A lo largo de vida me ha costado un poquito eso de poner límites a otras personas. No es que sea una people pleasure de manual, pero siento que al marcar mis límites estoy siendo alguien egoísta y me cuesta un poco romper con esa idea que tengo en mi cabeza. Para ayudarme está el libro ‘El existencialismo es un humanismo’ en el que el filósofo Jean-Paul Sartre asegura que la condición misma para que exista una libertad auténtica y compartida no es otra que poner límites.

Para Sartre el ser humano está “condenado a ser libre” de manera originaria. Es decir, nadie te pidió permiso para nacer, pero cuando estás en el mundo no puedes escapar de la obligación de elegir y decidir desde tu propia libertad. Hasta cuando decides no hacer nada estás haciendo una elección. Por eso tu existencia no se mueve, según Sartre, por un destino o un guion escrito que te diga quién eres, sino que te defines continuamente a través de tus actos y tu propia libertad. 

Ahora bien, ejercitar la libertad en un aislamiento «solipsista”, como si vivieras en una isla desierta y creyendo que tus decisiones solo te incumben a ti y no tienes ninguna responsabilidad con otros, es absurdo e imposible. No puedes perseguir la propia libertad como fin sin pretender al mismo tiempo la libertad de los demás. Eres libre, pero tu libertad existe y cobra sentido en convivencia con la libertad de los demás. “Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás”, escribía el filósofo francés.

La libertad es responsabilidad (con otros y contigo)

“No somos libres de dejar de ser libres”, sostenía, y la relación entre personas exige una libre limitación del propio obrar. Es decir, cada uno de nosotros debe acotar su acción para que esta no acabe convirtiéndose en opresión sobre el otro. Es una especie de punto intermedio, como la asertividad. El concepto de asertividad de los psicólogos Robert Alberti y Michael Emmons, se define como el punto medio entre la pasividad (callarse y ceder) y la agresividad (imponerse). Ser asertivo consiste en expresar lo que necesitamos respetando lo que necesita el otro. Tal y como expresa Sartre. 

Con esto en mente, el egoísmo es replegarse sobre los propios deseos sin mirar a nadie y poner un límite hace justo lo contrario: reconoce que la existencia es compartida. Simone de Beauvoir hablaba justo de ese respeto a la situación ajena en ‘El segundo sexo’, haciendo hincapié en que nuestras actitudes y decisiones configuran de forma directa la situación en la que los otros ejercen sus elecciones, así que respetar los límites ajenos preserva las condiciones reales para que la otra persona pueda ser libre.

“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”, escribía Sartre, y esa construcción se hace decisión a decisión, pero también en cada uno de los límites que decidimos poner o que dejamos de poner. Por eso la definición de libertad de Sartre va más allá de hacer lo que apetece, sino que va encaminada a quienes somos. “Ser libre no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que se hace”. Cuando decimos que no a lo que no queremos y respetamos el no de los demás, estamos cuidando el espacio en el que cabe la libertad de todos. 

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Fotos | Wikimedia Commons, Ryan Moreno en Unsplash

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