«Doctor, he leído el prospecto del medicamento que me recetó y pone que puede producir muerte súbita o aplasia medular y me ha dado tanto miedo que no lo he tomado…». Estas son situaciones frecuentes que tienen los pacientes cuando se les prescribe alguna medicina, incluso de las más habituales. Se conoce con el nombre de ‘síndrome del prospecto’ a la ansiedad, miedo o inseguridad que tienen algunas personas después de leer el prospecto que acompaña todos los medicamentos que se venden en las farmacias para tratar las diferentes enfermedades o trastornos.

El prospecto transmite una información fundamental y además es obligatorio por ley. Informa acerca de las dosis adecuadas, intervalos entre ellas, período de tiempo durante el que se debe tomar, así como los posibles efectos secundarios que pueden surgir. Están diseñados para ser leídos, cada vez con un lenguaje más sencillo y junto con la información que le dará a su médico o su farmacéutico sirven como un complemento a la hora de realizar un tratamiento farmacológico de manera correcta.

Estrictos controles

Los medicamentos aprobados por las diferentes agencias responsables han pasado por diversos controles muy estrictos y diferentes ensayos clínicos, como los que están pasando las vacunas para el COVID en la actualidad, que en condiciones normales duran varios años hasta poder ser comercializados. Estos estudios son fundamentales para conocer el beneficio de estos fármacos, las dosis a las que son efectivos así como las posibles efectos adversos, entre otros aspectos.

Para que un medicamento pueda ser aprobado debe tener una tasa de efectos secundarios aceptable. Algunos de los efectos secundarios serán más leves pero más frecuentes, otros ocurrirán más raramente, a unas decenas de personas de cada 100.000 habitantes, y alguno ocurrirá ocasionalmente, por ejemplo la muerte súbita. Si esto no fuera así, el medicamento no sería aprobado por ninguna de las agencias encargadas para control de estos.

Cuando hay un listado muy largo de efectos secundarios en un prospecto, significa que el medicamento ha sido investigado muy intensamente. Habrá sido empleado por muchas personas y a pesar de los efectos secundarios declarados, no ha sido retirado de las farmacias. Así pues su seguridad será muy sólida. El ‘síndrome de prospecto’ puede hacer que una persona acabe por decidir no tomar los medicamentos que le hacen falta y que le ha prescrito su médico. Esto puede ser especialmente grave con enfermedades crónicas como la hipertensión o el colesterol elevado, etc. Pudiendo tener graves consecuencias a largo plazo para la salud, por un temor que no tiene justificación racional.

La tarjeta amarilla

Lo que se debe hacer cuando se tenga alguna duda leyendo el prospecto de algún fármaco es consultar con su farmacéutico o con tu médico, que le podrá explicar con detalle los posibles riesgos de la terapia. En caso de tener alguno de los efectos secundarios, lo mejor será comunicarse con un facultativo que los podrá evaluar, cambiar de terapia cuando sea preciso y si es necesario, los comunicará al sistema español de farmacovigilancia, la famosa tarjeta amarilla.

También tendrá que tener en cuenta que alguno de los efectos secundarios se producirá más frecuentemente en pacientes que tengan alguna peculiaridad o patología previa. Por ejemplo que tengo una insuficiencia renal o hepática, que sean pacientes de edad o pediátricos, entre otras muchas. Todo ello puede hacer que sea necesario ajustar las dosis o incluso cambiar de fármaco para evitar riesgos.

En el año 2014 la Unión Europea elaboró un estudio sobre los prospectos de medicamentos sobre uso humano. En el recomendó que se simplificarán con un lenguaje más sencillo, dentro de la medida de lo posible, para hacerlos más comprensibles y con un formato —tipo de letra, espacios, etc.— más legibles. Sobre todo para las personas más sensibles, como la gente mayor o personas con un nivel cultural deficitario.

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