
En la mayoría de debates futboleros, cuando se desglosa a los equipos que pelean la parte alta del campeonato, se suele hacer foco en el ataque de los equipos. Que quién hace los goles, que quién es el creativo o cuál es el jugador desequilibrante. Pero dentro de ese estudio, hay una parte fundamental que se suele dejar de lado y que es igual o hasta más importante que la otra: el arquero. Hoy Tristán Suárez puede decir que es puntero de la Primera Nacional en solitario gracias a Joaquín Bigo.
Los que pueden hacerte ganar puntos o, por el contrario, perderlos. El Lechero contó con una muralla bajo los tres postes y salió vivo de su excursión a San Juan. San Martín lo peloteó durante todo el segundo tiempo, pero el 1 se hizo gigante, sacó dos cabezazos a quemarropa sobre el final del match y rescató un puntazo de oro en el postergado para volver a ser líder a un punto de su escolta.
Imprecisión tras imprecisión
Decir que en la primera mitad se prestaron de a ratos la pelota sería ser generoso con los dos. Ninguno pudo desplegar un buen juego colectivo ni muchísimo menos. No hilvanaron una buena secuencia de pases en ningún momento y de ahí se explica que no haya habido aproximaciones de peligro. Tristán no pudo imponer su condición de líder y el Santo tampoco la de local.
Pelotazo va, pelotazo viene. La tónica de un primer tiempo fácilmente olvidable. Algunos chispazos de Franco Coronel y hasta ahí. Ojo, una aclaración importante es que, al ser un encuentro pospuesto, se jugó entre semana y ninguno estaba al 100%. Parecía que se estaban guardando para fundir naves en el complemento y así fue…
San Bigo
Los de Schiapparelli salieron decididos a llevarse puesto a su adversario en los segundos 45 minutos. Lo pasó por arriba. Cuando metió a Nazareno Fúnez, llenó de centros a un equipo que se salvó gracias a su arquero. En primera instancia, con un cabezazo de Nadalín. El lateral derecho con alma de delantero apareció en el área y metió un cabezazo certero que el ex Estudiantes de Río Cuarto sacó con reflejos de gato.
La segunda también fue clarísima. Una pelota detenida, ejecutada como con un guante por parte de Dante Álvarez, le quedó en la cabeza al nueve que había entrado desde el banco. Cocazo mediante, la pelota salió disparada y el #1 nuevamente salvó a los suyos. Tristán terminó pidiendo la hora. Y no es para menos, porque el poroto que arañó en una tarde soleada lejos de casa puede ser clave de cara a la recta final.

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