No solo es bonito, sino que además está lleno de historia. Vimos en Castellfollit de la Roca, en la Garrotxa, hasta qué punto un sueño, a la manera de William Blake, por ejemplo, puede convertirse en realidad, y aquí vuelve a pasar. Frías es otro de esos regalos que nos tiene preparados el norte de Burgos, en las Merindades, como Puentedey, con rutas de senderismo mágicas. Más allá de los pueblos en sí, que son un viaje al pasado, normalmente medieval, es que están envueltos de una naturaleza prodigiosa, que los convierte en escenario de mitos y leyendas. Y realmente, aunque suene paradójico, lo son.
Frías es de postal, un regalo para la vista, acostumbrada de normal a otros parajes. Sobre todo, por las casas colgadas, que nunca dejarán de sorprendernos. Como en Cuenca, ciudad Patrimonio de la Humanidad, pero a la medida de un pueblo de la vieja Castilla. Con el ancho y caudaloso Ebro en vez del Huécar y el Júcar, que en la ciudad castellanomanchega han hecho maravillas. Aquí el río, que viene de nacer en Fontibre (Cantabria) y va camino del Mediterráneo para desembocar en forma de delta, pasa por un puente medieval de origen romano.
Con su torre defensiva, que se le añadió en el siglo XIV para cobrar el derecho de pontazgo, y sus nueve arcos, es uno de los mejores ejemplares de puentes fortificados de España, junto con el de Besalú, en la Garrotxa. Y, por cierto, memoria de todos aquellos mercaderes que en otros tiempos, con aquellos usos y costumbres, lo cruzaron. No hay que olvidar que unía la costa cantábrica y la Meseta. De hecho, hay tramos de calzada romana en esa misma dirección.
Todo lo que puedes ver en Frías
La estampa se ve coronada por un castillo que lo fue de señores poderosos, los Velasco, y muy estratégico. Para nosotros, con magnífica panorámica. Desde él y hacia él, porque desde lejos es todo un faro para atraer a los viajeros, si nos ponemos líricos (y marineros). Ya aparece mencionado en el año 867, pero lo que nos ha llegado es de los siglos XII-XIII, con una torre del homenaje separada del resto, con defensas propias. Y todo su perímetro rodeado de altos muros rematados por almenas. Su acceso es mediante puente levadizo de madera. En el patio de armas aún quedan restos de algunas de sus dependencias como graneros o bodegas, además del aljibe.
Frías está coronado por el castillo de los Velasco, alrededor del cual se arremolinan las casas.
AYUNTAMIENTO DE FRÍAS
La defensa de la villa aún se reforzó más con la construcción de la muralla en 1201, que alcanzaba toda la Muela, sobre la que se asienta la parte alta de la ciudad, hasta la iglesia de San Vicente y enlazaba con otra más baja por delante de las casas construidas en la roca. Tres puertas daban acceso al conjunto, declarado histórico-artístico, con todas las letras. La puerta de Medina era la más cercana al castillo. La del Postigo, baja y estrecha, en el otro extremo, se reservaba para las salidas con nocturnidad -no sabemos si alevosía-. Y la de la Cadena, unida al paseo de Ronda, se erguía como la principal.
Casas colgadas de cuento
Frías, admitámoslo, ofrece un festín estético de casas abrazadas unas a otras al borde la Muela. O sea, asomadas al precipicio. Un ejemplo de urbanismo adaptado al escaso terreno, que se mantiene tal cual. Estas casas tan pintorescas están hechas de toba y lucen entramado de madera, con solana en la parte superior y con bodega, al menos algunas. Así, apoyándose frente al abismo, a dos alturas, van delineando las calles que trepan por el risco hasta su cumbre, que se ve acabada a lo grande con el castillo de los Velasco a un lado y la iglesia al otro.
Un urbanismo admirable de casas construidas sobre la roca al borde del precipicio.
AYUNTAMIENTO DE FRÍAS
Sorprendentemente, la portada de la iglesia de San Vicente, que era toda ella románica, se encuentra en el Museo de los Claustros de Nueva York, The Met Cloisters, especializado en arte y arquitectura medieval europea. En origen, el templo no tenía torre ni campanario, sino un torreón con sus almenas y sus saeteras, haciéndole el juego al castillo. Pero se desplomó en 1906, llevándose consigo la citada fachada, que quedó reducida a un montón de piedras, que terminaron vendiéndose al ser «de escaso valor». El dinero obtenido de la venta se empleó para su reconstrucción. Más allá de este episodio lleno de claroscuros, destacan los retablos, uno del siglo XVI del pintor Juan de Borgoña, y la imaginería religiosa del XVII.
Una iglesia que fue almacén y restos romanos
En cuanto a la iglesia de San Vitores, es gótica, como se observa en su portada; presume de espadaña de dos cuerpos, llama la atención por su austeridad y es de nave única. A lo largo de los siglos, ha sido ermita, almacén de los granos de los diezmos y, tras ser remodelada, parroquia de nuevo. Además, en la pedanía de Quintanaseca, hay una pequeña iglesia muy reformada, pero que conserva algunos detalles que hablan de su antigüedad: románicos, visigodos e incluso romanos. Estos últimos son, concretamente, un fragmento de estela funeraria con una familia representada.
Entre los edificios religiosos, destacan el convento de Santa María de Vadillo, fundado en 1209 como hospital de caminantes, pobres y enfermos, puesto que estaba a orillas de la calzada que enlazaba La Rioja con Cantabria. Estuvo en manos de los agustinos, que llegaron a tener una bodega con bóveda donde elaboraban más de 1.500 cántaras de vino y lo abandonaron a raíz de la desamortización de Mendizábal (XIX). Igual suerte corrió el de San Francisco (XIV).
El puente fortificado del Ebro a su paso por Frías, en las Merindades burgalesas.
AYUNTAMIENTO DE FRÍAS
Aún quedaría por ver, entre otras cosas, el lavadero medieval, de piedra y con tejado soportado por gruesas columnas y vigas de madera. Se halla a orillas del río Molinar y donde comienza la colina de San Roque, en el lugar bautizado como Las Fuentecillas, por el nacimiento del agua. Ya de paso, se puede aprovechar para seguir el curso del río, entre pozas y otras sorpresas.
Se sabe de Frías, cuyo nombre viene de Aguas Fridas -nos lo imaginamos, con el frío que hace en Burgos-, desde la segunda mitad del siglo IX, así que es todo un viaje al pasado, a cuando se pobló el Alto Ebro. De entonces quedan sepulcros rupestres en los alrededores de la iglesia de San Vicente, que fue cementerio. Aunque su auge llegó en tiempos de Alfonso VIII, el Noble (1155-1214), uno de los grandes reyes medievales, que la convirtió en un centro comercial, de los de antes, y defensivo. Juan II de Castilla le otorgó el título de ciudad en 1435 y, abreviando mucho, los Reyes Católicos crearon el Ducado de Frías, que concedieron a los Velasco.







