Raquel Rodríguez

Mary de Dinamarca ha vuelto a demostrar por qué es considerada como una de las royals con más estilo. No es tan destacada como Máxima de Holanda ni tan clásica como Kate Middleton, sus looks destacan, normalmente, por detalles especiales que marcan la diferencia. Un bolso original, una manicura llamativa o unos pendientes de lujo elevan sus estilismos.

Sin embargo, si hablamos de su máxima a la hora de arrasar con un buen estilismo, los looks de gala estarían entre los favoritos. Prueba de ello es el que ha llevado en el viaje de Estado que ha he hecho junto a Federico X a Lituania. Tras visitar Estonia, los reyes han asistido a una nueva cena de gala en la que Mary ha lucido espectacular.

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Si en la primera cena de gala del viaje nos sorprendía con un impresionante look en el que el protagonista era un vestido de 2015 y la tiara que llevó en su boda, en esta ocasión la sorpresa ha sido aún mayor. El motivo es que la reina no ha reutilizado una de las impresionantes piezas que tiene en su armario ni ha seguido la tónica del «repetir» a la que tantísimas royals están recurriendo últimamente. Para esta ocasión, Mary de Dinamarca ha preferido estrenar y lo ha hecho con un espectacular vestido de color granate que nos ha dejado sin palabras.

Se trata de un diseño de la firma de alta costura Elie Saab, marca que ha desfilado recientemente en la Semana de la Moda de París con uno de esos shows que dejan sin aliento y que, sin lugar a dudas, es uno de los más esperados de este evento tan importante para la industria. Y aunque es un diseño que podríamos catalogar como sencillo, lo cierto es que es una de esas prendas que favorecen muchísimo y que son un acierto seguro.


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Y el responsable de este acierto es, sin lugar a dudas, el diseño con efecto capa, un detalle que tantísimo gusta a las royals. La reina Letizia, Máxima de Holanda, Carolina de Mónaco o Kate Middleton son solo algunas de las muchas que han llevado en alguna ocasión un diseño en el que de una manga o de los hombros nace una capa. Este tipo de detalles aportan sofisticación, originalidad y movimiento a prendas lisas que, de otro modo, no tendrían un elemento diferenciador.

Minimalista y atemporal, el vestido, de manga larga y cuello subido, estaba protagonizado por una capa asimétrica que cubría solo uno de los hombros y que nacía del propio cuello. Unas características que hacían de este diseño una opción perfecta para las bajas temperaturas del país y que no le podía sentar mejor.


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Para combinarlo, además de unos salones de Gianvito Rossi, su firma de calzado preferida, en el mismo tono que el vestido, la reina elevó su estilismo con unas espectaculares joyas que, por supuesto, se llevaron todo el protagonismo. Y aunque no se trata de piezas que formen parte del joyero real, sí son joyas muy especiales para Mary, ya que fue ella misma quien las adquirió.

Hablamos de la tiara que compró en 2012 en la casa de subastas danesa Bruun Rasmussen. Se trata de una diadema joya realizada en oro y plata, engastada con diamantes de talla antigua, rubíes y espinelas. Una pieza de gran valor cuyo origen se remonta a inicios del siglo XX y que originalmente fue un collar que la propia Mary adaptó para lucir como tiara.


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También llevó unos pendientes de filigrana a juego que destacaban aún más gracias al elegante recogido que eligió para la ocasión. Mary de Dinamarca optó por peinar su melena en un recogido elaborado que despejaba el rostro y permitía que las joyas adquirieran mayor protagonismo. El resultado, una matrícula de honor.

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