Sandra Hernández

Cuando la rodilla empieza a dar señales de desgaste, el primer instinto suele ser moverse menos. Es el error más frecuente y también el más costoso. Nilou y Mehrazin, fundadoras de Repeat, el espacio de bienestar en Barcelona donde el Pilates se fusiona con el método Lagree, lo explican desde el principio: «El movimiento se vuelve aún más importante con la edad. La clave está en elegir el tipo de movimiento adecuado». El ejercicio, lejos de ser el enemigo de una rodilla comprometida, es la herramienta más eficaz para protegerla, siempre que se elija bien y se ejecute con control.

A partir de los 50, la articulación de la rodilla experimenta cambios que obligan a replantear cómo se entrena. El cartílago se vuelve menos resistente, la recuperación tarda más y los músculos que estabilizan la articulación pierden fuerza de forma progresiva. También cambia la propiocepción, la capacidad del cuerpo para percibir su posición en el espacio, fundamental para el equilibrio y la prevención de caídas. «El ejercicio debe adaptarse a la persona, y no al revés«, señalan las fundadoras de Repeat. Ese principio es el que guía su enfoque de entrenamiento inteligente y de bajo impacto.

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Lo que muchas personas no saben es que la rodilla no trabaja de forma aislada. «Su salud depende en gran medida de los glúteos, los cuádriceps, los isquiotibiales, los gemelos y los músculos profundos del core«, explican Nilou y Mehrazin. Unas caderas y un core fuertes contribuyen a una alineación correcta de todo el tren inferior, reduciendo el estrés innecesario sobre la articulación. Por eso el Pilates es especialmente eficaz: no trabaja solo la zona afectada, sino que enseña patrones de movimiento que protegen la rodilla en la vida cotidiana.

Para personas con rodillas sensibles, osteoartritis en fase inicial o antecedentes de lesiones meniscales o ligamentosas, los ejercicios más recomendados son los que fortalecen la musculatura de soporte sin cargar la articulación de forma directa. Los puentes de glúteos, el trabajo lateral de piernas en decúbito, el footwork controlado en el Reformer, los ejercicios de equilibrio de pie y los movimientos centrados en el core son, según su práctica diaria, las opciones más eficaces y seguras. Todos comparten una característica: trabajan en profundidad sin generar impacto articular.

Los movimientos que requieren más atención

No todos los ejercicios son iguales cuando la rodilla está comprometida. Las sentadillas profundas, las zancadas, las posiciones prolongadas de rodillas, los ejercicios de salto o los movimientos con flexión excesiva bajo carga son los que con más frecuencia requieren modificación. «En nuestra experiencia, las molestias no suelen provenir del ejercicio en sí, sino de una mala alineación, una fuerza insuficiente o una progresión demasiado rápida«, señalan Nilou y Mehrazin. Por eso en Repeat animan a los clientes a informar sobre cualquier lesión previa, cirugía o dolor persistente antes de comenzar.

El enfoque de Repeat no se centra en la zona dolorosa, sino en el cuerpo entero. «Siempre observamos el cuerpo en su totalidad», explican las fundadoras. «Cada cliente es diferente, por eso nuestros instructores se toman el tiempo necesario para comprender el historial de lesiones, las limitaciones de movimiento y los objetivos individuales antes de recomendar modificaciones o progresiones». Ese acompañamiento personalizado es lo que marca la diferencia entre un entrenamiento que alivia y uno que agrava.

Cómo el pilates puede ser una herramienta de rehabilitación


Repeat en Barcelona.


D.R.


La cofundadora Nilou vivió en primera persona el poder del Pilates como herramienta de rehabilitación. Tras someterse a una operación de rodilla, completó prácticamente todo su proceso de recuperación a través del Pilates y el método Lagree. «Gracias al movimiento controlado, el fortalecimiento progresivo y la atención cuidadosa a la alineación, pudo recuperar la fuerza y la confianza en la articulación sin recurrir al ejercicio de alto impacto«, explican desde el estudio. Una experiencia que redefinió su visión sobre lo que el movimiento inteligente puede conseguir.

Lo que más sorprende a quienes empiezan a practicar Pilates después de los 50 es la rapidez con la que el cuerpo responde. Con una práctica constante, las mejoras se hacen evidentes en la fuerza, el equilibrio, la movilidad, la postura y la coordinación. «Muchos clientes llegan con reticencias porque asocian el movimiento con el dolor o el miedo a agravar un problema existente», reconocen Nilou y Mehrazin. Ver cómo esa percepción cambia es, según ellas, una de las mayores satisfacciones de su trabajo.

Lo que hace especialmente valioso al Pilates para las rodillas es su capacidad de adaptación. No exige un punto de partida concreto ni un cuerpo sin historia. Tanto si alguien se recupera de una cirugía como si gestiona una osteoartritis incipiente o simplemente quiere mantenerse fuerte con los años, los ejercicios pueden modificarse y progresarse para encontrar a cada persona exactamente dónde está. El movimiento, cuando se hace con inteligencia, acompaña toda la vida.

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