Galicia tiene rincones tan evocadores que dan ganas de echarse a la mar o de ponerse a leer a Rosalía de Castro mientras se multiplican las camelias. En el pontevedrés Combarro, en plenas Rías Baixas, asoma la magia, entre hórreos, brujas y cruceiros. Y en Camariñas (A Coruña), a la estampa marinera se suma su famoso encaje de bolillos y su relación con Marta Ortega. Desde este último pueblo estamos más cerca de nuestro destino, aunque aún habremos de dejar la Costa da Morte y continuar por el litoral hasta dar con las Rías Altas. Aquí es donde se guarece Redes, un pueblo minúsculo perteneciente a la parroquia coruñesa de Camouco, en el municipio de Ares.
Redes es la versión atlántica de Calella de Palafrugell, nuestro Mediterráneo que más suena a habanera (y a Sílvia Pérez Cruz). Asomado a la ría de Ares, anticipando la de Ferrol, muestra sin disimulo sus pintorescas casas de indianos, construidas por los emigrantes que hicieron las Américas a finales del siglo XIX y principios del XX. La mayoría remodelaron las casas familiares, sublimándolas con bella decoración y trazas modernistas, como una pequeña Cuba, sin alterar en ningún caso el trazado natural de la aldea.
El resultado, que por fortuna nos ha llegado tal cual, es un pueblo de pescadores fuera de lo común, al amenizarlo estas viviendas que no escatiman en detalles arquitectónicos ni en colorido. Lo de Cuba no es un decir. Fue el destino de buena parte de los aresanos que emigraron y que volvieron con aires renovados y bolsillos llenos. Este espíritu nuevo se ve en la Casa de Concha Amado o en la de Paco Bello, uno de tantos adolescentes que marchó a La Habana.
Por qué te va a encantar Redes
Paco Bello, en particular, se convirtió en capitán y armador, y cumplió al pie de la letra el ritual de los emigrantes: encontrar trabajo, enviar dinero a la familia y regresar. Su viaje allende los mares se reflejó artísticamente en sus balcones de influencia barroca, en los remates decorativos de motivos florales o geométricos, en una galería modernista, en la escalera interior con barandilla de hierro forjado o en la puerta de entrada que combina con eficacia madera y cristal.
Así de pintorescas son las calles de Redes, en A Coruña.
TURISMO FERROLTERRA
No hay ostentación alguna, sino más bien una exquisita recreación estética. La Casa de Pepe Freire es, sin embargo, de otra naturaleza puesto que data del siglo XVIII y no cayó rendida a los encantos del modernismo. La figura de su propietario es crucial para la historia de la villa como precursor de los movimientos migratorios, mientras que su casa sirve de testimonio de aquellos provechosos flujos. Pepe Freire recibió la orden de Carlos III de llevar en su barco a numerosas familias gallegas y asturianas para repoblar la Costa de Mosquitos, actual Nicaragua.
Redes y la Julieta de Almodóvar
Otro símbolo del Redes que cruzó el charco es A Tenencia, la escuela que se abrió en 1915 con el noble propósito de educar a las nuevas generaciones y hacerlo según las últimas tendencias educativas. Tenía dos aulas, separadas por un corredor central, con amplios ventanales y rodeadas de jardín para fomentar el deporte y el ocio. Surgió de una Agrupación Instructiva constituida en La Habana en 1911 por un grupo de emigrantes de San Vicente de Caamouco, el nombre oficial.
La belleza escénica de Redes, comúnmente elogiada por los viajeros que se aventuran por el «finis terrae» y más allá, tampoco ha pasado desapercibida para la industria audiovisual española. En esta aldea gallega encontró Pedro Almodóvar el marco que necesitaba para su Julieta (2016): sobrado de encanto y de tranquilidad. En la ficción, es el pueblo de Xoan (Daniel Grao), el pescador del que se enamora la protagonista (Adriana Ugarte), en las raíces de la historia.
Redes es un pueblo marinero diminuto con un grandísimo encanto.
TURISMO FERROLTERRA
Desde las ventanas de la casa de Julieta, por supuesto, se ve el mar y a los barcos pasar. Todo tiene un aire marinero y casi veneciano, salvando las distancias, por estar las viviendas a la orilla. Para el rodaje almodovariano se alquilaron tres viviendas y hubo un despliegue de siete camiones y un nutrido equipo, con el consiguiente revuelo. Antes, ya se había rodado aquí la serie Padre Casares, que se emitió en la televisión gallega entre 2008 y 2015 con gran éxito. Entonces se convirtió en el concello de San Antonio de Louredo, y su famosa Casa Azul, que salta a la vista, en el ayuntamiento.
Las redes de pesca en Redes
Algo que llama la atención al instante en la playa de Area Morta son las cabrias, construcciones hechas con cinco largas varas de madera, tres verticales y dos horizontales. En ellas colgaban los marineros las largas redes de pesca de la sardina para que se secasen, por lo que ya sabemos de dónde le viene el nombre al pueblo. Son testigos silenciosos de un mar sorprendentemente en calma, cuando no muy lejos exhibe sin contemplaciones su fiereza.
Estas son las estructuras de madera tradicionales para colgar las redes de pesca.
TURISMO FERROLTERRA
Este lugar es coqueto hasta decir basta y muy auténtico. No hay nada que altere su armonía. Apenas son seis calles -o rúas, mejor dicho- con nombres poco pomposos, Arriba, Abaixo, Medio, Nova y Ribeira, salvo la que rinde honores al primer alcalde de Camouco, Gaspar Rodríguez, que es avenida. La plaza, que tan conocida se hizo a raíz de Padre Casares, se llama del Pedregal y se antoja el lugar perfecto para tomarse algo mientras el reloj languidece. Por lo demás, hay escaleras que entran en las aguas; no barcas sino barquichuelas; algún que otro hórreo, que no podía faltar; un viejo lavadero y un carballo centenario.
Una ruta de senderismo por la ría
Merece la pena merodear por los alrededores. Por ejemplo, por la Punta de Modias o Punta do Castelo, donde aún se ve una de las fortalezas que se erigieron dentro del plan de defensa de la ría en el siglo XVIII. La de Redes, en concreto, llegó a contar con cuatro cañones. Y, por supuesto, aventurarse por la ruta de senderismo que va hasta Ares. Son unos ocho kilómetros (solo ida) y es la mejor manera, no habiendo barco por medio, de disfrutar del entorno de la ría.
En este concello hubo una comunidad de judíos en la Baja Edad Media. Llegaron huyendo de la persecución en tiempos de los Reyes Católicos y se asentaron en el barrio de O Porto, dedicados al comercio de la sal. Nos salen al paso también casas de indianos, como la Casa de Antonio Vilar o la Casa Santa Amalia o de la Cubana, en el camino a Redes, una de las más glamurosas de la época, escenario de actos sociales. En Ares hasta tienen una fiesta en recuerdo de los emigrantes, que a su vuelta se convirtieron en importantes mecenas, contribuyendo enormemente al progreso. Se llama el Ares Indiano y este año tendrá lugar del 21 al 23 de agosto. Por si se nos echa encima el verano.





