Han pasado dos décadas desde que El diablo viste de Prada convirtió las revistas de moda, las redacciones caóticas y las flores en primavera en parte del imaginario colectivo. Ahora, con el estreno de su tan esperada secuela, el universo de Miranda Priestly vuelve a desplegar sus tacones sobre la alfombra roja con un reparto que mezcla nostalgia y caras nuevas: Anne Hathaway, Emily Blunt y Simone Ashley. Con ellas hemos hablado sobre lo que supone formar parte de este plantel icónico, el fenómeno cultural que marcó a toda una generación (e incluso a varias) y el empoderamiento femenino.
Nos citamos con las protagonistas en el Corinthia London, uno de esos hoteles de la capital británica donde todo parece oler a perfume caro y espresso recién hecho. Hathaway y Blunt aparecieron relajadas, divertidas y con esa química intacta que convirtió a Andy Sachs y Emily Charlton en personajes inolvidables. Simone Ashley, por su parte, irradiaba entusiasmo ante la oportunidad de entrar en una franquicia que define como «uno de los mejores momentos» de su carrera. Entre cumplidos, respuestas compartidas y carcajadas cómplices, las tres demostraron que el encanto de esta cinta sigue tan vivo como hace veinte años.
Y es que pocas películas han envejecido con la fuerza cultural de El diablo viste de Prada. Lo que comenzó como una sátira del mundo editorial terminó convirtiéndose en un fenómeno pop capaz de atravesar generaciones. Emily Blunt reconoce que no fue plenamente consciente de su trascendencia hasta el rodaje de esta segunda entrega: «No sé si me di cuenta del impacto real de la película hasta que empezamos a rodar la segunda y se desató esta tormenta de atención». Y añade: «Ahí pensé: ‘Oh, guau, esta película realmente se ha quedado grabada en la cultura».
El debut en el universo Runway
Las dos protagonistas recuerdan perfectamente el instante en el que descubrieron que formarían parte de aquella historia por primera vez, allá por 2005. Hathaway estaba con unos amigos en su apartamento, cambiándose de camiseta, cuando recibió la llamada y se puso a gritar: «¡He conseguido (el papel en) El diablo viste de Prada!». Blunt, en cambio, se encontraba en el jardín de la casa de sus padres. «Mi madre me dijo: ‘Vas a trabajar con Meryl Streep. ¡J*der!’», nos cuenta entre carcajadas. Dos décadas después, Simone Ashley se suma a este elenco icónico y vive unas sensaciones parecidas: «Estoy súper emocionada y es un honor enorme estar trabajando con este reparto y equipo increíbles».
Simone Ashley en la premiere europea de El diablo viste de Prada 2 en Londres.
Disney
El rodaje de esta secuela parece haber sido tan vertiginoso como lleno de buenos momentos. Quién no recuerda las imágenes que se hicieron virales de los fans agolpándose en las calles de Nueva York, mientras Meryl Streep volvía a meterse en la piel de Miranda Priestly. Simone Ashley recuerda cada jornada como «una aventura»: desde filmar en Milán hasta recorrer Manhattan o rodar en las oficinas de Runway. «Cada día se sentía como un recuerdo icónico», confiesa la actriz.
Pero entre glamour, firmas de lujo y diálogos afilados, la conversación también deriva hacia algo mucho más universal: el síndrome del impostor. Las tres coinciden en que la autoconfianza sigue siendo una batalla constante para muchas mujeres. «La vida es corta», repiten Hathaway y Blunt casi al unísono antes de animar a disfrutarla sin pedir permiso. Y la inolvidable Andy Sachs añade: «Disfruta tu vida. Nadie más puede disfrutarla por ti. Nadie más puede vivirla por ti. Averigua qué te hace sentir bien y hazlo cada día». Por su parte, Ashley cree que ha llegado hasta donde está, precisamente, porque aprendió a confiar en sí misma. Y espera que otras mujeres «puedan tomar eso como inspiración».
Sobrevivir a una jefa complicada
Hablar de El diablo viste de Prada implica mencionar inevitablemente a Miranda Priestly, ese personaje capaz de destruir tu autoestima con solo arquear una ceja. ¿La clave para sobrevivir a una jefa como ella? Blunt no duda: «Corre. Corre rápido». Hathaway, más práctica, apuesta por la cafeína y por no tomarse nada de manera personal. «Miranda no pierde tiempo con formalidades. Solo tienes que seguirle el ritmo. No te lo tomes como algo personal. Simplemente, haz tu trabajo», explica. Ashley añade otra herramienta imprescindible: «Desarrollar una piel gruesa y aprender a adaptarse rápido al entorno».
Meryl Streep y Anne Hathaway en una imagen de El diablo viste de Prada 2, que llega a los cines hoy.
20th Century Studios
Lo más interesante es que ninguna habla de la película únicamente desde la nostalgia. Para ellas, El diablo viste de Prada sigue siendo una historia vigente porque habla de ambición, inseguridades, éxito y supervivencia profesional, temas que continúan resonando especialmente entre las mujeres. Quizá por eso esta secuela genera tanta expectación: no se trata solo de reencontrarse con personajes icónicos, sino también con una historia que acompañó a toda una generación mientras intentaba descubrir quién quería ser.
Dos décadas después, El diablo viste de Prada sigue funcionando como ese refugio cinematográfico al que siempre apetece volver: inteligente, divertido y ferozmente entretenido. Ahora, con una nueva generación entrando en escena y las protagonistas originales retomando sus personajes más queridos, la secuela demuestra que algunas historias nunca pasan de moda. Y si algo quedó claro en Londres es que Hathaway, Blunt y Ashley entienden perfectamente por qué el público sigue obsesionado con este universo. Al fin y al cabo, no todo el mundo puede presumir de haber convertido el azul cerúleo en un símbolo cultural.





