Aloña Fdez. Larrechi

En los alrededores del MetLife Stadium de Nueva Jersey, antes del España-Argentina. En el interior del recinto deportivo, mientras La Roja celebraba la victoria. En el icónico Times Square de Nueva York, en la voz de la afición española que todavía no se creía que su equipo había conseguido una segunda estrella. Aquí el timeline sonoro y retro que se puede construir a través de las redes sociales se toma un descanso, y se reactiva horas antes de las celebraciones con los jugadores en Madrid.

Fue entonces cuando los seguidores que abarrotaron las calles de la capital desempolvaron de nuevo un tema con más de 50 años de antigüedad, para entonarlo antes y después del éxtasis colectivo. Y eso que la propia Aitana estuvo sobre el escenario en Cibeles con su Superestrella. Pero la nostalgia es más poderosa que el hit del verano y, aunque no sepamos quién apeló a la memoria musical y lo convirtió en algo futbolero, lo tenemos claro: uno de los mejores momentos del último mes y medio deportivo es, sin duda, ver a aficionados cantando, con la pasión que se cantan las letras que emocionan, Un beso y una flor.

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Han pasado 54 años desde que la voz de Nino Bravo inmortalizase este tema y, sin embargo, han sido los más jóvenes los que han devuelto a nuestras vidas con la más emocionante de las excusas, la de apoyar y animar a la selección.

Nino Bravo, la estrella musical de comienzos de los 70

«Dejaré mi tierra por ti, dejaré mis campos y me iré, lejos de aquí». Reconozcamos que la letra de José Luis Armenteros y Pablo Herrero no se andaba con rodeos y ponía sobre la mesa el drama desde el principio. Era el año 1972, el mismo en el que se estrenó en nuestro país El Padrino, La Tribu de los Brady se emitía por televisión y Michael Spitz se alzaba con siete medallas en los Juegos Olímpicos de Munich.


Nino Bravo, estrella musical de los años 70 que cantó, entre otros temas, América, Libre o Un beso y una flor, himno de la afición española en el Mundial de fútbol.


GTres

A finales del mes de febrero había llegado a las tiendas de discos el tercer álbum del cantante valenciano Nino Bravo, que había debutado en la industria un par de años antes. Para los expertos, este era su trabajo más sentimental y, quizá por ello, fue un éxito instantáneo. La primera canción, Un beso y una flor, era la que daba nombre al disco, también la más larga, y ya entonces se convirtió en un tema que movía a las masas.

Nino Bravo fue quien le puso voz, pero los encargados de componerla fueron José Luis Armenteros y Pablo Herrero, dos de los responsables de muchos de los grandes éxitos musicales de aquella época de artistas tan dispares como Jarcha, Rocío Jurado, Fórmula V o El Puma. El videoclip, una de las pocas grabaciones en color que se conservan del cantante valenciano que falleció en un accidente de tráfico un año después, se grabó en las Islas Baleares y se puede ver en Youtube.

Una canción por lo que se tuvieron que marchar

El tema de Armenteros y Herrero describe la pena de un hombre que debe salir de su casa, tal vez del país, pero lo hace llevando siempre presente el recuerdo de la persona amada, siendo esta su mayor motivación para regresar. «Serás como una luz que alumbre mi camino, me voy pero te juro que mañana volveré». Se transforma así el adiós en un mensaje de esperanza, pero también hace de los recuerdos algo que perdura y no se borra, por mucha que sea la distancia física o temporal.


Aficionados españoles en Times Square celebrando la victoria de España en la final del Campeonato del Mundo de Fútbol.


Getty Images


Armenteros y Herrero nunca explicaron qué les llevó a escribir esta letra, aunque es cierto que en aquella época fueron muchos los españoles que tuvieron que abandonar su país para buscarse la vida en el norte de Europa. Y tal vez por eso, Un beso y una flor es la canción más famosa de Nino Bravo y artistas como el grupo Seguridad Social, la cantante mexicana Paulina Rubio o el argentino Fito Páez hicieron su propia versión, conscientes de su importancia generacional.

Quizá por eso también los aficionados del Valencia C. F. llevan más de una década entonando la inmortal canción de Nino Bravo durante los partidos que se celebran en Mestalla. Quizá fueron los seguidores del club ché quienes prendieron la mecha en Kansas, en Los Ángeles o en Guadalajara, sedes de los partidos de la selección española en el Mundial, y desde entonces, como sucede con las letras que llegan al corazón y emocionan especialmente cuando estás lejos de casa, se convirtió en ese tema que se entona muchos mejor en buena compañía y tras vivir un carrusel de emociones como el que hemos vivido con el equipo de De la Fuente.

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