
Suelto. Lautaro camina. Seguro, confiado: está entre las piernas de papá Leandro. El nene está feliz, su viejo también. Lo mira como quien se deshace en amor por alguien. Quedate con el que te mire como Paredes a su hijito, ahí en la alfombra del Hotel Origin de Kansas City. Feliz.
Modo Mundial en estado familiar: el receso para que los jugadores pudieran estar con los suyos luego del debut ante Arabia fue aprovechado por la mayoría de los integrantes de la Selección Argentina. El #5 no fue la excepción: Camila Galante captura la ternura en JPG y la comparte al mundo.
Paredes está suelto, también. Mucho mejor. Ya dejó atrás la distensión en el isquiotibial izquierdo que sufrió durante el partido entre Boca y Universidad Católica: el domingo previo al debut, Lea hizo fútbol después de varios días trabajando en igualdad de condiciones con el resto del plantel. Un aumento de cargas en los trabajos que significó a la vez un paso indispensable para evaluar respuestas físicas y futbolísticas antes de una eventual reaparición.
¿Si le tocará ante Austria? Asoma prematuro pronosticarlo. Será cuestión de una evaluación del cuerpo técnico. De un Lionel Scaloni que debe ser consciente de que aun el 3-0 quedan cosas por corregir. Y que en el centro del campo, en el primer tiempo no se dieron los niveles de confiabilidad esperados.
Aunque eso no apura a Lea, quien disfrutó de la nochecita calurosa de Kansas City para cenar con su familia antes de reincorporarse al grupo. Un Paredes que sonríe cuando ve a Lionel Messi entrar a la cancha del Compass Minerals Center. Que devuelve con el revés del botín la pelota cuando se la tiran en el ejercicio de precalentamiento. Después, de taco. Luego, con la cabeza. No le erra a una dirección. Siempre va al compañero. Está fino. Está listo. Preparado si es que el deté considera que es momento de mandarlo al campo: físicamente se siente en plenitud después de 21 días de puesta a punto.
La situación contrasta con la incertidumbre que rodeaba su presencia semanas atrás. Sin embargo, puertas adentro de la Selección jamás dejó de ser considerado una pieza central del proyecto. De hecho, Scaloni ya había marcado públicamente esa postura tras el amistoso ante Islandia, cuando despejó cualquier especulación respecto de su continuidad en la lista: “Se va a quedar con nosotros”.
Y acá está, Leandro. Aquella afirmación, certificada en el tiempo, tuvo su justificación conceptual: Paredes es una de las bases sobre las que se edificó el ciclo más exitoso de la era moderna del fútbol argentino. Su influencia táctica, su lectura del juego y su capacidad para administrar los tiempos del partido lo transformaron en una referencia; su temperamento y ambición de más, que caracteriza al grupo, es combustible tanto para retroalimentar a los más grandes como para al mismo tiempo educar a los más pichones.
Las estadísticas respaldan esa consideración. A lo largo de la era Scaloni solamente faltó a uno de cada cuatro encuentros. Disputó 72 de los 97 partidos dirigidos por el seleccionador nacional y ocupa un lugar de privilegio en el ranking de presencias: es el tercer futbolista con más participaciones del ciclo, únicamente superado por Rodrigo De Paul, con 86, y Lautaro Martínez, con 75, compartiendo escalón con Nicolás Otamendi.
Está suelto, Leandro. Con ganas de reaparecer. Con deseo de demostrar por qué está a la altura del desafío que se inició el martes con el triunfazo ante Argelia y que continuará el lunes, en Dallas, frente a los europeos del grupo. Con el empuje de la confianza interna.
De la mística que tiene su figura. Los caramelos con De Paul. La recuperación en el Hard Rock para generar la jugada del gol que valió una Copa América. La foto con Lionel. Todo junto en una persona que mientras enternece con sus posteos, se prepara para morder el cuchillo dentro del campo.





