Elena Romero Vargas

Ante los zapatos tabi solo caben dos posturas: o los amas, o los odias. Todas las que contamos con un par en nuestro armario lo tenemos más que comprobado. Es salir con ellos a la calle y recibir tanto miradas de aprobación como otras que dejan bien claro que no comparten el gusto por esta tendencia de calzado. Y tampoco podemos culpar a los detractores de los tabi: ¿cuántas de las que hoy los llevamos con orgullo hace unos años veíamos impensable lucir estos ugly shoes?

Sin embargo, lo que parece una excentricidad más del mundo de la moda es, en realidad, el resultado de siglos de historia y una herencia que pone de manifiesto cómo la impronta de otras culturas está más presente en nuestro día a día de lo que pensábamos. Y es que los zapatos tabi están a años luz de ser una invención reciente: sus orígenes se remontan al siglo XV y, aunque no lo creas, su curiosa forma ha sido durante años la mejor opción existente para muchos.

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La raíz de los tabi la encontramos en Japón, aunque en sus inicios no eran zapatos, sino calcetines (de hecho, tabi significa, literalmente, «bolsa para el pie»). Estos calcetines – que aún hoy siguen existiendo y son un souvenir habitual si visitas el país nipón – se caracterizan por contar con una separación entre el dedo pulgar del pie y el resto de dedos. Esta peculiar forma se debe a la intención con la que fueron concebidos, y es que los calcetines tabi estaban pensados para llevar con kimono y zori, las sandalias típicas japonesas y el origen de nuestras chanclas de goma.

Sin embargo, no todo el mundo podía darse el lujo de lucir unos tabi en el Japón del siglo XV, pues esta prenda estaba confeccionada en algodón, un material escaso en el país y que sólo las clases altas se podían costear. No fue hasta años más tarde cuando China empezó a importar algodón a Japón y se pudo aumentar la producción de estos calcetines para todo el mundo.

No obstante, los tabi siempre han estado sujetos a restricciones que afectaban según la clase social. Incluso cuando esta prenda ya estaba al alcance económico de cualquiera, era necesario cumplir una serie de requisitos para lucirlos según las normas establecidas. Así, mientras que la clase proletaria tenía reservado el color azul, a los artistas los lucían estampados, y a los samuráis y los nobles les estaba permitido llevar cualquier color, aunque se reservaba para las clases más altas el uso exclusivo del morado y el dorado.


Mujer con bailarinas tabi


Con el tiempo, se ha ido descubriendo también el sentido pragmático de los tabi, que solo se entiende si se mira desde la perspectiva cultural japonesa. Los nipones tienen la costumbre de descalzarse al entrar en cualquier casa y llevar tabis facilita el momento de quitarse los zapatos y poder caminar descalzos con tranquilidad. Además, la concepción de estos calcetines con esta forma guarda un profundo significado holístico, pues se pensaba que la separación del dedo gordo del resto del pie promueve el equilibrio y ayuda a tener la mente clara.

De calcetines tradicionales a la tendencia más controvertida en calzado

Entonces, si originalmente nacieron como calcetines, ¿en qué momento los tabi pasaron a ser zapatos? Para conocer de dónde viene la tendencia que arrasa entre influencers y amantes de la moda, debemos remontarnos al Japón del siglo XX. Con la llegada de materiales como el caucho, el mítico calcetín evolucionó a una prenda con suelas de goma más gruesas y aptas para salir con ella a la calle, y esta nueva creación recibió el nombre de jikatabi. El jikatabi era utilizado especialmente por trabajadores y atletas gracias a la estabilidad y control del equilibrio que la forma de este zapato ofrece y que facilitaba con creces sus tareas.

La llegada del jikatabi a Occidente ya no como complemento de trabajo, sino como accesorio tendencia, se la debemos a Martin Margiela. Tras un viaje a Japón, este diseñador encontró en los tabi y en su versión con suela de goma la inspiración para crear el que se convertiría en el calzado insignia de Maison Margiela. La presentación oficial la hizo en la Semana de la Moda de París en octubre de 1988, donde la presencia de este peculiar accesorio no pasó desapercibida.


Tabi: Collectors Exhibition, exposición de Maison Margiela en honor a los zapatos tabi celebrada el pasado mes de abril en The Third Avenue Art Museum, Chengdu (China)


@maisonmargiela


En aquel momento, los zapatos tabis fueron entendido como un objeto revolucionario que cuestionaba las normas establecidas en la industria de la moda. El carácter disruptivo de este diseñador casaba a la perfección con el mensaje que buscaba transmitir con ellos, denunciando la presión de los diseñadores por ceñirse a tendencias cambiantes y apostando por revisitar la tradición, tomando en este caso de la cultura japonesa uno de los elementos más llamativos para la mirada occidental.

Sin embargo, poco a poco los zapatos tabi de Margiela fueron ganando adeptos hasta convertirse en auténticos iconos de la firma y en una constante colección tras colección. Ya en 2014, con la llegada de John Galliano a la dirección creativa de Maison Margiela, la silueta de los tabis se llevó a todo tipo de zapatos, desde botas a bailarinas o zapatos de tacón, conquistaron a las estrellas de Hollywood y sentaron precedente hasta convertirse en lo que son hoy: una de las tendencias más aclamadas por los amantes de la moda que, sin embargo, sigue suscitando en muchos aquella reacción adversa, herencia a su vez del deseo de Martin Margiela por jugar con la tradición y crear con ella un relato fashionista disruptivo.

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