Ángeles Castillo

La sombra de Chinchón, el pueblo de Madrid que enamoró a Orson Welles, es alargada. Tanto que ha hecho sombra, en gran medida, a Colmenar de Oreja, a tan solo cinco kilómetros. Aunque este otro enclave del sureste madrileño luce a su manera. Uno no espera encontrarse con una plaza Mayor como la suya, porticada al estilo castellano y de semejante tamaño, por lo que el asombro es mayúsculo. El viaje puede alargarse incluso hasta Aranjuez, a 23 kilómetros, en un majestuoso tres en uno.

La comarca de Las Vegas, en la que se enmarca Colmenar, aparece citada por los historiadores Polibio y Tito Livio a propósito de la batalla del Tajo (220 a.C.), en la que el cartaginés Aníbal Barca derrotó a los celtíberos tras cruzar el río de noche por un vado que luego adoptó su nombre. Como se sabe, con elefantes. Ahí fue donde se asentó la villa romana de Aurelia, poblada por los veteranos de las legiones de Julio César tras la conquista, que posteriormente fue hispanorromana, visigoda y árabe hasta dar lugar a la de hoy.

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Los árabes la dotaron de castillo, que fue tomado por Alfonso VII en 1139, para recaer en la Orden de Santiago tres décadas después. Enrique IV (s. XV) fijó su corte aquí y Carlos V lo convirtió en señorío en 1540, que pasó a ser condado en 1625. Así fue acumulando nobleza y ganándose el favor de los Austrias, a quienes se debe la ampliación de la iglesia de Santa María la Mayor o la fundación del convento de la Encarnación de las agustinas recoletas.

Qué ver en Colmenar de Oreja

Hubo un tiempo en que Colmenar no dejó de crecer debido, sobre todo, a la fabricación de tinajas y a la extracción de la piedra. Además de los olivares y los viñedos, de donde salen los vinos de la Denominación de Origen Vinos de Madrid. Por este motivo, llegó a ser el segundo municipio más poblado de la provincia, por detrás de la capital, hasta casi el declinar del siglo XIX. Vivió con entusiasmo la llegada del ferrocarril en 1903, que prestó servicio hasta 1950, así como la concesión del título de ciudad por parte de Alfonso XIII.


La plaza de Colmenar de Oreja se ajusta al estilo castellano.


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A esta prosperidad responde su excelencia arquitectónica. Empezando por la impresionante plaza (1676), con soportales y galerías, que acoge la casa consistorial, el pósito y algunos de sus alabados restaurantes, que en cuanto llega el buen tiempo sacan sus mesas al aire haciendo que la experiencia viajera sea aún más memorable. A ello contribuyen especialidades como las patatas chulas, la ternera al desarreglo o el pisto vaquero, regadas con los caldos de la tierra.

Un túnel bajo la plaza

La plaza, belleza aparte, tiene la singularidad de estar situada sobre el barranco y el túnel de Zacatín (XVII-XVIII), que la atraviesa de parte a parte, arrancando de un entorno realmente pintoresco, con la fuente y los abrevaderos. Muy cerca se alza Santa María la Mayor, iglesia levantada a finales del siglo XIII a instancias de la Orden de Santiago. Se trata de una construcción gótico-renacentista, para la que se utilizó piedra caliza extraída de las canteras colmenareñas, y la enriquecen estilísticamente dos capillas barrocas. Entre sus tesoros, los murales de Ulpiano Checa, pintor que triunfó en París.


La iglesia de Santa María la Mayor es una de las joyas de Colmenar de Oreja.


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Ulpiano Checa había nacido el 3 de abril de 1860 en el número 5 de la antigua calle de las Damas, hoy llamada como él. En su vida fue crucial la figura de José Ballester, marido de una vecina del pueblo, que regentaba el Café de la Concepción, en la Corredera Baja de Madrid. Ballester, confiando en su talento, se lo llevó a la capital y se convirtió en su mecenas. De ahí que ingresara en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Un pintor que triunfó en París

No se equivocó su protector. Checa trabajó como ayudante en la decoración del palacio de Linares y en la basílica de San Francisco el Grande, y fue socio fundador del Círculo de Bellas Artes de Madrid. No tardó en desplazarse a la capital francesa, epicentro cultural europeo, y cosechar éxitos. Alcanzó fama internacional, en especial por sus pinturas orientalistas. Por fortuna, la mayor parte de su obra está en Colmenar, en el Museo Ulpiano Checa.


El Museo Ulpiano Checa atesora la mayor parte de la obra de este pintor colmenareño.


WIKIPEDIA/MANUEL M.V.


Además, Colmenar de Oreja conserva un relevante conjunto de casas de labor de los siglos XVII al XIX con cuevas-bodega, que se suman a las fábricas, almazaras, talleres, hornos de tinajas y hornos de cal. Hablan en plata de su carácter industrial. En lo artístico, cabe citar el convento de la Encarnación , del siglo XVII, uno de los conjuntos conventuales más sobresalientes de la Comunidad de Madrid, alzado por Fray Lorenzo de San Nicolás, famoso arquitecto de la corte española, y la ermita del Cristo, con capilla del XVI, a la que se accede por el puente del Pilarejo (XVIII).

Como patrimonio civil destaca el Teatro Municipal Diéguez, construido sobre el antiguo Hospital de la Caridad a mediados del XIX, entonces Corral de Comedias. Su tramoya de madera es una de las más antiguas de la región.

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