Sandra Hernández

Veinte o treinta personas, la música alta y todo el mundo haciendo el mismo ejercicio a la vez. Las clases masivas tienen su encanto, pero también un límite claro. José Ruiz, entrenador personal online y fundador de Malagaentrena, lo resume así: «La diferencia principal está en la atención real que puede ofrecer el entrenador». En una clase grande, el profesional puede explicar, motivar y dirigir, «pero es muy difícil que pueda observar bien cómo se mueve cada persona».

En un grupo pequeño, en cambio, los detalles se ven. «El entrenador puede ver mejor si una rodilla se va hacia dentro, si la espalda se redondea, si una persona está usando demasiado peso o si necesita una variante más sencilla», explica Ruiz. Y eso se nota. «Esa corrección técnica cambia muchísimo el resultado del entrenamiento», asegura. El entrenamiento deja de ser genérico y se ajusta a quien lo hace.

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Ruiz pone un ejemplo muy claro. «Imagina una mujer de 48 años que vuelve a entrenar después de tiempo parada, con algo de molestia en la rodilla. En una clase masiva quizá hace las mismas zancadas con salto que el resto», plantea. En un grupo reducido, esa misma mujer podría hacer una zancada atrás controlada, un step-up bajo o una sentadilla a caja, ejercicios que pueden ser mucho más adecuados para ella.

¿Cuántas personas son demasiadas? Ruiz reconoce que no hay una cifra exacta, porque depende del tipo de clase y del nivel del grupo. Pero da una referencia. «Si hablamos de entrenamiento de fuerza, técnica y adaptación real, yo diría que un grupo reducido debería moverse normalmente entre 4 y 8 personas», explica. Con 10 o 12 todavía puede funcionar si el grupo es homogéneo. A partir de 15, garantizar una supervisión individual de verdad se complica mucho.

Qué pasa cuando el grupo es demasiado grande

Cuando se pasa ese umbral, los problemas se repiten. «La técnica se corrige menos, las personas nuevas copian a las avanzadas, la intensidad no se adapta igual y quien tiene molestias o limitaciones puede sentirse perdido», explica el entrenador. Es decir, la clase sigue funcionando para quien ya sabe lo que hace, pero quien más ayuda necesita es quien menos la recibe.

La motivación también se resiente. «En una clase muy grande, algunas personas se sienten acompañadas por el ambiente, pero otras se sienten invisibles», señala Ruiz. Cuando nadie te corrige ni sabe cómo vas, desconectar es más fácil. «La motivación no solo viene de la música o del grupo. También viene de sentir que estás progresando y que alguien te está guiando bien», añade.

¿A quién le compensa más el grupo reducido? Ruiz piensa sobre todo en mujeres de más de 45 que quieren ganar fuerza, volver después de un tiempo parada o cuidar rodillas, espalda o cadera, y en quien tiene miedo a lesionarse. «El grupo reducido tiene ese punto intermedio: hay ambiente y compañía, pero también corrección, seguimiento y adaptación», explica. Las clases masivas siguen siendo válidas para quien ya tiene experiencia y no tiene lesiones, o para actividades menos técnicas como el baile o el cardio moderado.

Cómo saber si tu grupo reducido lo es de verdad

Lo primero es contar. «Si te venden «grupo reducido» y luego hay 18 o 20 personas entrenando al mismo tiempo, probablemente el término se está usando de forma bastante laxa», advierte Ruiz. Además, debería haber una conversación previa sobre tu objetivo, tu experiencia y tus molestias. Y correcciones durante la sesión. «Si llevas semanas entrenando y nadie te ha corregido una sentadilla, un peso muerto, una plancha o una zancada, algo no encaja», dice.

Otra pista es que no todo el mundo haga lo mismo. Puede haber una estructura común, pero con variantes: una persona hace sentadilla goblet, otra sentadilla a caja y otra step-up, según su nivel. Las señales de alarma, según Ruiz, son demasiada gente, nadie que pregunte por lesiones, todos con la misma carga y un entrenador que se limita a animar. También es mala señal que se priorice sudar por encima de moverse bien.

Eso sí, Ruiz es honesto: el tamaño no lo es todo. «Un grupo pequeño mal dirigido puede ser menos útil que una clase grande muy bien organizada», reconoce. Para él, lo ideal es combinar las dos cosas. «El mejor escenario, para mí, es un grupo reducido con un entrenador que sepa observar, corregir, adaptar y planificar», concluye. Antes de apuntarte, pregunta cuántas personas hay y fíjate en si el entrenador sabe quién eres.

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