En el pase de prensa de La invitación, mientras Seth Rogen es una versión más de todos los personajes que ha interpretado en los últimos veinte años, o de sí mismo, y Olivia Wilde es una mujer desquiciada que busca una razón, por pequeña que sea, para seguir adelante con su matrimonio, no dejaba de pensar en las ganas que tenía de ver esta película con mi marido.
Cierto es que, después de 20 años juntos es más fácil asumir que lo que se muestra en la pantalla es real y tu vida puede acabar convirtiéndose en eso: un hombre que no escucha, una torpeza suya (o varias) que lo manda todo al traste, unos planes que en realidad son una trampa unipersonal, una mujer perfeccionista a la que, por resumir, todo le parece mal.
A pesar del cúmulo de pequeñas cosas que terminan minando la fortaleza de una pareja, La invitación es tremendamente divertida. La historia no es nueva, en realidad es una adaptación del Sentimental de Cesc Gay, pero en su hora y cuarenta y siete minutos de duración todo encaja, funciona, resiste.
La culpa la tienen los vecinos
Todo menos el matrimonio de Angela y Joe, porque el peso de las mochilas con las que cargan cada uno de ellos es demasiado para aligerarlas y ser capaz de pensar en unos planes divertidos que les impidan acordarse de sus miserables existencias. Afortunadamente llegamos a sus vidas en ese momento en el que los vecinos deciden, o Angela (Wilde) les invita a, bajar a cenar. Y no hay nada como introducir una pareja despreocupada en un ambiente de tensión para que la atmósfera colapse y la verdad quede salpicada sobre demasiadas caras.
Penélope Cruz y Olivia Wilde en una imagen de La invitación.
Diamond Films
Es ahí donde Penélope Cruz ejecuta uno de sus trabajos más redondos poniéndose en la piel de Pina: la vecina guapa, exuberante y deshinibida que no tendrá reparos en decir que quizá los gritos de hoy en realidad fueron los silencios de ayer, o que por mucho que te hayas esforzado en tu tabla de quesos, ella en realidad no toma leche, ni carne, ni… Ni tampoco se cortará a la hora de proponer cosas… Dejémoslo en inesperadas.
El trabajo de la de Alcobendas es tan sobresaliente que son muchos los que la sitúan como una de las aspirantes de la temporada de premios en la categoría de Mejor Actriz Secundaria, teniendo más opciones en los Globos de Oro, donde las categorías se dividen por género y es claramente favorita en el de comedia. Su compañera de reparto y directora, Olivia Wilde, también podría estar entre los aspirantes, especialmente por su trabajo tras las cámaras.
Olivia Wilde y Seth Rogen en una imagen de La invitación.
Diamond Films
Y es que La invitación es una de esas películas que se siente como una obra de teatro, todo transcurre en una casa, los protagonistas son cuatro y todos están estupendos. Y con la magia de este, sin distracciones, sin rellenos, sin tiempo que perder entre escena y escena, disecciona la realidad sentimental del siglo XXI. Esa en la que el miedo al fracaso paraliza cuando todo -el día a día, la cama, la rutina escolar, la vida social- está tan enfangado que no hay posibilidad de éxito y solo queda asumir cuando se revelará y asumirá la realidad. O tal vez no. Yo elijo creer en ese piano. Porque (a pesar de las risas) duele verlos hacerse tanto daño de tantas maneras diferentes.







