Durante años, el tenis fue uno de los deportes más asociados a una estética minimalista a través de faldas blancas, polos impecables, viseras discretas y una elegancia casi silenciosa. Pero algo ha cambiado. La pista ya no es solo el lugar donde se gana o se pierde un partido; también se ha convertido en una pasarela con reglas propias, donde cada entrada, cada vestido y cada detalle cuentan una historia.
La última en recordarlo ha sido Naomi Osaka, que en Roland Garros 2026 ha vuelto a convertir su aparición sobre la pista en un momento de moda. La tenista japonesa ha llevado estilismos de inspiración couture, con piezas creadas junto al diseñador Kevin Germanier y un vestido dorado de lentejuelas de Nike que mezcla de deporte, espectáculo y alta costura.
El estilismo de Naomi Osaka en Roland Garros
Lo interesante del caso Naomi Osaka no es solo que haya llevado un vestido llamativo, sino cómo ha convertido su entrada a pista en una declaración de estilo. En Roland Garros, la tenista apostó por vestido dorado, con detalle de lentejuelas firmado por Nike.
El estilismo, además, estaba pensado casi como una pequeña actuación. Al principio, Osaka apareció con una falda de tul superpuesta que aportaba volumen, dramatismo y un aire más cercano a la pasarela que a la pista. Después se la quitó, dejando ver el look de competición: una forma muy visual de transformar la entrada en escena en un momento de moda, y de separar el instante del espectáculo del momento puramente deportivo.
Ese gesto hacía todavía más interesante el conjunto, porque mezclaba dos códigos aparentemente opuestos: por un lado, la funcionalidad que exige el tenis profesional; por otro, una lectura casi de alta costura pensada para generar imagen, impacto y conversación.
Sabalenka y los diamantes que también entraron en la pista
Naomi Osaka no es la única que ha entendido que el tenis actual también se mira desde la moda. Aryna Sabalenka, una de las grandes figuras del circuito, ha llevado esa idea a su terreno con un lenguaje distinto: menos teatral que el tul y las lentejuelas de Osaka, pero igual de contundente en términos de imagen.
Este torneo de Roland Garros, Sabalenka también ha sido noticia por jugar con joyas de Material Good inspiradas en la tierra batida parisina: collares con granates y diamantes y pendientes a juego que convertían el uniforme deportivo en algo mucho más sofisticado. Un gesto llamativo precisamente por el contraste: piezas asociadas a la alta joyería llevadas no en una alfombra roja, sino en plena competición.
Aryna Sabalenak con collar de diamantes en burdeos durante el Roland Garros.
Gtres
Además, la elección de los granates reforzaba el relato visual del look. Su color rojizo conectaba con la tierra batida de Roland Garros y con esa energía intensa que define el juego de Sabalenka.
Serena Williams abrió el camino a la transformación de la moda en el tenis
Antes de Osaka, Serena Williams ya había demostrado que un look de tenis podía convertirse en un manifiesto. En el US Open de 2018, la campeona apareció con un vestido negro de un solo hombro y falda de tul diseñado por Virgil Abloh para Nike, dentro de la colección Quee». El look, que muchos recuerdan como «el tutú de Serena», llegó poco después de la polémica por el catsuit negro que había llevado en Roland Garros ese mismo año.
Serena Williams con un mono ajustado de color negro firmado por Nike.
Gtres
Aquel mono ajustado no era solo una elección estética. Williams explicó que también tenía una función médica, ya que le ayudaba con la circulación tras haber sufrido problemas de coágulos después del nacimiento de su hija. Sin embargo, el diseño fue criticado por la Federación Francesa de Tenis, que posteriormente endureció sus normas de vestimenta. La WTA, en cambio, acabó permitiendo prendas como leggings y catsuits, lo que convirtió aquel episodio en algo mucho más grande que una simple polémica de moda.
La transformación de la moda en el tenis femenino
Aunque ahora se hable más de viralidad, redes sociales y colaboraciones con diseñadores, la relación entre tenis y moda viene de lejos. El diseñador Ted Tinling, por ejemplo, fue una figura clave en la transformación estética del tenis femenino durante los años 50, 60 y 70. Sus vestidos fueron llevados por algunas de las grandes campeonas de Wimbledon y ayudaron a introducir fantasía, color y personalidad en un deporte marcado por códigos muy estrictos.
También Venus Williams ha utilizado la pista como territorio creativo. En Roland Garros 2010 llevó un vestido negro de encaje con detalles rojos de su firma EleVen by Venus, una pieza que generó titulares por su efecto visual y por su mezcla de corsé, encaje y falda con vuelo.
Por qué la pista de tenis se ha convertido en una pasarela
Hay algo en el tenis que lo hace especialmente interesante para la moda. A diferencia de otros deportes de equipo, aquí la jugadora está sola, visible y expuesta durante horas. No hay uniforme colectivo que diluya su imagen. Cada gesto, cada accesorio y cada silueta se convierten en parte de su identidad pública.
Por eso no sorprende que firmas deportivas y diseñadores vean en las tenistas un escaparate perfecto. La ropa tiene que responder a exigencias técnicas —movilidad, transpirabilidad, comodidad—, pero también puede construir un relato. En el caso de Osaka, ese relato tiene mucho de fantasía, brillo y cultura pop. En el de Serena, de poder, reivindicación y presencia. En el de Venus, de experimentación y autoría.
El nuevo lujo deportivo no quiere pasar desapercibido
La estética tenniscore lleva varias temporadas instalada en la moda de calle: polos, faldas plisadas, calcetines altos, zapatillas retro y vestidos de inspiración deportiva. Pero lo que está ocurriendo ahora va más allá de una tendencia de armario. Las propias tenistas están recuperando el control del imaginario.
Naomi Osaka no se limita a llevar un vestido bonito. Construye una entrada. Serena Williams no llevó un tutú solo porque fuera favorecedor. Lo convirtió en un símbolo. Y Venus Williams no diseñaba sus looks únicamente para llamar la atención, sino para demostrar que el rendimiento deportivo podía convivir con una visión personal de la moda.







