Sandra Hernández

Agosto termina y muchas mujeres llegan a septiembre con la sensación de que algo ha cambiado en su cuerpo — no necesariamente en el peso, sino en el tono. Las piernas con menos firmeza, los brazos más blandos, una ligera pérdida de esa consistencia que cuesta meses conseguir en el gimnasio. Para Violeta Kuskyan, especialista en Dietética y Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea — una clínica de longevidad y bienestar médico ubicada en Altea que trabaja la salud desde una perspectiva preventiva, personalizada e integral — lo que ocurre en agosto tiene una explicación concreta y, sobre todo, tiene solución.

El primer error que Kuskyan detecta con más frecuencia es asumir que seguir una alimentación mediterránea durante el verano es garantía automática de mantener la masa muscular. No lo es. La dieta mediterránea proporciona una combinación muy favorable de proteínas de calidad, grasas saludables, fibra, antioxidantes y alimentos frescos de temporada, y en agosto coincide con una disponibilidad extraordinaria de frutas, verduras, pescados, legumbres y aceite de oliva virgen extra. Pero todo ese potencial se diluye si el aporte proteico no es suficiente o si el estímulo de fuerza desaparece durante semanas.

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Lo que suele ocurrir en vacaciones es más sutil que una mala alimentación. Los horarios se retrasan, las comidas se aligeran — una ensalada, un gazpacho, algo de fruta — y sin darse cuenta la proteína del día queda concentrada en la cena o directamente reducida. «Una dieta puede ser saludable y equilibrada y, sin embargo, no cubrir las necesidades para conservar la masa muscular», advierte Kuskyan. El problema no es lo que se come, sino lo que falta sin que se note.

La buena noticia es que la cocina mediterránea de temporada tiene platos que, bien combinados, cubren esas necesidades sin que parezca que uno está siguiendo un plan nutricional en plenas vacaciones. Una ensalada de tomate con bonito, un gazpacho acompañado de huevo duro, pescado a la plancha con verduras, legumbres en ensalada o una parrillada de pollo con verduras son ejemplos que Kuskyan menciona como representativos de lo que funciona. Todos tienen en común una fuente de proteína de calidad integrada de forma natural en el plato, sin forzar nada.

La clave, según Kuskyan, está en la distribución. No en comer más proteína en total, sino en no concentrarla únicamente en la cena. Incluir una fuente proteica en las principales comidas del día — no solo en una — es lo que marca la diferencia para que el músculo tenga los recursos que necesita a lo largo de las horas. Algo que en la cocina mediterránea de agosto es perfectamente posible sin renunciar al placer de comer bien junto al mar.

Cómo mantener la estructura cuando todo cambia

Las comidas fuera de casa, las cenas que se alargan, el alcohol de los aperitivos — todo eso forma parte del verano y Kuskyan no propone eliminarlo. Lo que recomienda es mantener la estructura aunque cambien los horarios: que cada comida principal incluya proteína, verduras y grasas saludables, en ese orden de prioridad. El alcohol, reservarlo para ocasiones puntuales y compensarlo con buena hidratación el resto del día.

Donde más se pierde terreno no es en la alimentación sino en el movimiento. Pasar de entrenar con regularidad durante meses a varias semanas de inactividad completa tiene consecuencias sobre la masa muscular que ninguna dieta puede compensar del todo. «La alimentación crea las condiciones necesarias para conservar el músculo, pero necesita ir acompañada de movimiento y estímulo muscular», explica Kuskyan. Y en agosto eso no tiene por qué ser un entrenamiento estructurado: nadar, caminar, hacer ejercicios con el propio peso o mantener sesiones cortas de fuerza puede ser suficiente para seguir estimulando la musculatura.

Lo que se nota al llegar a septiembre

Quien llega a principios de septiembre habiendo mantenido esa combinación de alimentación mediterránea con proteína distribuida a lo largo del día y algún tipo de actividad física nota la diferencia respecto a quien ha pasado agosto en modo pausa total. No es una cuestión de disciplina sino de entender que el músculo necesita dos cosas de forma continuada: materia prima para mantenerse y un motivo para no desaparecer. La dieta mediterránea aporta la primera con creces. El movimiento aporta la segunda.

ZEM Wellness Clinic Altea trabaja precisamente desde esa perspectiva integral — combinando nutrición, ejercicio, medicina de precisión y recuperación en programas adaptados a la biología de cada persona — y es desde ahí desde donde Kuskyan entiende la alimentación: no como una lista de alimentos correctos sino como parte de un sistema en el que todo está conectado. Septiembre, con la vuelta a la rutina y la motivación renovada, es el momento de retomar ese sistema. Pero agosto, bien gestionado, puede hacer que esa vuelta sea mucho menos dura.

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