
Le dio la espalda al momento más ganador de su carrera. Tipo serio, campechano, ultrarracional, cayó en la trampa de la cábala en pleno Defensores del Chaco, en la mismísima definición de la Copa Sudamericana 2025. Trigo limpio, hijo de Leones (Córdoba), la capital nacional de aquel cereal tan argento, tomó una decisión que “nunca antes había hecho”.
En el prime de ese infartante desempate contra Atlético Mineiro donde todo era plata o mierda, Mauricio Andrés Pellegrino no quiso mirar ese cruel thriller psicológico entre pateador y arquero. “Estaba en un momento de mucha tensión. Hubo un penal que evité observar, justo Nahuel (Losada) lo tapó y ahí me dije ‘no hay que mirarlo, es por acá…”, reconoció.
El Flaco le dio así la espalda al momento más ganador de su carrera como entrenador, como DT ‘solista’, después de 13 años y pico de interrogantes. “Cruzar el Rubicón”, diría Alejandro Sabella; “Romper la pared”, lloraría Angel Di María. En Paraguay, Pellegrino gritaría -hacia adentro, seguramente, en sus silencios de intriga- campeón por primera vez como director técnico. Ya nunca más sería Longaniza, tal como lo apodó el viejo relator Marcelo Araujo. Desde ahora, al menos en Lanús y en su imaginario, será el Profesor. El Profesor de la Octava estrella sobre el escudo.
La octava estrella llegó sin pelota y con desaires populares
Fue en el barrio Puerto Sajonia (y después de un 0-0 en 120′) donde el tipo se ganó la renovación de su contrato, un vínculo que tuvo muchos vaivenes. Nicolás Russo, el pope del club, uno que acertó más que lo que pifió en la elección de cuerpos técnicos durante sus mandatos, lo pretendió hasta el final de su cuarta presidencia, en diciembre de 2027. Pero el ex marcador central, en principio, aceptó solo por otros 12 meses. Después se verá… El fútbol y largo plazo no se llevan demasiado…
Cuando la noche sofocante caía en Asunción, cuando el zaguero Vitor Hugo dejaba sobre el arco de la Gradería Sur del estadio el séptimo disparo del Galo de Belo Horizonte en las manos de aquel joven tercer arquero de Pellegrino en Estudiantes, un nuevo cuadro se colgaba en las paredes del centenario Club Lanús. Al ladito de Juan Bautista Cevasco, Héctor Cúper, la dupla Ramón Cabrero-Luis Zubeldía, los Mellizos Barros Schelotto y Jorge Almirón, emergía una figura siempre vista de costado en La Fortaleza. Incluso, hasta ocho días antes de la finalísima guaraní.
En el último partido de la fase regular del Clausura, Lanús le ganaba con comodidad (3-1) a los tucumanos de Atlético y La Fortaleza bramó a puro insulto contra el entrenador porque no incluía al ídolo Lautaro Acosta aunque fuese unos minutos en lo que podría ser -y fue- su último juego en Cabrero y Guidi. El Laucha recién ingresó a los 88′ casi de manera simbólica, para apagar un incendio incluso en la victoria. El humor social, por suerte, prescribió más temprano que tarde. Pero feeling, lo que se dice feeling, nunca hubo (tal vez, un poquito después del baldazo colectivo del plantel al coach en la previa de la conferencia de prensa). La habitual indiferencia al entrenador solo se quebraba en las redes. La empatía brillaba por su ausencia. Aunque el fallo, igualmente, era dividido.
Lanús –
La definición por penales de Lanús ante el Mineiro por la Sudamericana
Fuente: ESPN
Lanús –
El resumen de la final de Lanús campeón de la Sudamericana
Fuente: ESPN
A Pellegrino lo salvaron los resultados
Para gustos, los colores. ¿Qué es jugar lindo? ¿Qué es jugar bien? ¿Tres pases seguidos? ¿Correr para adelante? ¿Que la pelota vaya adentro? ¿Ganar y solo ganar? ¿No perder? Se sabe porque es más viejo que el fútbol: no siempre estética y eficacia van de la mano. A Pellegrino, sin dudas, lo salvaron los resultados. O, para ser más preciso, a Pellegrino lo salvó haber salido campeón de algo.
Sólo había disputado, allá por 2017, una final de Copa del Rey. Fue lo más cerca que estuvo el Mister de una vuelta olímpica después del retiro. Justo le tocó ser parte de un David contra Goliath y perdió 3-1 en el Vicente Calderón, la casa del Atlético de Madrid, a partido único, dirigiendo al Alavés contra el Barcelona de Leo Messi, Neymar, Iniesta, Busquets, Jordi Alba y cía. Un elenco catalán de ensueño a cargo de Luis Enrique, actual campeón intercontinental.
En el fútbol argentino, versión cabotaje, Mauricio nunca superó un quinto puesto liguero (2013-14 con Estudiantes, 2015 con Independiente y 2021 con Vélez). El 2025 no fue la excepción con el Grana: afuera en octavos del Apertura (vs Boca), afuera en octavos del Clausura (vs Tigre), afuera en cuartos en Copa Argentina (vs Argentinos). Sin embargo, la Sudamericana fue un bálsamo de lujo. La mochila quedó en Paraguay y se lo contó a Olé.
“Fue una gran satisfacción por mis jugadores porque el entrenador solo no puede. Con este club, con este plantel y su hambre de siempre para mejorar, yo ya había ganado antes de la final: por cómo me han tratado, por la capacidad de liderar de los capitanes y por cómo han trabajado en los buenos momentos y en los más difíciles. Pero soy la misma persona que ayer. Los títulos -a veces- nos dan ese premio que es para pocos. El deporte te da otras aristas. Es mejorar. Un segundo para un atleta que piensa cada cuatro años en Juegos Olímpicos, es salvarse del descenso, es clasificar a una Copa. Es superarse. Siempre superarse…”.
En el tablero electrónico se ven los pingos
Los números no son todo pero funcionan como buenos indicadores de la realidad. El mejor Pellegrino en la Argentina fue el Pellegrino de Independiente, con el 61,78% de los puntos ganados. Ese porcentual, en el Grana, logró alcanzar el 54,9%. Bastante menor, pero con un título, claro. ¿Y sus predecesores? Lo de Kudelka, por ejemplo, llegó al 43,53% y el Ruso Zielinski obtuvo un 51,1%. Leve mejora aunque el denominador común fue claro: ninguno de los tres enamoraba al ojo. Sin embargo, ese ‘Lanús campeón’ que aparecía en el tablero electrónico detrás de los penales de Losada, se mofaba de la evidencia. ¿Qué es amor? Que San Valentín pinte desde ahora tu aldea cada 22 de noviembre.
Fue una vuelta olímpica especial. En su debut, La Bestia terminó levantando un inexplicable 0-2 en Venezuela contra la Academia Puerto Cabello para, 233 días más tarde, terminar levantando la Copa. Lanús fue el mejor de todos dejando atrás a tres campeones de Libertadores y uno de Sudamericana. Lanús fue el mejor de todos sin goles de penal ni de pelota parada. Lanús fue el mejor de todos casi despreciando a la pelota. Se supone, estrategia pura. Insulsa pero productiva.
Llegó a la definición ante el Galo con apenas un 43% de tenencia del balón, la cuarta marca más baja entre finalistas desde que Opta Stats registra estos datos. Pero… Los números no son todo, se dijo: con los Barros Schelotto, en 2013, llegó con el 44% y en 2020/21 (con el subcampeonato de Luis Zubeldía) con el 41%. Ante Atlético Mineiro, igual, hubo todo un avance: acabó con el 48,7%. En síntesis, en diez de los 13 partidos, el rival tuvo la redonda durante mayor cantidad de tiempo. Eso sí, en el área, te mata: en el Nacional de Santiago tuvo el 27% (dos goles de Castillo) y el 29% en Maracaná (¿alguien podrá olvidar en su vida el toquecito de Marcelino y la definición de Dylan?). Atlético, en tanto, contra Iquique en Chile, ganó 3-2 y llegó a tener la bocha en un 74%. Cantidad no es calidad. Y es más, en los tres Sampaoli vs Pellegrino (un par de Sevilla-Alavés antes de la cita en Paraguay), el ex técnico de la Selección jamás perdió en tiempo regular contra el Profesor -ex Flaco- y siempre le ganó las posesiones (75-25, 55-45, 51-49). Pero los números…
El peso de la balanza y el proyecto de club
Los títulos son concluyentes, no hay vuelta que darle. Y mucho más, en certámenes de larga duración. La Sudamericana no fue estrella de una noche. Fue un proceso, un camino que vio dejar atrás a Puerto Cabello, Melgar, Vasco da Gama, Central Córdoba, Fluminense y Universidad de Chile, además del cuco brasileño que mejor se posicionaba en las apuestas previas. Imposible bajarle el precio a la octava estrella. Pellegrino encontró jugadores base y algún que otro bonus que no estaba en los planes iniciales. Al menos, en la tribuna, en la Oficial o en la Esquiú.
Losada, Izquierdoz, Marcich, Salvio y Cardozo estuvieron en todos los partidos, siempre titulares. Armando Méndez, Juan Ramírez y Dylan Aquino fueron, con siete juegos, quienes más veces ingresaron. Es más, los tres goles de Dylan -uno más decisivo que el otro- llegaron con Aquino viniendo desde el banco… También debe hacerse mención a ‘los recuperados’. Esa fue toda de don Mauricio.
Franco Watson regresó sin pena ni gloria de un préstamo forzado desde Huracán y José Canale, de algo similar, desde el Querétaro mexicano. El DT les dio el OK en el receso invernal e hicieron la diferencia: el ex Instituto fue desde la predisposición y la creación un muy buen recambio de MM10 y el paraguayo lavó sus culpas y su cabeza.
En 2023, el zaguero dejó el club por la puerta chica después de ser protagonista -para mal- de la despedida como profesional de José Sand: se hizo echar infantilmente, aguó una fiesta popular, y sumó aquel año su cuarta expulsión -la tercera en dos meses y medio-. Su nueva versión 2025 fue inédita: no sólo convirtió cuatro goles -alguno, de colección- sino que ese férreo defensor se transformó en una carmelita descalza con apenas una tarjeta amarilla en 18 partidos.
También hubo de las otras, claro. Dos goles en 38 partidos para Alexis Canelo, un elegido del DT y blanco habitual de la gente; y la escasa promoción ‘real’ de los chicos de Inferiores dentro de una institución-semillero que hace culto de su Cancha 2 y cuyas ventas, en los últimos años, son producto casi exclusivo del trabajo en Juveniles.
Salvo Agustín Medina, volante central de tremenda proyección internacional de incipientes 19 años ‘preparado’ en Reserva por Rodrigo Acosta, suplente de Primera con el Ruso Zielinski, y a quien Pellegrino puso en 43 de los 51 encuentros de la temporada, el resto de los pibes brilló por su ausencia. El entrenador hizo debutar dentro de un largo año de competencias múltiples -además del mentado Medina- a Tobías Quiroz, Facundo Sánchez, Luciano Romero y Thomas De Martis, más que por convicción, para tapar baches…
«No fue magia»
Los títulos son concluyentes, no hay vuelta que darle. Cruzan rubicones, rompen paredes. Cambian la vida. No la esencia pero sí las percepciones. Lo explicó el propio Pellegrino casi despidiéndose de aquel sábado de gloria en Paraguay: “Yo hago mi trabajo, primero porque soy feliz y todos queremos ganar. Y ganar es para muy pocos. Y la valía de un entrenador… Hay una parte de nosotros donde nos evalúan por los resultados, y otra parte que no. Para mí, uno de los grandes premios es siempre que me hayan dado la posibilidad de trabajar a pesar de no haber ganado títulos. Para mi es un doble premio. No el que gana siempre tiene la verdad y es el mejor. Una cosa es ser campeón. Ser mejor es otra cosa. Todo lo hago con pasión. Ganar se logra pocas veces en la vida. Este equipo quedó en la historia de Lanús. Fue una comunión impresionante. Pero en el fondo de todo, mi dicha y mi gozo es que hago lo que hago porque soy feliz. Para mi eso es ganar. Tener el trabajo que yo siento, que es mi vocación. No es trabajo porque lo disfruto. Eso también es ganar”.
Un rato después de ese montón de sentidas sentencias, de caricias arteras al corazón, y mientras sus jugadores cambiaban la alegría de un baldazo de quiénsabequé líquido sobre su cabeza por besos sobre la añorada Copa plateada, el entrenador terminaba un ciclo y, prácticamente, comenzaba otro apañado por el mejor resultado de su carrera. “ Todas las mañanas veo un mural cerca de la cancha que dice: ‘No es magia’. Y claro que no es magia. Es trabajo, mucho tiempo, gente que está detrás. Que el pueblo festeje este triunfo, que lo saboree. Esto no es sencillo de hacer. También ganar es seguir creciendo. Ojalá que el tiempo que esté en la institución pueda ayudar para ese objetivo…”, abrió el juego de una renovación que se oficializó recién cuando los tres Reyes Magos pasaron por Cabrero y Guidi.
Se le dio. Puso el gancho y arrancó. Pensando en la Recopa Sudamericana, la Libertadores, el Apertura, el Clausura, la Copa Argentina, y en mil variables más. Se le dio. Y desde ahora, al menos en Lanús y en su imaginario, ya no será el Flaco ni tampoco Longaniza. Al menos en Lanús será el Profesor. El Profesor de la Octava estrella sobre el escudo.

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