Es verdad que el madrileño Manzanares el Real tiene una identificación plena con su castillo, el nuevo, que en realidad no lo es tanto porque data del siglo XV, aunque sí lo es en contraposición con el viejo. Un castillo, propiedad de los Mendoza, que tiene mucho de palacio pues además de lo caballeresco medieval, de lo que da fe su barbacana con saeteras, presume del refinamiento contenido de sus salones, con tapices y mobiliario del siglo XVII y una galería gótica que es la envidia de todos los de su condición. Véase el de la elegante Eugenia de Montijo, en el cercano Belmonte (Cuenca). Es Real porque así lo quiso Alfonso X el Sabio.
Pero Manzanares el Real, al noroeste de la región, cuando está a punto de rozar Segovia, es mucho más que este insigne monumento, que está a punto de reabrir sus puertas por parte de la Casa Ducal del Infantado, herederos directos de Diego Hurtado de Mendoza, después de casi medio siglo gestionado por la Comunidad de Madrid como espacio museístico.
La historia nos lleva hasta 1385, año en que Pedro González de Mendoza recibe el castillo como pago por salvar la vida del rey Juan I de Castilla en la batalla de Aljubarrota (Portugal). Y, pegando un salto en el tiempo, hasta 1475, cuando su descendiente Diego Hurtado de Mendoza, I duque del Infantado, manda construir la nueva fortaleza, acabada por su hijo Íñigo López de Mendoza con la participación de Juan Guas, el arquitecto de los Reyes Católicos. Manzanares el Real es de corte aristocrático ya desde su nombre.
Solo el lugar en el que se encuentra merece por sí mismo la pena. Atravesado por el río Manzanares, que lo bautizó con su nombre, al poco de nacer en las cumbres de la Sierra de Guadarrama, en el Ventisquero de la Condesa, y almacenándose sus aguas en el embalse de Santillana, con lo que eso significa a nivel medioambiental. A solo 53 de kilómetros de la capital, un paraíso para las aves acuáticas y para nosotros, hombres sin alas. Otro honor es estar integrado en la Reserva de la Biosfera de la Cuenca Alta del Manzanares.
Manzanares el Real, un pueblo de altura
Este pueblo se encuentra, además, a los pies de ese otro castillo natural, y van tres, que es La Pedriza, que también es su seña de identidad. Además de un pasaporte hacia el cielo. O, geológicamente, un gran batolito granítico que tiene su atalaya en el Yelmo (1.717 m); sus Torres, de más de 2.000 metros de altitud; sus Cuatro Damas (1.564 m), entre sus formaciones más pintorescas y representativas, y si nos ponemos poéticos, su Pájaro, como posado en plena cresta a 1.549 metros.
La presa vieja, inaugurada por Alfonso XIII, se hizo a imagen y semejanza del castillo.
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Hay riscos, canchales y rocas de las más diversas formas que son pura tentación para los escaladores, igual que sus caminos lo son para lo senderistas, que acuden en tropel a la llamada de la naturaleza para batirse en duelo con las alturas. También esta fortaleza parece inexpugnable. Una manera de asomarse a sus abismos es llegar hasta el collado Quebrantaherraduras, situado en la carretera de La Pedriza, y desde ahí acceder al mirador, que queda a unos 100 metros.
El mejor balcón para ver La Pedriza
Desde este balcón al infinito se ve la loma de la Cuerda Larga, La Pedriza Posterior en forma de circo, La Pedriza Anterior coronada por el Yelmo y, tímidamente, la Garganta de La Camorza, por donde el Manzanares sale en busca del embalse. Su presa vieja, por cierto, recrea el estilo arquitectónico del castillo, al gusto de Joaquín de Arteaga y Echagüe, XVIII marqués de Santillana y XVII duque del Infantado, su promotor. La última piedra la puso el rey Alfonso XIII en 1907. Una estampa emblemática imborrable: una torre que parece flotar en la aguas, que han anegado el ingenio en su mayor parte. Imposible no acordarse de la torre de Belém, en Lisboa.
Se nota que este pueblo es la puerta de entrada al Parque Nacional Sierra de Guadarrama. Serranas son sus calles y serrana es su gastronomía, que se sirve en tradicionales asadores castellanos. A Manzanares el Real le sobre encanto. Se da la circunstancia además de que ha sido elevado al olimpo cinematográfico, al haber aparecido en películas de la talla de El Cid (1961), con Sophia Loren y Charlton Heston; La caída del Imperio Romano (1964), también de Anthony Mann y con la actriz italiana; o Alejandro Magno (1956), de Robert Rossen, con Richard Burton interpretando al macedonio. Así que mayor es su gloria.
La iglesia de Nuestra Señora de las Nieves es del siglo XV.
TURISMO MANZANARES EL REAL
Lo verás claro frente al castillo de los Mendoza, pero también cara a cara con la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves (s. XV), que se construyó a instancias del II duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza y Luna, con elementos románicos, góticos y renacentistas. Te gustará la ermita de nuestra Señora de la Peña Sacra, de finales del siglo XV, la época de esplendor de la villa, con unas vistas que son un regalo y que habrás de ganarte. En ella se festeja cada año a la que es su patrona. Además, está relacionada con cultos druidas, los ritos que sacerdotes celtas celebraban durante el primer milenio antes de Cristo en estos mágicos bosques.
Aquí nació la Comunidad de Madrid
Puestos a merodear por los alrededores, hay que localizar también el puente de la Cañada Real Segoviana, sobre el Manzanares, de origen medieval y con un solo arco, de medio punto. Dentro del pueblo, un paseíto por la plaza es obligado. Es una plaza porticada al estilo tradicional, en la que sobresalen las antiguas casas consistoriales (XVII), con arquería de piedra y galería de madera al estilo serrano, pero con elementos típicamente castellanos.
A todas estas bondades hay que añadir, como curiosidad, que Manzanares es la cuna de la Comunidad de Madrid porque fue en su castillo nuevo, el de los Mendoza, que es de película, donde se celebró en 1982 el acto de constitución de la Asamblea de Parlamentarios y donde se aprobó el Estatuto de Autonomía en 1983.






