Ana Calvo


Ana Calvo


El Palacio de Marivent, residencia de verano de la Familia Real española en Baleares desde 1973, es sin duda uno de los mejores ejemplos de arquitectura y estilo mediterráneo que encontramos en nuestro país. Erigido sobre el imponente acantilado de Cala Mayor, en Palma de Mallorca, en este complejo propiedad del Govern Balear, convergen con soltura el diseño de vanguardia y la nostalgia, fruto de un curioso origen y, también, de los ilustres inquilinos que lo habitan.

El nombre de Marivent ya nos da pistas sobre la influencia de su diseño: el mar y el viento. Del Mediterráneo, por supuesto. Con dos estancias separadas, por un lado encontramos el palacio principal donde se aloja doña Sofía y que late al ritmo de los recuerdos de su hogar griego en Tatoi. Por el otro, la finca contigua de Son Vent, residencia de verano de los reyes Felipe VI, Letizia y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Un refugio vacacional para nuestra Familia Real que, por cierto, está en pleno proceso de renovación a cargo del estudio balear Bonfill.

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El lujo silencioso en la residencia de la reina Letizia

Si analizamos por separado el complejo de Marivent, nos detenemos en Son Vent, la residencia de los reyes y sus hijas, una majestuosa masía de 500 metros cuadrados que fue cedida originalmente por el Ejército del Aire en la década de los noventa. Esta edificación, distribuida en varias plantas y flanqueada por una piscina privada con vistas al puerto, ha sido decorada bajo la estricta y minimalista mirada de la reina Letizia.

En su interior, la decoración huye del exceso palaciego para abrazar la filosofía del lujo silencioso que tan bien sabe poner en práctica la reina Letizia. Con un claro estilo mediterranean chic, encontramos maderas claras, linos naturales en tonos crudos y muchos juegos de luz natural gracias a los amplios ventanales que conectan interior y exterior, salones con porches sombreados. Además, las ocho habitaciones y demás estancias sociales se han despojado de ornamentos innecesarios, dando prioridad a los espacios abiertos y el minimalismo cálido.


Los reyes y doña Sofía en el exterior de Marivent


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El palacio de doña Sofía y los recuerdos de Tatoi

Al otro lado de la finca de Marivent encontramos el palacio principal, residencia de doña Sofía y sus invitados, entre cuyas paredes este verano sin duda echará en falta la presencia de su inseparable hermana, Irene de Grecia, fallecida el pasado 15 de enero. Este edificio histórico de 1925 diseñado por el arquitecto Guillem Forteza se ha convertido en el feudo personal y refugio favorito de la reina emérita.

Para doña Sofía, los muros de casona de piedra de sillería y tejados mallorquines a cuatro aguas (inspirados en la arquitectura de Marès típica de las islas) son una vuelta al hogar de su infancia: el Palacio de Tatoi en Grecia. Y es que Marivent evoca la atmósfera boscosa y señorial de su añorado hogar familiar, el lugar donde pasó sus mejores años y que hoy acoge los restos de sus hermanos, Constantino e Irene.

A diferencia de las influencias minimalistas de Letizia en Son Vent, cuentan que doña Sofía ha impregnado este palacio de una estética regia clásica y confortable, manteniendo una cuidada pinacoteca que rinde homenaje al pintor Juan de Saridakis, su propietario original, y conservando un interiorismo donde conviven alfombras orientales, muebles de caoba y porcelanas históricas con tapizados típicos mallorquines, como las robas de llegües (telas de lenguas) y su característico estampado ikat.


Los reyes posan con sus hijas en los jardines de Marivent durante sus vacaciones de verano de 2019


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Los jardines de Marivent

Sin duda, los jardines del complejo de Marivent son uno de sus grandes atractivos. Con más de 30.000 metros cuadrados, actúan como nexo de unión entre las distintas residencias del complejo y está abierto al público durante los meses en los que la Familia Real no está allí alojada. No es para menos: albergan una colección de esculturas de Joan Miró que se comporta como un museo al aire libre.

El diseño del paisajismo de Marivent respeta a la perfección la orografía escarpada del terreno y la resuelve a través de terrazas escalonadas y senderos empedrados que se abren paso sin alterar la naturaleza salvaje del entorno. Allí conviven pinos autóctonos y algarrobos centenarios, cipreses, buganvillas, parterres geométricos clásicos, setos de mirto y lavandas. La fusión entre el verde de los árboles, los tonos carmesí, púrpura y fucsia de las flores y el azul del mar Mediterráneo son otra obra de arte.