El llamado lujo silencioso fue en una de las tendencias más importantes de los últimos años. Surgió en contraposición a ese tipo de lujo ostentoso, con el logo como protagonista y con el único objetivo de demostrar una poder adquisitivo superior a la del resto. El objetivo era volver a la esencia original del lujo en el que la exclusividad, el uso de materiales de calidad y una confección cuidada eran lo verdaderamente importante. Sin embargo, tras varias temporadas en las que reinaban estas propuestas mucho más discretas, el lujo aspiracional vuelve a coger fuerza.
El contexto social y económico, el poder absoluto de las redes sociales y una necesidad imperiosa por presumir de lo que tenemos han marcado la industria de la moda y por supuesto, el mundo del lujo. Esas firmas de lujo asequible vuelven a tener un papel esencial que revela cómo la moda ha evolucionado no solo en cuanto a accesibilidad, sino también cómo nuestra percepción del lujo, que está influenciada más por la aspiración que por la realidad.
El término de lujo aspiracional que tanto se ha puesto de moda en los últimos tiempos se refiere un consumo de bienes y experiencias de marcas premium con el objetivo de proyectar un estatus superior o pertenecer a un estrato social más alto. Es decir, no ser rico, pero sí parecerlo (o al menos intentarlo). Una compra que se centra más en el valor simbólico, la identidad de marca y la pertenencia que en la calidad del producto.
Y aunque es una parte del lujo que ha evolucionado y ya no se refiere tanto a la ostentación, sino que se orienta hacia lo cultural, lo cierto es que está muy presente en la industria y ocupa gran parte de la base de esta selección de marcas premium que buscan la exclusividad. Porque, a pesar de que están muy alejadas de lo que ofrece Chanel o Dior, son propuestas de moda que, de alguna forma, tienen como objetivo la diferenciación.
La actriz Kelly Rutherford con un bolso de Dior.
gtres
Hoy en día, la exclusividad ya no es solo cuestión de precio, sino que conlleva otros valores como el origen de los materiales, la historia, la singularidad y la sostenibilidad. Hermès y sus exigencias de compra tan estrictas son el mejor ejemplo; ya no solo necesitas mucho dinero para tener un Birkin, también un historial de compra y un estatus social al que no cualquiera puede llegar.
Es aquí donde entran en juego las llamadas firmas de lujo aspiracional, la alternativa a una necesidad intangible. La clase media, en particular, se ve atraída por estas marcas porque sienten que poseerlas es una forma de escalar en la jerarquía social, un símbolo tangible de éxito. Sin embargo, para los realmente ricos, estas marcas de lujo accesible no son un símbolo de riqueza genuina, sino más bien una representación de la falta de exclusividad.
La última campaña de Michael Kors.
@michaelkors
Y, ¿cuáles son esas opciones? Marcas como Michael Kors, Coach, Marc Jacobs, Guess, Tommy Hilfiger, Burberry, Ralph Lauren y Kate Spade son a menudo vistas como símbolos de un estilo de vida sofisticado y alcanzable para la clase media. Por debajo de opciones como Jacuemus o Alexander McQueen se encuentran estas firmas que son la base de esta piramide del lujo de la que te hablamos.
Y gozan de un éxito en el que esa exclusividad aspiracional es clave. Una percepción de estilo y esencia para la que no responden consumidores con un poder adquisitivo mucho mayor. La razón es simple: la omnipresencia de estas marcas las convierte en demasiado comunes, lo que les quita el aire de exclusividad que tanto valoran quienes están en la élite.







