El próximo 26 de septiembre Rodrigo Sorogoyen vuelve al cine con El ser querido, su nuevo proyecto después de Los años nuevos, y lo hace acompañado, una vez más, de Isabel Peña en el guion. La película está protagonizada por Javier Bardem y Vicky Luengo, que interpretan a Esteban y Emilia, un padre y una hija que llevan trece años distanciados y que vuelven a encontrarse cuando sus caminos profesionales terminan cruzándose. Él es un director de cine de prestigio; ella, una actriz cuya carrera no atraviesa precisamente su mejor momento. Lo que comienza como un reencuentro profesional terminará sacando a la superficie una relación familiar marcada por heridas, reproches y todo aquello que ninguno de los dos ha sabido decir durante años.
Con El ser querido, Sorogoyen vuelve a interesarse por uno de los terrenos que mejor conoce: las relaciones humanas y, sobre todo, la tensión que existe entre lo que sentimos y lo que somos capaces de expresar. No es una película en la que sucedan grandes acontecimientos constantemente, sino una historia que encuentra su fuerza en sus personajes y en la complejidad de su vínculo. Como ya ocurría en Los años nuevos, el interés no está tanto en preguntarse qué va a pasar como en observar qué ocurre entre ellos mientras la historia avanza. Y ahí Sorogoyen vuelve a demostrar que pocos directores saben retratar los conflictos emocionales con tanta precisión.
El tandem Sorogoyen y Peña vuelve a funcionar
Isabel Peña vuelve a ser una pieza fundamental en ese engranaje, consiguiendo junto a Sorogoyen un guion excepcional que, para mí, es lo mejor de la película. Especialmente por sus diálogos. Por esas conversaciones tan honestas, tan reales, en las que los personajes se dicen cosas que nosotros probablemente pensamos muchas veces pero rara vez sabemos expresar. Es de esas películas que te hacen pensar, mientras las ves, «ojalá yo pudiera tener este tipo de conversaciones en la vida real».
Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña
D.R
La relación entre Esteban y Emilia está construida precisamente desde esa contención. No hay una necesidad constante de explicar por qué están como están ni de subrayar cada herida. El espectador va descubriendo poco a poco qué ha pasado entre ellos y no siempre queda claro quien es el malo o el bueno. Son dos personajes muy interesantes porque están llenos de contradicciones, y el guion sabe mantenerlas sin intentar resolverlas de manera sencilla.
Hay otro elemento especialmente interesante en El ser querido: la película muestra el rodaje de una película y lo hace con un nivel de detalle que consigue que el espectador tenga la sensación de asomarse realmente al funcionamiento de un set. Sorogoyen consigue recrear con mucha naturalidad las dinámicas que se producen detrás de una película: la relación entre los actores, las conversaciones con el director, las decisiones que se toman durante una jornada de trabajo, las tensiones del equipo o todo el trabajo de producción que ocurre mientras, delante de la cámara, parece que simplemente se está rodando una escena. Todo está tan bien integrado que nunca da la sensación de que la película quiera explicarnos cómo funciona un rodaje; simplemente nos deja entrar en él.
Y esto añade otra capa a la historia. Mientras Esteban intenta sacar adelante su película y Emilia se enfrenta a su trabajo como actriz, ambos tienen que enfrentarse también a aquello que ocurre entre ellos. El rodaje acaba funcionando casi como un espejo de su propia relación: hay cosas que se ensayan, otras que se improvisan y muchas que se intentan controlar, aunque en realidad sea imposible hacerlo.
Javier Bardem y Vicky Luengo, dos actores en estado de gracia
Pero si hay algo que merece la pena destacar de la película son las interpretaciones de Javier Bardem y Vicky Luengo. Ambos actores realizan un trabajo excepcional, por lo que es difícil quedarse con uno de los dos ya que ambos consiguen construir personajes complejos y muy diferentes, y buena parte de la fuerza de la película está precisamente en cómo se relacionan en pantalla. No sé si terminarán llevándose algún premio, pero que Bardem y Luengo vayan a estar nominados a todo es algo que parece casi obvio, aunque todavía no lo sepamos. Los dos están a la altura de unos personajes que necesitan precisamente eso: actores capaces de contener tanto como de mostrar.
Javier Bardem y Vicky Luengo en ‘El ser querido’
D.R
Hay un detalle del rodaje que hace todavía más interesante esa primera impresión. La primera gran escena entre ambos -con la que empieza la película- se grabó el primer día de trabajo y, curiosamente, los actores ni siquiera se habían encontrado cara a cara antes. Sorogoyen les permitió trabajar durante aproximadamente una hora y media de improvisación, respetando únicamente determinadas partes del guion. De todo aquel material, el director terminó utilizando unos 18 minutos en el montaje final. Y se nota. Desde esa primera escena hay entre ellos una tensión, una incomodidad y una familiaridad extraña que resulta difícil de fabricar.
La parte visual de la película
Sorogoyen experimenta además con la propia imagen. El ser querido comienza rodada en digital, pero a medida que aumenta el conflicto dentro de ese rodaje ficticio, la imagen también se transforma: 35 mm, 16 mm, 8 mm, color, blanco y negro y diferentes formatos de pantalla aparecen a lo largo de la película para acompañar el cambio emocional de la historia. No es un ejercicio estético gratuito, sino una forma de reforzar lo que está pasando delante de la cámara. El hecho de que, además, estemos viendo un rodaje dentro de la propia película hace que este juego resulte todavía más interesante.
La fotografía es uno de los grandes aciertos, especialmente por la atención que presta a las miradas. La cámara se detiene en ellas y consigue que muchas veces entendamos lo que está pasando sin necesidad de que los personajes lo expliquen. Y lo mismo ocurre con el sonido, que sabe cuándo dejar espacio a un silencio absoluto y cuándo dejar que la música entre para aumentar la emoción. El ser querido entiende que el conflicto no siempre necesita grandes discusiones: a veces está en una pausa, una mirada o un gesto, y la película confía en que el espectador sepa leerlos.
En definitiva, El ser querido funciona porque todos sus elementos están al servicio de la historia: el guion, las interpretaciones, la fotografía y el sonido. Sorogoyen vuelve a demostrar que sabe sacar mucho de los conflictos cotidianos y, sobre todo, que no necesita llenar una película de acontecimientos para mantenerte dentro de ella. Aquí lo consigue a través de dos personajes muy bien construidos y de una relación que resulta creíble precisamente porque está llena de contradicciones.







