Pocos ejercicios de pilates reformer despiertan tanta curiosidad como la navaja. Verla bien ejecutada impresiona, y esa imagen es la que empuja a muchos alumnos a intentarla antes de tiempo, buscando solo levantar las piernas lo más alto posible sin prestar atención a lo que ocurre en el resto del cuerpo mientras tanto. Según los expertos, ese es precisamente el error de partida, y uno de los más habituales en las salas de reformer.
«La navaja es un ejercicio muy completo porque requiere coordinación, control, movilidad y fuerza al mismo tiempo», explica Carolina López-Tejero, psicóloga, experta en yoga y pilates y fundadora del método Swan by Carolina @gogloow. «Sin embargo, desde mi punto de vista, lo más interesante no es el ejercicio en sí, sino la calidad con la que se ejecuta.» Una distinción que, según explica, cambia por completo la forma de enseñarlo y de practicarlo.
«Damos mucha importancia a cómo se mueve el cuerpo. Buscamos un movimiento elegante, estable y fluido, donde el abdomen profundo, la respiración y la columna trabajen en armonía, en lugar de utilizar únicamente fuerza.« Así resume López-Tejero el enfoque que aplica antes de trabajar la postura final del ejercicio.
Antes de plantearse una navaja completa, apunta López-Tejero, hace falta cierto recorrido previo que muchas veces se salta por impaciencia. «Es importante haber desarrollado una buena conexión con el core profundo, estabilidad escapular, movilidad de columna y control del movimiento«, detalla. Muchas personas, añade, »tienen fuerza suficiente, pero todavía no poseen el control necesario« — y ahí es donde suelen aparecer las prisas por saltarse pasos que, a la larga, terminan pasando factura al cuerpo.
Por qué subir las piernas alto no es lo importante
La ejecución correcta, según la instructora, tiene poco que ver con la altura que alcanzan las piernas, por muy vistoso que resulte desde fuera. «La clave no es subir las piernas lo más alto posible», advierte. «La clave es mantener la columna larga, activar el abdomen profundo, controlar cada fase del movimiento y respirar correctamente.« Cuando esa conexión existe, resume, »el cuerpo trabaja como una unidad«. Cuando falta, el resultado es bien distinto y suele notarse enseguida: »aparecen las compensaciones, especialmente en cuello, hombros y zona lumbar.«
López-Tejero insiste en la diferencia entre control y amplitud, y esa distinción define buena parte de su forma de enseñar, que prefiere construir el movimiento por fases antes de exigir el gesto completo a ningún alumno. «Prefiero construir el movimiento poco a poco«, cuenta. »Primero enseñamos estabilidad y control. Después incorporamos movilidad segmentaria de la columna. Más adelante trabajamos ejercicios que desarrollan fuerza profunda y coordinación.« Solo cuando todo eso está integrado, señala, se da el siguiente paso, sin atajos ni prisas por llegar antes que el cuerpo.
Un cuerpo inteligente antes que hacer un ejercicio
Es una idea que López-Tejero repite en sus clases y que atraviesa buena parte de su método: «Creo mucho más en construir un cuerpo inteligente que simplemente conseguir hacer un ejercicio.» Una distinción donde el objetivo no es marcar un hito visual de cara a las redes sociales sino que el cuerpo aprenda a moverse con eficiencia real y sin compensaciones que a la larga generen lesiones.
Carolina López-Tejero experta en yoga y pilates y fundadora del método Swan by Carolina.
D.R.
Preguntada por si la navaja es, entonces, uno de los ejercicios más completos que existen dentro del pilates reformer, López-Tejero matiza la idea sin dudarlo. «Es un ejercicio excelente, pero no diría que exista un único ejercicio perfecto», responde. «Lo que realmente transforma un cuerpo es un método bien diseñado.« Y ahí sitúa precisamente lo que distingue a Swan de otras propuestas: »Una metodología inspirada en el pilates y el yoga, pero con identidad propia, donde el movimiento fluye, el cuerpo trabaja como un todo y el objetivo no es solo desarrollar fuerza, sino mejorar la postura, el equilibrio, la salud mental y la forma en que vivimos dentro de nuestro cuerpo.«
«Cuando las personas entrenan así de forma constante, no solo se vuelven más fuertes; se mueven mejor, respiran mejor y recuperan una sensación de bienestar que va mucho más allá del ejercicio«, concluye López-Tejero. La navaja, en ese sentido, deja de ser el objetivo y pasa a ser un indicador más: cómo se ejecuta dice mucho del trabajo que hay detrás.







