Son el calzado de verano favorito de la familia real española, lo han llevado personajes referentes de estilo como Tamara Falcó y cada verano regresan como esa opción cómoda de zapato que encandila a niños y adultos y que no distingue entre géneros, a pesar de tener siempre la misma forma y estilo.
Hablamos de las menorquinas, también conocidas como avarcas, unas sandalias con muchísima historia que, podríamos decir, son el mejor ejemplo de cómo un objeto nacido por necesidad terminó convirtiéndose en uno de esos elementos de moda que hemos normalizado en nuestro día a día y que forman parte del armario de muchos, sin entender de modas, tendencias ni del paso de los años.
Pero, ¿de dónde viene este calzado que seguro has utilizado en alguna ocasión y que tantísimo gusta a la reina Letizia? Pues, como su propio nombre indica, nació en la isla de Menorca, en Baleares, y sus orígenes se remontan al siglo XIII. Aunque existen indicios de que ya había un calzado similar en épocas anteriores, sus inicios datan de dos siglos atrás, cuando era utilizado por campesinos y pastores.
En Menorca, la abarca se introdujo en el siglo XIII.
Ría Menorca
Necesitaban un calzado que fuera resistente para caminar por terrenos pedregosos, pero que también soportara las altas temperaturas del verano y también del frio. Y, por supuesto, teniendo en cuenta la clase social, que fuera fácil y económico de fabricar. Fue aquí donde nacieron las primeras avarcas, que estaban confeccionadas en cuero y que posteriormente fueron incorporando suelas hechas con neumáticos reciclados, un material que ofrecía gran durabilidad para el trabajo agrícola.
La palabra avarca hace referencia al nombre tradicional de este tipo de sandalia, que, a pesar de que se la conoce por su versión menorquina, ya existía en distintas zonas de la península ibérica. Pero fue en la isla balear donde fue adquiriendo identidad propia hasta convertirse en el modelo más conocido internacionalmente. Hoy, cuando alguien habla de unas menorquinas, normalmente se refiere al diseño clásico de Menorca: una pala de cuero que cubre el empeine, el talón sujeto por una tira y una suela plana.
La influencer Mery Turiel con unas menorquinas.
@meryturiel
Como suele ocurrir con este tipo de elementos tradicionales y con muchos años de historia, se trata de un elemento de la moda que estaba pensado para el trabajo en el campo y que ha evolucionado de tal manera que ahora es un complemento utilizado por cualquier persona. Y es que las menorquinas han sabido adaptarse a la moda sin perder su esencia y, al igual que ha ocurrido con, por ejemplo, los capazos, son ahora ese imprescindible del estilo durante la época estival.
En los años 50 comenzaron a ser utilizadas por la burguesía y la nobleza menorquina, que encargaban versiones más refinadas, con pieles de mayor calidad y mejores acabados. Gracias al auge del turismo que tuvo lugar en los años 60, las menorquinas empezaron a asociarse a un estilo de vida mediterráneo, ya que miles de visitantes utilizaban las avarcas como un recuerdo de sus viajes por las islas Baleares.
La reina Sofía y la reina Letizia con menorquinas.
gtres
Pero no fue hasta los años 90 cuando la inclusión de las menorquinas en la moda contemporánea fue realmente efectiva. Surgieron modelos con colores vivos, con acabados originales como metalizados o estampados de leopardo; se añadieron pieles grabadas e incluso aparecieron versiones con plataformas, cuñas, tacones y colaboraciones con diseñadores de moda que reinterpretaron este zapato de una manera diferente y sofisticada.
Y lo mejor de todo es que ha evolucionado sin apenas cambiar su diseño, lo que demuestra la atemporalidad de su forma. Y aunque puedes encontrar opciones en cualquier tienda de calzado, son muchos los que siguen buscando el distintivo Avarca de Menorca, que certifica que han sido fabricadas en la isla siguiendo los estándares de calidad.
Unas menorquinas de Ría Menorca (59,95 euros).
Es el caso de Ría Menorca, una firma que tiene su origen en un pequeño taller que se abrió en 1947. Con experiencia como zapatero desde pequeño, Bartolomé Truyol fue uno de los fundadores de un negocio siempre vinculado al sector del calzado. A día de hoy, se mantiene con una segunda generación con colecciones que mantienen la esencia de este calzado tradicional, pero que se adaptan a las nuevas tendencias de moda.







