Durante años, el desayuno ha cargado con el peso de ser la comida más importante del día, un eslogan que las empresas de cereales contribuyeron a instalar en el imaginario colectivo con bastante eficacia. La realidad, según los expertos en longevidad y nutrición, es algo más matizada. No se trata solo de qué comes por la mañana, sino de cuándo lo haces.
El neuroinmunólogo y divulgador Xevi Verdaguer es una de las voces que se ha posicionado en contra de desayunar nada más levantarse de la cama, tal y como explicó durante su aparición en el B3tter podcast: «Levantarse y desayunar al momento está mal, y no es buena idea».
Según explicó, existe un proceso fisiológico concreto que justifica esperar: «Hay que levantarse y esperar a que el hipotálamo envíe la señal a los genes clock, que activan la digestión 1 hora y 23 minutos después». De ahí que, según Verdaguer, la falta de apetito al despertar no sea una señal de que algo falla, sino todo lo contrario: «Si te levantas a las 8, ya verás que no tienes hambre hasta las 9:20 o 9:30».
@b3tterpodcast Si no haces esta rutina por la mañana estas cometiendo un grave error🤯
Retrasar el desayuno da al intestino más descanso
No es el único que lo ve así. Rupy Aujla, médico especializado en nutrición y autor de The Doctor’s Kitchen, explica en la edición británica de la revista GQ que retrasar el desayuno «da a tu intestino un poco más de descanso» y amplía la ventana de ayuno nocturno. Lo que defiende es la alimentación restringida en el tiempo, conocida como TRE por sus siglas en inglés: mantener al menos 12 horas entre la última comida del día y la primera del siguiente.
Bajo ese esquema, el cuerpo quema grasa en lugar de carbohidratos, lo que se asocia a una mejor salud metabólica. Aujla, por su parte, no come antes de las nueve o las diez de la mañana, y al levantarse prioriza la hidratación, añadiendo un poco de sal al agua porque, según explica, el riñón «ha estado haciendo horas extras» durante la noche.
Adam Collins, profesor asociado de nutrición de la Universidad de Surrey, añade otro matiz que nos puede aclarar el motivo por el que muchas personas no sentimos hambre cuando nos despertamos. Según explica en esta revista, el cuerpo «ya ha empezado a exportar glucosa a la sangre preparándose para que te despiertes. De esta manera, ya tienes algo de energía en el organismo».
Xevi Verdaguer también ofrece indicaciones sobre qué hacer durante ese tiempo de espera antes del desayuno. Recomienda «andar descalzo para que la planta del pie toque frío» y lavarse las manos y la cara con agua fría. Incluso menciona un detalle que sorprende por lo específico: «Se ha estudiado que si te lavas los dientes con una pasta dental con menta y eucalipto, que estimula los receptores del frío, es sincronizador para que el resto del día tenga energía».
Hay estudios que apuntan a lo contrario
Ahora bien, el debate no está del todo cerrado. Hay estudios que apuntan en sentido contrario. Una investigación con más de 100.000 participantes adultos, encontró que quienes tomaban su primera comida antes de las 8:00 de la mañana tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar diabetes tipo 2 que quienes desayunaban después de las 9:00.
Y en un estudio publicado en Nature se sugiere que desayunar temprano y cenar antes de las ocho de la tarde se asocia a una mejor salud cardiovascular. La ciencia, en este caso, no habla con una sola voz.
Que hay que desayunar
Lo que sí parece haber más consenso es en lo que se debe comer, apostando por desayunos saludables. Aujla advierte del problema de los desayunos tradicionales ricos en carbohidratos: «Te provocan un agradable pico de glucosa que alimenta tus células, y después sufres el correspondiente bajón. A media mañana vuelves a tener hambre y necesitas café y otros estimulantes para mantenerte concentrado y en marcha hasta la hora de comer». Su apuesta es por proteínas y fibra, que «desde el punto de vista de la longevidad» son los nutrientes que más se descuidan por la mañana.
En la práctica, su desayuno entre semana es una mezcla de avena con semillas de linaza, chía y cáñamo, manzana rallada, semillas de calabaza y proteína en polvo. Cuando tiene más tiempo, opta por huevos revueltos, tofu o shakshuka con lentejas y aguacate. Y tiene una reflexión que da que pensar: «La mayor parte de nuestra comida de desayuno es contraria a lo que habríamos consumido como cazadores-recolectores: comeríamos alimentos salados todo el tiempo».
Manuel Viso, médico especialista en hematología y jefe de este servicio en el Hospital San Rafael de A Coruña, también ha hablado en varias ocasiones de lo que lo perjudiciales que son ciertos desayunos. Según este experto, «si desayunas un café solo con galletas o bollería, tu energía se va a la basura antes de las 11:00 horas». Para Viso, lo que «muchas veces parece un desayuno inofensivo es, en realidad, una bomba de azúcar con escasa capacidad para mantener la saciedad».
Y para quienes directamente no desayunan, Collins no lanza ninguna alarma. Existe relación entre saltarse el desayuno y la obesidad, reconoce, aunque matiza que lo más probable es que sea porque las personas con sobrepeso intentan comer menos suprimiendo una comida, no al revés. Su consejo es no compensar esa ausencia comiendo en exceso a última hora del día.
Fotografías | Xevi Verdaguer, Freepik, Freepik
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