El éxito en comedia deLa maldición de Widow’s Bay estaba más o menos claro desde que, episodio tras episodio, se convirtió en la serie que había que ver. En drama, la lucha entre The Pitt y Pluribus se presumía menos ajustada, tal vez por el carro de nominaciones de la primera. Al final se fueron a casa cada una con siete premios. Lo que nadie sospechaba era que en el género de las miniseries, la noche de los premios Emmy iba a proclamar ganadora a una producción que había hecho poco ruido y tenía que imponerse a ficciones como Love Story o Bronca. Pero así fue.
Todo empezó a coger forma el pasado fin de semana, la fecha a la que la organización de los premios de la televisión relega los premios técnicos y los galardones menores de interpretación. Este año se colaban ahí, por primera vez, los premios al Mejor Actor y Actriz de Reparto en Miniserie, quizá porque ellos mismos eran conscientes de que las aspirantes no tenían la solidez y el encanto de las nominadas en ediciones pasadas. Quizá simplemente porque no hay tiempo para todo y había que sacrificar a alguien.
El caso es que Linda Cardellini y David Harbour, que competía en la categoría con su compañero de reparto Jason Bateman, llegaron a la noche del lunes, la de los Premios Emmy de mayores, la que toda la industria ve, con un sendos reconocimientos como mejores actores de reparto en miniserie. Y el creador, Steven Conrad, ya había recogido el de Mejor Director y Mejor Guion. Así que, reconozcámoslo, cuando Oscar Isaac se quedó sin el Emmy al Mejor Actor de miniserie por Bronca, (porque Matthew Rhys había ido a por lo que le habían invitado, todo), la suerte estaba echada: DTF St. Louis iba a ser proclamada la Mejor Miniserie. Y lo fue.
La triste crisis de la mediana edad
Pero ¿qué es esta miniserie con un título tan peculiar y de la que pocos han hablado hasta hoy? Según ha contado Conrad, guionista entre otras de La vida secreta de Walter Mitty, la serie se inspira en sus amigos casados y su utilización de las app para ligar (porque el nombre de la serie viene de ahí). Pero en realidad, la idea inicial de HBO (que Conrad terminó descartando) partía del caso de caso de un dentista de Nueva York acusado de asesinar a su amigo porque mantenía una relación sentimental con la mujer del fallecido.
David Harbour y Jason Bateman en una imagen de DTF St. Louis.
HBO Max
Conrad ya había creado un mundo ficticio cuando le llegó la propuesta de la plataforma y junto a David Harbour, que también trabajó en la creación de la serie, siguieron adelante con sus ideas. E hicieron de DTF St. Louis una comedia negra en la que dos hombres comienzan a trabajar juntos, se convierten en amigos y luego, una vez más, la vida le decepciona a uno de ellos. El vacío existencial de la mediana edad, el sexo en las parejas longevas, la incapacidad para conectar con las nuevas generaciones y las mencionadas apps como búsqueda de lugar en el que encontrar un nuevo aliciente vital son algunos de los temas centrales de la producción, compuesta por siete episodios.
Harbour y Cardellini son Floyd Smernitch y Carol Love-Smernitch, un matrimonio con muchas facturas y pocos planes en el que no abunda la comunicación pero sí el cariño. Pero claro, eso puede que sostenga una pareja, a la que va endosada el niño de una relación anterior de ella y que ya es un adolescente, pero no llena las vidas íntimas de ambos. Afortunadamente, Floyd comienza a trabajar como intérprete de lengua de signos en el segmento de la meteorología de una cadena local y allí conoce a Clark.
Amigos para siempre
En poco tiempo Clark y Floyd se hacen amigos y el primero acude con su familia a una humilde fiesta que celebran los segundos en su jardín. Allí, el hombre del tiempo conoce a Carol y se enamora. O ella de él. Sea cual sea el caso, ambos hacen mucho por volver a encontrarse, primero en público y luego en un motel. Y mientras Clark se acuesta con ella, se convierte en el mejor amigo de él. Hasta que Floyd aparece muerto en una instalación municipal y a las historias personales de los protagonistas se une el misterio de quién mató al personaje de Harbour.
Richard Jenkins y Joy Sunday en una imagen de la miniserie DTF St. Louis,
HBO Max
El conflicto de DFT St. Louis no está en la infidelidad o la traición, sino en la tristeza vital de la vida de los Smernitch, en la tendencia depresiva de Floyd, en el cúmulo de desgracias que le ocurrieron en un momento de su vida y le han marcado para siempre. En realidad, la investigación de los detectives Homer y Plumb, (con Richard Jenkins y Joy Sunday dando vida a lo mejor de la serie) sirve para revelar la relación de este triángulo amoroso y reflexionar sobre las ilusiones perdidas, la soledad, la falta de intimidad y si el sexo puede resolverlo todo.
La tristeza vital de los personajes impregna cada minuto de la producción y por muy cómicos que puedan parecer los hechos que les rodean, sus circunstancias o su torpeza, a veces es complicado que DFT St Louis se sienta como esa comedia que quiere ser. Y para mi, que no conseguí empatizar con el trío protagonista y sus circunstancias, en realidad sus 7 Emmys son el tuerto en el país de los ciegos. Qué tiempos aquellos en los que la categoría de miniseries de los Emmy reconocida producciones como Chernobyl, elegía Gambito de Dama por delante de Mare of Easttown o a Mi reno de peluche, en vez de a Ripley.







