Ana Calvo


Ana Calvo


Reconozco que me he pasado una semana mirando la predicción del tiempo cada diez minutos. El desfile inaugural de OMODA Madrid es Moda se celebraba al aire libre, en la histórica Plaza de España de la capital, y aunque había plan B, la luz de la ciudad era la estrella invitada en este pistoletazo de salida de la Semana de la Moda. Gracias al cielo, la mañana de aquel 12 de marzo amaneció cálida y soleada, adelantando una primavera que aún no era oficial.

En una Semana de la Moda las jornadas son maratonianas y todo sucede a la velocidad del rayo. Maquillaje y peluquería, fittings, cámaras por todos sitios, un desfile tras otro, traslados por un Madrid de tráfico imposible. Si las periodistas lo vivimos de manera enloquecida, las modelos son las auténticas ganadoras de esta carrera de fondo que dura varios días. Así que en esta edición de OMODA Madrid es Moda me he propuesto un reto: seguir a una de ellas y que me cuente sus secretos para aguantar ese ritmo frenético. A ver si soy capaz.

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En la primera jornada de OMODA Madrid es Moda, además del imponente desfile inaugural en Plaza España, nos esperan otras dos citas más. Es un día relajado. El viernes 13 la cosa se acelera: desfiles, presentaciones estáticas, shootings y performances se agolpan en el calendario oficial. A las 9:30 de la mañana, Marina, nuestra protagonista, ya está lista para el ensayo general. Vaqueros anchos, camiseta blanca básica, los tacones con los que va a desfilar, pinzas en el pelo, clean look y una botella de agua de Solán de Cabras en la mano. «Hoy será un día largo», me dice con una sonrisa breve, como si ya estuviera mentalmente en la pasarela.


Leticia Díaz de la Morena


Desde el primer desfile al que asistí hace ya muchos años, siempre me ha fascinado el caos organizado que se vive en el backstage. Es una coreografía bien orquestada en la que estilistas, maquilladores, peluqueros y modelos conviven en un espacio mínimo Y donde el tiempo se mide en segundos. Mariana se sienta frente al espejo, y mientras crean su look de pasarela, saca su smartphone. Anota horarios, cambios, y algo que me sorprende: pequeños recordatorios de bienestar. «Respirar, beber agua, no olvidarme de comer algo», leo de reojo. Las modelos comen, no se lleven a engaños, pero sobre todo, se hidratan mucho. «La disciplina no es solo estética; es algo vital, más en días como este», me cuenta.

Minutos antes de salir a la Plaza de España a desfilar, Mariana se pone por fin el look que llevará en la pasarela. Tacones infinitos, un diseño casi arquitectónico, un calor con el que ninguna contábamos hacía solo un par de días. Meses de preparación están a punto de ver sus frutos y nada puede salir mal. Hay nervios, muchos, pero no se notan y su energía se mantiene constante. Parece mentira que esa madurez sea la de una «niña» de 19 años, así que le pregunto el secreto, esperando una respuesta técnica, pero se encoge de hombros: «Supongo que cuidarme por dentro». Y ahí empieza a repetirse una palabra que marcará toda la jornada: hidratación.


El agua Solán de Cabras está presente en todos los rincones del backstage.


Leticia Díaz de la Morena.


En un rincón del backstage, lejos del bullicio principal, hay una nevera repleta de botellas azules de Solán de Cabras. Cada vez que alguien coge una, se repone. No puede faltar, su presencia es tan fundamental como la de cualquiera de los que estamos allí. Mariana hace una pausa breve pero intencionada. Bebe agua a pequeños sorbos, con los ojos cerrados. Parece casi un ritual, como el de los futbolistas o tenistas antes de un partido decisivo.

Me explica que mantenerse hidratada no es solo una cuestión de piel, aunque la piel lo agradece, sino de concentración, resistencia física y equilibrio emocional. «Si no bebo suficiente, me mareo, me desconecto, y eso en pasarela eso no me puede pasar porque se nota», confiesa. «Incluso me pongo nerviosa si me doy cuenta de que no llevo mi botella de agua«. La hidratación, en este contexto, deja de ser un consejo genérico para convertirse en una herramienta de trabajo. Y es aquí donde aparece una de sus aliadas constantes: Solán de Cabras.

Mariana la elige, me cuenta, por su origen en un manantial único (en Beteta, en la Serranía de Cuenca, «muy cerca del pueblo de mi abuela paterna») y también por su composición de mineralización débil y equilibrada, rica en calcio y magnesio y baja en sodio. «Es ligera, no sabe a nada, porque hay aguas que saben y no puedo con eso, pero me hace sentir mejor», añade. La toma fresca tirando a bastante fría, aunque alguna de sus compañeras prefieren beberla del tiempo o templada. «No lo entiendo, la verdad», me dice riendo. A ella, así, dice que le sienta mejor y le ayuda con la digestión «y a controlar la acidez, que con los nervios de los desfiles, se me dispara». Reconozco que, más allá de los beneficios saludables de esta agua, lo que me fascina es cómo integra Mariana este hábito en una rutina tan consciente: una botella de Solán de Cabras siempre cerca, recordatorios en el móvil y una percepción casi intuitiva de cuándo su cuerpo necesita reponerse.


Leticia Díaz de la Morena.


El desfile inaugural de OMODA Madrid es Moda está a punto de empezar. A pie de pasarela, un cambio de última hora altera el orden de salida y Mariana tiene que adaptarse en segundos. Aquí es donde toda la concentración previa cobra sentido. La veo cerrar los ojos unos instantes, respirar hondo y dar un último sorbo de agua antes de salir. Cuando pisa la pasarela, todo se alinea: postura, mirada, ritmo, seguridad en sí misma. Desde fuera, es impecable; desde dentro, ahora sé que hay unos hábitos conscientes que van más allá de la moda: se trata de equilibrio y de conocerse muy bien a una misma.

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