Aunque Ledesma sea un pueblo pequeño, todo en él es a lo grande. Para eso es la capital de la comarca Tierra de Ledesma, acariciando esa maravilla de la naturaleza que es el Parque Natural de Arribes de Duero, cerca de Fermoselle, pueblo medieval de Zamora, ya casi Portugal. Este villa salmantina tiene tantas iglesias que no se pueden contar, bucólicos puentes y calles empedradas con un sinnúmero de casas señoriales e iglesias. Y para embellecer aún más lo ya bello, un castillo adosado a la muralla. Los embutidos y las rosquillas artesanales juegan en otra división, pero igualmente tienen todas las de ganar.
El paseo intra o extramuros en Ledesma es más que obligado. Para empezar, por la muralla, levantada sobre otra anterior en tiempos de Fernando II de León (siglo XII), al igual que el imponente castillo, ambos renovados en el siglo XV por obra y gracia de Beltrán de la Cueva, primer conde de Ledesma. De las ocho puertas que abrían el recinto amurallado, solo se conserva una, la de San Nicolás. De la fortaleza original, que debió de ser espléndida, queda la puerta con arco apuntado flanqueada por dos torreones y la plaza de la Fortaleza, escenario de mercado y celebraciones.
Ledesma es la viva imagen de una villa histórica. Por todas partes hay casonas y palacios de los hidalgos y la naciente burguesía ledesmina, del siglo XV en adelante. El palacio de Beltrán de la Cueva era la casona de la que gozaron el conde y los suyos en la plaza Mayor para ver los autos sacramentales, actos religiosos y corridas de toros. Está junto al arco de los Roderos, que comunica con la Alhóndiga, un edificio fundado en 1580 para auxiliar a los pobres.
Qué ver en Ledesma
Otras casas señoriales son la de las Almenas, la de los López Chaves, el palacio de Rodríguez de Ledesma y un largo etcétera, más o menos solemne, con aspecto de fortificación o no, pero siempre haciendo las delicias del visitante. Sin duda, este es uno de los pueblos más bonitos de España, como le pasa a Ciudad Rodrigo, con una catedral magnífica, o a Candelario, de cuento y entre montañas. Mires por donde mires, todo tiene un componente histórico que añade emoción.
Las calles de esta villa salmantina están llenas de encanto.
TURISMO LEDESMA
La Casa Consistorial, de finales del siglo XV, fue en su día la Casa del Corregidor, Sala de Audiencias y Prisión Real. Cuenta con un hermoso patio aderezado por diez estilizadas columnas góticas, donde está la Oficina de Turismo, y luce una balconada de forja compuesta por cuatro arcos de medio punto sobre columnas dóricas del XVI, alumbrados además por vidrieras del XIX.
Las iglesias son también palabras mayores, y eso que no han sobrevivido todas las que fueron. La de Santa María la Mayor es una de las joyas del gótico hispano-flamenco de la provincia, por la bóveda de crucería «espina de pez» y el arco escarzano del coro posterior. Está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), es grandiosa y eleva a Ledesma a los cielos artísticos.
Así es el patio de la Casa Consistorial, una virguería arquitectónica.
TURISMO LEDESMA
Del pasado románico de Santa María queda parte del hastial, la puerta de poniente, el primer cuerpo de la torre y la bóveda de cañón. El resto de su estructura, al igual que el castillo y la muralla, es de finales del siglo XV, según los cánones del gótico, aunque también presenta elementos neoclásicos y algún guiño barroco. Para hacerse una idea de su importancia, aquí está enterrado don Sancho, nieto de Alfonso X el Sabio.
Iglesias y puentes
También presume de ser BIC la iglesia de Santa Elena, extramuros, claramente románica, con una sola nave y capilla mayor abovedada con ábside semicircular en la capilla mayor. Alberga una talle de San Bartolomé del siglo XVI de la escuela de Berruguete y un alabado retablo del XVIII. No hay que perderse los canecillos exteriores, decorados con motivos florales, antropomórficos y mitológicos. Nos transportan de golpe a finales del siglo XII.
La iglesia de San Miguel es hoy el Centro de Interpretación Histórica.
TURISMO LEDESMA
Volvemos intramuros para dar con la iglesia de San Miguel, desacralizada en 2008 y actual sede del Centro de Interpretación Histórica de Ledesma, Bletisa. Fue románica, pero con el tiempo se se volvió gótica, renacentista, etcétera, y presume de frescos góticos y retablo de madera de pino del XVIII. Dejamos las iglesias a un lado para irnos a cruzar puentes.
El puente Mocho, sobre la rivera de Cañedo y luciendo cinco arcos de medio punto, es monumento histórico-artístico junto a los restos de la calzada romana que unía Ledesma con Zamora, un ramal de la Vía de la Plata. Él mismo está considerado de origen romano, aunque de entonces solo sean los cimientos. Por su parte, el puente Viejo, sobre el Tormes, se construyó en tiempos de Beltrán de la Cueva, como prueban los dos arcos ojivales del centro.
La villa de Ledesma está a orilla del Tormes, atravesado por hermosos puentes.
TURISMO LEDESMA
El conde de Ledesma cobró el derecho de pontazgo hasta 1909, fecha en la que el puente pasó a ser de titularidad pública. A la entrada se ubica la ermita de Nuestra Señora del Carmen, patrona de la villa. Junto a este puente debió de haber cuatro verracos de origen vetón, que nos remiten a un castro prehistórico, pero fueron arrojados al río en el siglo XIX en un arrebato liberal por las medidas tomadas por Carlos V tras la guerra de las Comunidades de Castilla, el levantamiento de los comuneros. El verraco que vemos en los jardines de la Fortaleza, hallado durante la construcción de las escuelas en 1957, está datado entre el siglo VII y el I a.C., y le falta la cabeza.
Dehesas y cañones del Duero
Si hay un puente Viejo, no puede faltar el Nuevo, construido al lado en plena expansión urbanística, lo que conllevó el derribo de parte de las murallas. Se inauguró en 1954. Y aún hay otro, el de Peñaserracín, de dos arcos, probablemente romano y sobre la rivera de Fuentes Luengas. Se accede a él por la vereda que unía la villa con Campo de Ledesma. En estos alrededores, todo es dehesa charra mientras el paisaje se prepara para adentrarse en los Arribes del Duero, esos cañones profundos y majestuosos que le dejan a uno también de piedra.





