Ya vimos en su vecina Frías lo que es una escapada con encanto, con casas colgadas, un puente fortificado y un castillo precioso. Y ahora en Oña volvemos a sentirnos unos privilegiados por estar rodeados de tanta monumentalidad y semejante naturaleza. Salta a la vista que se trata de una villa principal. Digámoslo ya: jugó un papel fundamental en la formación de Castilla. De hecho, junto con Poza de la Sal, el pueblo de Félix Rodríguez de la Fuente, y el ya mencionado Frías forman la mancomunidad Raíces de Castilla. El mismo Azorín definió la comarca en la que se asienta, la Bureba, como «el corazón de la tierra de Burgos».
Antes de entrar al casco antiguo y maravillarse ante el monasterio de San Salvador, hay que atender a la geografía. Este pueblo se halla entre la Meseta y la Cordillera Cantábrica, asentado junto al desfiladero labrado por el río Oca, que corre a encontrarse con el Ebro. Al resguardo también de la sierra de Oña, en el marco del Parque Natural de Montes Obarenes-San Zadornil. Una muralla natural sobre las llanuras de la burgalesa Bureba entre hayas, encinas, robles, pinos y enebros.
Fue Fernán González, el primer conde independiente de Castilla, el de los cantares de gesta, quien en el año 950 le concedió su primeros privilegios. Y su nieto, el conde Sancho García, el de los Buenos Fueros, quien la elevó a condado y fundó el mencionado monasterio en 1011, con una comunidad mixta de monjas y monjes, a la cabeza del cual puso a su hija, la infanta Tigridia. No duró mucho, porque en 1033 el rey Sancho el Mayor de Pamplona expulsó a las religiosas con falsos pretextos e introdujo la regla de San Benito, poniendo al frente a un abad.
El poder del monasterio de Oña
Tanta importancia tuvo este centro religioso que sus abades ostentaron el título de señores de Oña, convirtiéndose en una de las instituciones más influyentes del reino de Castilla. En los siglos XII y XIII llegó a enfrentarse al Obispado de Burgos por temas económicos, viéndose obligado a cederle una parte de sus jugosas rentas. Y a finales del siglo XV lo visitaron los Reyes Católicos, cuando acompañaban a su hija Juana de camino a Flandes, hogar de su futuro marido, Felipe el Hermoso.
El monasterio de San Salvador es el verdadero centro de Oña.
TURISMO CASTILLA Y LEÓN
Entonces, el monasterio benedictino pasó a depender directamente de San Benito de Valladolid y perdió autonomía. Desde tiempos inmemoriales, rendía únicamente cuentas a Roma. En el XVI, como curiosidad, lo habitó Fray Pedro Ponce de León, el inventor del lenguaje para sordos. En los siglos XVII y XVIII, el edificio experimentó notables reformas. Y el XIX, como es sabido, trajo consigo la invasión napoleónica y la desamortización de Mendizábal.
Qué puedes visitar en Oña
Actualmente se puede visitar la iglesia abacial con los panteones real y condal, el museo de la sacristía, la sala capitular románica y el claustro gótico flamígero. Atención a los sepulcros de la capilla mayor, un Cristo del XII, un cuadro de Santa María Egipciaca del XIV, su museo de tejidos y tapices con piezas que datan de los siglos X-XI y las tablas góticas e hispano flamencas. En la vaquería del monasterio, por cierto, está la Casa del Parque Natural, punto de partida para conocer los jardines y la piscifactoría monacal, y para hacer la senda circular que discurre por la huerta de los monjes (2,5 km).
La calle Barruso de Oña fue en tiempos la judería.
TURISMO CASTILLA Y LEÓN.
El monasterio, pese a ser su joya más preciada y testigo de su esplendor, no lo es todo en Oña, que también presume de los restos de sus murallas; de la iglesia de San Juan, de origen románico y con portada gótica; y, a su lado, de la elegante torre de San Juan (XIV), que alberga el Museo de la Resina, para saber más del desaparecido oficio de resinero. Y, como toda buena torre, cuenta con un mirador con excelsas vistas.
Casas blasonadas y la judería
Por lo demás, el encanto de este sobresaliente municipio burgalés se respira perdiéndose por sus callejas medievales. En particular, por las calles del Pan y del Agua, con admirables casas blasonadas, y por la Barruso, donde se hallaba la aljama judía y se halla el Centro de Interpretación del Medievo, con maquetas, paneles y audiovisuales. Cabe recordar que la bonanza económica de la que disfrutaba Oña, con exenciones y fueros, sobre todo por parte de Alfonso VIII, atrajo pronto a una numerosa comunidad judía.
El claustro del monasterio de San Salvador de Oña.
TURISMO BURGOS
Este pasado medieval de relumbrón se recrea todos los años durante el mes de agosto en un espectáculo teatral de nombre El Cronicón. Las históricas calles e incluso el interior de la iglesia abacial se transforman en escenario para narrar el nacimiento de Castilla. «Oña es la flor de estos valles…», y se abre la función.
En otro orden de cosas, esta noble villa es buen sitio para entregarse al senderismo. Un clásico es la senda de la Mesa de Oña, que sube en paralelo al muro de la huerta del monasterio hasta llegar a un cruce, el de regreso, en el que hay que tomar el ramal derecho, abrir una cancela y ascender en zigzag por un pinar hasta el Corral del Prado. Allí se gira a la izquierda rumbo al Chozo de las Merinas. El siguiente hito es el Portillo del Mercado, un estupendo balcón, antes de internarse en un hayedo, que siempre es un placer, y desembocar en la localidad de Penches. Una vez allí, se toma la pista de regreso.






