La Décima entrevistó a dos personas de Narcóticos Anónimos, quienes definen a la organización y esclarecen cuál es el mensaje de ayuda para salir de “la oscuridad” de las drogass. Los miembros de la organización son adictos en recuperación. Matías L. lleva nueve años, dos meses y siete días sin consumir, mientras que Carla C.G. lleva limpia cuatro años, seis meses y veintiséis días. Lo importante de la organización es que es libre, gratuita y confidencial. A continuación, la entrevista.
¿Qué es Narcóticos Anónimos y que función cumple?
Carla C.G.: Narcóticos Anónimos es una confraternidad sin fines de lucro compuesta por hombres y mujeres para quienes las drogas se convierte en un problema muy grave. Es una confraternidad a nivel mundial. En Córdoba hay varios grupos presenciales tanto en la ciudad como en el interior. La recuperación se basa en tener reuniones, en brindar servicio para que la enfermedad no nos gobierne.
Matías L.: El propósito de todo adicto es mantenernos limpio y la base fundamental para eso es asistir a las reuniones regularmente. Una vez que entras en las reuniones, el grupo tiene el propósito primordial de seguir llevando el mensaje al adicto que todavía sufre. Por eso creamos una estructura de servicio, con distintos subcomités que están pensados en cómo seguir llevando el mensaje al adicto o a las personas que tienen contacto con él. La herramienta fundamental es la experiencia adquirida que compartimos en las reuniones de recuperación.
¿Cuál es el mensaje que llevan?
Carla: El mensaje es la experiencia en sí. Solo nos interesa saber qué querés hacer con tu problema y cómo podemos ayudarte. La organización es diversa pero nos une una misma enfermedad. Nuestro mensaje es por atracción no por promoción. Nosotros damos información basada en nuestra experiencia y las compartimos con las personas.
Matías: El mensaje es que un adicto no tenga que morir a causa de la enfermedad y pueda encontrar una forma de parar de consumir, perder el deseo y encontrar una nueva forma de vivir y calidad de vida. Es un mensaje de fe y esperanza desde la experiencia personal.
¿El mensaje llega, es efectivo, se puede mensurar?
Matías: La realidad es que nosotros llegamos a un poco porcentaje de adictos entre la cantidad de personas que consumen y sufren la enfermedad. Esta es una enfermedad que te arrastra invariablemente a la cárcel, al hospital y a la muerte. Hay muchísimos adictos que terminan en estos finales. Narcóticos es la herramienta que a mí me salvó la vida y me permite vivir sin drogas. No es la única y no hay libro matemático para las adicciones. Narcóticos es la forma que yo considero más efectiva. Lamentablemente llegamos a muy pocas personas en relación a la cantidad de consumidores en la sociedad. Yo en Narcóticos Anónimos llevo sin consumir nueve años y dos meses, y en este tiempo he visto pasar a muchos compañeros que no pudieron sostener el camino de la recuperación y después he descubierto que he ido a la cárcel a hacer servicio y me los he encontrado.
Carla: Narcóticos Anónimos no acepta contribuciones externas; se solventa a través de nuestros aportes. Lo nuestro es de boca en boca y a través de los servicios que brindamos. La organización es libre, nosotros no queremos que nadie nos diga qué tenemos qué hacer y qué no, sino llevar el mensaje al adicto que sufre.
¿El consumo afecta a todas las edades? ¿Es variado el perfil de consumidores problemáticos?
Matías: Si algo tiene la enfermedad de la adicción es que no discrimina, afecta al rico o al pobre por igual. Y en las edades tampoco, es tan variable como la sociedad misma. Nosotros vivimos en una sociedad de consumo.
¿Cuándo se toca fondo es cuando empieza a nacer la necesidad de recuperarse?
Matías: La enfermedad de la adicción es una enfermedad de pérdidas. Hasta que no me dejó la mamá de mi hija, no perdí el décimo quinto laburo, no tuve el tercer accidente… y no toqué ese fondo, no me doy cuenta de que no la estoy pudiendo manejar. Es más difícil en un pibe de 18 o 20 que tomen esa conciencia. Por eso es más normal ver compañeros que llegan entre los treinta o treinta y cinco. La realidad es esa: que hasta que uno no toca fondo y no reconoce que no puede con el consumo no llega normalmente a los grupos.
¿Existe una falacia de que al consumo lo puedo controlar, de que hay sustancias buenas y malas?
Matías: La enfermedad de la adicción es que es una enfermedad de autodiagnóstico. Hasta que yo no reconozco que tengo que pedir ayuda y no puedo con el consumo, no abro la puerta a que me ayuden. En cuanto a las sustancias, yo no tengo un problema con las sustancias. Mi problema no es tal o cual sustancia, sino que mi problema es la forma en que encaro el consumo de cualquier sustancia. Por ejemplo, correr es un acto saludable, yo empecé a correr y a entrenar con un maratonista, en un momento me di cuenta que algo que es saludable yo tengo la capacidad de transformarlo en algo malo porque yo no podía parar de correr. Mi enfermedad tiene la capacidad de hasta las cosas sanas de la vida transformarlas para lastimarme.
Carla: Es así; hasta lo bueno lo podemos transformar en algo malo con nuestra enfermedad que es obsesiva y compulsiva y emocional. La literatura nuestra es maravillosa porque tiene la característica de que los grupos son la autoridad máxima adonde llegan los miembros y de ahí se saca una conciencia. A través de Narcóticos Anónimos hoy me siento una mejor persona porque pude trabajar en mí ser honesta conmigo misma.
¿Qué importancia tiene la familia para empezar a cambiar?
Carla: Un adicto hace que la familia sea disfuncional, se intoxique, se enferme toda. Naranon es la confraternidad paralela que hace reuniones para familiares de un adicto para darles herramientas para saber abordar el problema y ayudarlos en este problemón que es un adicto en la familia.
Matías: Cuando entras al grupo te dan un par de tips o herramientas para los primeros tiempos que te morís de ganas de consumir, son importantísimos. No a la gente del palo, a lugares infecciosos, cambiá el teléfono, no te juntes con la gente que te venías juntando antes de dejar de consumir.
Para mí lo más importante fue aferrarme a la familia y amigos que hace mucho no veía cuando era consumidor. Cuando yo tomé la decisión diaria de ingresar al grupo me encontré solo, y no le creía a nadie. Entonces me aferré a los tres amigos que me quedaban, a la mamá de mi hija que me ayudó, y a mis viejos y hermanos. Para mi es fundamental la importancia de la familia en ese sentido.
¿Qué mensaje le transmitirían a un joven que no se anima a dar el paso?
Carla: Que se dé la oportunidad de llegar a Narcóticos Anónimos que lo vamos a recibir con los brazos abiertos. Que pueden salir de la oscuridad porque sabemos lo que es.
Matías: A veces me toca ir a los colegios y ahí lo que digo es que la droga está pasada de moda, ya no se usa más. Yo los invitaría a que no se mientan, porque si yo me hubiese reconocido lo que ya sabía que tenía, me hubiese ahorrado un tiempo de sufrimiento. No se mientan y cuando sientan que tienen una dificultad, levanten la mano y pidan ayuda porque se van a ahorrar un tiempo de sufrimiento.
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