Aloña Fdez. Larrechi

Aunque John Steinbeck ya había sido reconocido con el Premio Nobel de Literatura cuando publicó Al este del Edén, en 1952, la que fue una de sus últimas novelas es para muchos (también lo fue para él mismo) su mejor trabajo. En 1955, Elia Kazan llevó a la gran pantalla la última parte de la obra de su amigo, con James Dean interpretando a uno de los protagonistas. Y ahora, setenta y un años después, la nieta del director, Zoe Kazan, ha adaptado la historia de los Trask para convertirla en una miniserie y hacer de su protagonista femenina su narradora.

La licencia creativa traslada el peso de la novela al personaje de Cathy Ames, una mujer que llega a la vida de los hermanos Adam y Charles en mitad de la noche, arrastrándose por el suelo y ensangrentada. Este es el punto de partida de la miniserie que acaba de estrenar Netflix y que, a lo largo de 7 episodios, abarcará desde 1874 hasta la I Guerra Mundial. Tres generaciones de la familia Trask para hablar del bien y del mal, de la influencia que el legado familiar tiene en los individuos, del amor y también del odio. En definitiva, de la vida de personas que ven cómo en su camino se interponen circunstancias que los marcan para siempre.

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Con Florence Pugh (Mujercitas, Oppenheimer) en el papel de Cathy Ames, Christopher Abbott (Girls) y Mike Faist (West Side Story, Rivales)como los hermanos Adam y Charles Trask en la edad adulta, Al este del Edén llega al catálogo de streaming con la intención de convertirse en una de las producciones de la temporada que acaba de comenzar.

De la novela a la pantalla

Si en la obra original el narrador es, en un principio, el propio autor, en la adaptación de Zoe Kazan va a ser Cathy Ames la encargada de contarnos su historia y la de los Trask. Una decisión que desecha la conexión biográfica del autor con el lugar en el que transcurre buena parte de la historia, el californiano Valle de Salinas, y con algunos de los personajes que aparecen en ella, pero que aporta una novedosa e interesante perspectiva a la ficción audiovisual. Porque si algo es el personaje de Cathy Ames es malvado.


Florence Pugh como Cathy Ames en una imagen de la miniserie Al este del Edén.


Netflix


«Para un monstruo lo normal es ser monstruoso», revela Ames al comienzo de la miniserie de Netflix. El desarrollo de esta circunstancia que marca al personaje de Florence Pugh se hace esperar y no llega hasta el segundo episodio, dedicando el primero a contar la historia de los Trask, que son el verdadero interés de la obra original. Y arranca en 1874, con Cyrus Trask criando a sus hijos con severidad después de tener que dejar el ejército tras ser herido en la Guerra de Secesión.

Fue él quien se encargó de plantar la semilla de la rivalidad entre sus dos hijos, Adam, el mayor, hijo de una mujer que en el comienzo de la narración ya ha fallecido, y Charles, el vástago que tiene con su segunda esposa. Y aunque en la infancia de ambos logran sentir compasión el uno por el otro al ser castigados, cuando la semilla germina y florece, desarrolla odio y resentimiento, separándolos irremediablemente hasta que llega el momento en el que el rencor ya no tiene sentido. Y es entonces cuando Ames llega a sus vidas.

Los caminos del mal

Nacida en una pequeña localidad en el estado de Massachusetts, el personaje que ya le valió a Jo Van Fleet un Oscar como Mejor Actriz de Reparto en la película de Kazan puede hacer de Pugh una de las estrellas de la temporada de premios. Porque la doble personalidad que marca su existencia y que la convierte en un ser tan peligroso como impredecible es algo que la actriz británica ya ha demostrado que maneja a la perfección y, una vez conoces a la mujer que nació en la pluma de Steinbeck, cuesta imaginarse a otra actriz interpretándola.


En el centro, Christopper Abbott como Adam Trask en una imagen de la miniserie Al este del Edén.


Netflix


Es esa capacidad para mostrar una cara dulce y una apariencia inocente, pero llevar a cabo acciones maléficas, la que impregna a todos aquellos que la conocen y será una constante en su vida. El interrogante más importante que plantea la novela es si esa maldad es capaz de expandirse a lo largo del árbol genealógico, si se extiende como si fuese un virus para acabar con todo, tanto dentro de la institución que es la familia, como fuera, con todo aquello que la rodea.

La novela de Steinbeck es una historia que, a pesar de su extensión de más de 600 páginas, consigue mantener al lector pegado tanto por el fondo como por la forma. La adaptación que ha hecho Zoe Kazan ha acentuado su componente maléfico de la mano de Cathy, pero la asombrosa historia de Adam y los personajes que le rodean, convertirán la miniserie de Netflix en una de las mejores producciones de la temporada. No tenemos pruebas, tampoco dudas, pero quizá le devuelva a la categoría de miniseries de los Emmy algo de dignidad.

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