, la mala calidad de vida que deteriora la salud transformándola en una profesión de riesgo, el deterioro en infraestructura y falta de insumos médicos en muchos Hospitales Públicos en decadencia, la crisis de la pandemia ya señalada, la industria del juicio con sus reclamos por supuesta mala praxis o responsabilidad médica. Este último hecho se ve magnificado estos días, con el juicio mediático a los médicos buscando su responsabilidad en la muerte de Maradona por mala praxis u homicidio culposo de un paciente de más de tres décadas de adicción progresiva y casi terminal, con una grave insuficiencia cardíaca, falla multiorgánico, metabólica, hepática deterioro cerebral y cognitivo, falta de movilidad, cuadros agudos de diversa gravedad así como un cuadro de abstinencia grave y la falta de voluntad para aceptar límites y el cumplimiento del tratamiento en camino a una muerte anunciada. Esto marca un precedente de buscar responsables ante cada hecho similar que ocurra en el futuro. 

SI, VOLVERÍAMOS MUCHOS A ELEGIR LA MEDICINA COMO VOCACIÓN pero en otro contexto, con otras condiciones más dignas. Esto explica el resultado de algunas encuestas que reflejan que un 60 % de los estudiantes de medicina y médicos jóvenes desistirían hoy de ser médicos

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Estamos en época de cambios en nuestro país. Una grave crisis que debemos aceptar para empezar a encontrarle soluciones. Ojalá podamos visualizar las fortalezas del ejercicio profesional y potenciarlas. Ojalá podamos descubrir sus debilidades y animarnos a realizar un cambio responsable para el beneficio de los pacientes y del deteriorado Sistema de Salud. 

Vuelvo a la reflexión inicial, estamos felices de ejercer la medicina, aún en estas crudas y desfavorables condiciones que describí parcialmente, llevando con orgullo esta profesión que no solo es diagnosticar o curar enfermedades sino que, cuando no se puede, aliviar y acompañar en el sufrimiento o en el camino a una muerte digna, todo un desafío de vida, que a muchos nos lleva a sostener que, A PESAR DE TODO, VALE LA PENA SER MEDICO, y volveríamos a realizar con la frente alta ese Juramento Hipocrático difícil de cumplir en la actualidad .

*Médico cirujano. Comunicador en Salud.