Sandra Hernández

¿Suelo o máquina? Es de las primeras dudas que surgen al plantearse empezar pilates después de los 45. El Dr. Bosco y Laura Cabral, entrenadora de Corpora Pilates, empiezan por el suelo. «Pilates suelo es un reto difícil: mover el cuerpo contra la fuerza de la gravedad, conseguir levantarse en diferentes posiciones sin ninguna ayuda más que la propia fuerza», explican. Son movimientos con correspondencia directa en gestos del día a día, pero sin ningún apoyo más que el propio cuerpo.

Esa exigencia tiene una recompensa concreta. «Todo ello le da al cliente una mayor seguridad en movimientos que realiza muchas veces al día aunque en diferentes intensidades«, señalan. El reformer funciona distinto. Está pensado con ayudas: muelles, asas, cuerdas, cajones y barras de apoyo que se adaptan a más o menos resistencia, permitiendo aumentar la intensidad con más control que en el suelo.

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Esa ayuda tiene también su propia curva de aprendizaje. «En el reformer hay que habituarse a conseguir la fuerza empujando, tirando, moviendo… con elementos que aunque tienen también transferencia a gestos cotidianos, cuesta acostumbrarse a realizarlos con la respiración apropiada y la postura correcta para no lesionarse», advierten Bosco y Cabral. No es raro, añaden, que alguna clienta llegue con algún problema derivado de un ejercicio que resultó excesivo para ella. El suelo, en cambio, «es todo más sencillo de entender y se puede llegar hasta donde se pueda hacerlo bien.«

Por qué Joseph Pilates inventó las máquinas

El reformer no surgió por capricho. «Joseph Pilates inventó las máquinas porque suponen una enorme variedad de movimientos y ejercicios que producen resultados en poco tiempo«, explica el Dr. Bosco, que insiste en que las máquinas han revolucionado la cinesiterapia — la terapia por el movimiento — dentro de la fisioterapia moderna. Esa idea es precisamente el eje de su libro »Pilates Terapéutico«, el primero en el mundo sobre este enfoque y cuya primera edición ya está agotada.

Las posibilidades del pilates, insiste Bosco, son enormes cuando está bien aplicado y bien protocolizado. Pero pone una condición que no admite excepciones: siempre debe impartirlo un instructor formado en una institución científica, con tres o cuatro años de experiencia y una titulación que le capacite para conocer el cuerpo humano en profundidad, la fisiología del ejercicio y la metodología del método pilates. Cita para reforzar esa idea una frase de Romana Kryzanowska, discípula directa de Joseph Pilates: «El día que pilates lo enseñen profesores sin auténticos maestros, el pilates que harán será un ‘pilates hueco’… y desgraciadamente estamos tendiendo a eso.»

¿Puede alguien de más de 45 empezar directamente el reformer?

Sí, sin rodeos. «Pilates clásico utiliza el suelo, los implementos… y todas las máquinas incluyendo el reformer», aclaran Bosco y Cabral. No hay una edad ni un punto de partida obligatorio: «Una persona mayor de 45 años puede empezar a hacer pilates cuando quiera con un buen instructor.» Y añaden, sin matices: «Pilates es el mejor entrenamiento personal.»

El pilates clásico incluye el suelo. Y también las máquinas — desde el principio, no como añadido posterior. Laura Cabral recuerda que el propio Joseph Pilates empezaba muchas veces sus sesiones con máquinas, no con el suelo. El suelo, de hecho, es la modalidad más exigente, y poco recomendable si se sigue con rigor el purismo del método clásico.

Por eso el pilates que se practica hoy en día ha evolucionado. El llamado Pilates Contemporáneo en máquinas abre la puerta a adaptaciones específicas para mujeres de más de 45 años, incluidas aquellas que nunca han hecho ejercicio en su vida. Es el mismo espíritu que sigue el Pilates Terapéutico desarrollado por el Dr. Juan Bosco Calvo y Laura Cabral en Corpora Pilates: un catálogo tan amplio de ejercicios, basados en los principios pilates pero adaptados a máquinas, que permite ajustar la dificultad a cada clienta y a sus problemas particulares, con varios niveles distintos según el caso.

Depende de la forma física de partida y de los objetivos de cada persona, coinciden ambos expertos. La respuesta varía de una clienta a otra, y ninguna modalidad gana siempre a la otra a partir de los 45. Pero sobre todo depende de una cosa, insisten: contar con alguien capacitado para diseñar el camino correcto, que sepa leer las limitaciones de cada persona y adaptar el método en consecuencia — algo que, aseguran, pesa mucho más que la etiqueta de clásico o reformer.

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