{"id":10746,"date":"2021-01-23T05:36:40","date_gmt":"2021-01-23T05:36:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.perfil.com\/noticias\/opinion\/dia-de-reyes-en-el-capitolio.phtml"},"modified":"2021-01-23T05:36:40","modified_gmt":"2021-01-23T05:36:40","slug":"dia-de-reyes-en-el-capitolio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/hoycordobaweb.com\/index.php\/2021\/01\/23\/dia-de-reyes-en-el-capitolio\/","title":{"rendered":"D\u00eda de Reyes en el Capitolio"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/hoycordobaweb.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/dia-de-reyes-en-el-capitolio.jpg\"><\/p>\n<div><img src=\"http:\/\/hoycordobaweb.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/dia-de-reyes-en-el-capitolio-2.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<aside class=\"relatedPost\">\n<h3>M\u00e1s noticias de Opini\u00f3n<\/h3>\n<\/aside>\n<p>Las im\u00e1genes del pasado 6 de enero, con la \u201cturba\u201d (mob, como la calificaron los medios incluso antes que los pol\u00edticos) irrumpiendo en el edificio del Congreso estadounidense, han generado variados comentarios, todos centrados en torno a la democracia y su fragilidad, nada menos que en la mayor potencia mundial. Un llamado de atenci\u00f3n que se produce en una naci\u00f3n a la que el discurso de su dirigencia y sus publicistas de todo el planeta ha reiteradamente identificado con el sistema democr\u00e1tico, ese \u201cgobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo\u201d como lo defin\u00eda el gran republicano Abraham Lincoln.<\/p>\n<p>El fantasma de la cruz gamada. Para los propios estadounidenses, a uno y otro lado de la evidente polarizaci\u00f3n que esos hechos pusieron en escena, se trata de la peor crisis institucional de la que tengan memoria, (Watergate inclusive). Y no faltan, dentro y fuera de Estados Unidos, quienes recordaron los acontecimientos de la Alemania de entreguerras, como el Putsch de M\u00fanich en 1923, primer intento fallido del nacionalsocialismo por hacerse del poder.<\/p>\n<p>Alguien a quien no puede acusarse de \u201cizquierdista\u201d, el ex gobernador republicano de California y actor Arnold Schwarzenegger, equipar\u00f3 el \u201casalto al Capitolio\u201d con la Kristallnacht, con tr\u00e1gicos recuerdos familiares de su Austria natal. Seguro ha mezclado dos situaciones separadas entre s\u00ed por cinco a\u00f1os: la quema del Reichstag, el Parlamento alem\u00e1n, en 1933, que le permiti\u00f3 a Hitler obtener poderes de excepci\u00f3n que us\u00f3 para consolidarse como F\u00fchrer todopoderoso, y el megapogrom antisemita de 1938, la \u201cNoche de los cristales\u201d, ejecutado ya en pleno Tercer Reich. Pero el mensaje del actor y pol\u00edtico es claro: la democracia estadounidense corre el riesgo de sufrir el establecimiento de un liderazgo an\u00e1logo al del nazismo.<\/p>\n<p>Totalitarismo y sus primos autoritarios. Bajo una mirada m\u00e1s general, a lo largo de los \u00faltimos cien a\u00f1os la democracia, como idea y como sistema institucional, ha atravesado una serie de crisis y reconfiguraciones que conviene tomar en cuenta antes de abordar la situaci\u00f3n en el coraz\u00f3n del imperio. Cien a\u00f1os atr\u00e1s, en la primera posguerra pronto convertida en \u201cper\u00edodo de entreguerras\u201d, el mundo atravesaba la crisis de los sistemas institucionales liberales, a los que suele identificarse con la democracia. Comenzaba la \u00e9poca de los totalitarismos que ir\u00edan extendi\u00e9ndose por Europa y Asia, primero, para convertirse en protagonistas del escenario mundial a partir de la crisis generalizada en la d\u00e9cada de 1930.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en pa\u00edses que no tuvieron reg\u00edmenes a los que se pueda calificar sin m\u00e1s de totalitarios, en aquella \u00e9poca la norma la constituyeron el autoritarismo y la denegaci\u00f3n de principios republicanos b\u00e1sicos como el sufragio. Baste pensar en la realidad latinoamericana, donde ni la \u201cSuiza sudamericana\u201d, la Rep\u00fablica Oriental del Uruguay, se libr\u00f3 de aquel proceso, como lo atestigua el gobierno de facto de Gabriel Terra entre 1933 y 1938. Incluso en naciones que conservaron la vigencia de los mecanismos institucionales, la rep\u00fablica estuvo al menos parcialmente afectada por pr\u00e1cticas que fortalecieron el rol del Ejecutivo y de organismos p\u00fablicos o mixtos, que en mayor o menor medida respond\u00edan a las directivas del gobierno, dejando en evidencia el debilitamiento de instituciones democr\u00e1ticas y participaci\u00f3n ciudadana.<\/p>\n<p>En ese sentido, tanto el New Deal de Franklin Delano Roosevelt (FDR) o las pol\u00edticas de los gabinetes ministeriales del Reino Unido entre 1923 y 1937, con la alternancia entre el conservador Baldwin y el laborista Ramsay MacDonald, pudieron comprobar que el mayor intervencionismo estatal no se refer\u00eda s\u00f3lo a la econom\u00eda sino que abarcaba ampliamente instancias de decisi\u00f3n que antes correspond\u00edan a la actividad privada, a la acci\u00f3n parlamentaria o a las facultades de los gobiernos locales.<\/p>\n<p>Estado de Bienestar, democracias y populismos. Con la derrota de las potencias del Eje (Berl\u00edn-Roma-Tokio), el fin de la Segunda Guerra Mundial convirti\u00f3 a las democracias en el canal de construcci\u00f3n del Estado de Bienestar, partiendo de esas estructuras se introdujeron formas de participaci\u00f3n o representaci\u00f3n ampliada. De igual modo la versi\u00f3n socialdem\u00f3crata-laborista-socialista como la socialcristiana apostaban a medidas que deb\u00edan sacar a la institucionalidad republicana de su crisis, por v\u00eda de la ampliaci\u00f3n de ciudadan\u00eda en los planos pol\u00edtico, social, econ\u00f3mico y cultural, estableciendo un progreso general que asegurara a las grandes mayor\u00edas una vida mejor y garantizara una mejor convivencia, por medio de la negociaci\u00f3n y b\u00fasqueda de consensos.<\/p>\n<p>Para la Iglesia y los cat\u00f3licos era la reivindicaci\u00f3n de su Doctrina Social, que desembarazada de las acusaciones de \u201creaccionarismo\u201d del reciente pasado, cobraba nuevo impulso, hasta llegar a la renovaci\u00f3n consagrada en el Concilio Vaticano II. &nbsp;<\/p>\n<p>En los pa\u00edses donde ten\u00edan mayor adhesi\u00f3n esas ideas, Italia y Alemania Federal, sus partidos se llamaron dem\u00f3cratas cristianos como muestra del prestigio que, tras la guerra y las experiencias totalitarias, recuperaba el t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>Tan fuerte era la atracci\u00f3n ejercida por la expresi\u00f3n democracia, que hasta los reg\u00edmenes instalados en el Este europeo, Ej\u00e9rcito Rojo mediante, se autoproclamaban \u201cdemocracias populares\u201d. Mientras tanto en Estados Unidos, se iniciaba un boom que abarcaba a la producci\u00f3n, al consumo y hasta a la natalidad, y la vigesimosegunda enmienda constitucional de 1947, al limitar los per\u00edodos presidenciales a dos per c\u00e1pita, pon\u00eda fin a la consolidaci\u00f3n de liderazgos fuertes como hab\u00eda sido el de FDR y, con ello, buscaba fortalecer el car\u00e1cter democr\u00e1tico de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>En las sociedades perif\u00e9ricas, el Estado de Bienestar fue obra, mejor o peor lograda seg\u00fan los casos, de reg\u00edmenes catalogados de \u201cpopulistas\u201d. Si las naciones del centro pod\u00edan, relativamente, presentarse como las representantes virtuosas del modelo, en los pa\u00edses perif\u00e9ricos las condiciones de partida hab\u00edan sido m\u00e1s complicadas: bajos niveles de inversi\u00f3n, de productividad y de desarrollo tecnol\u00f3gico y desigualdades sociales muy grandes m\u00e1s desequilibrios regionales, formaban un combo de altos niveles de conflictividad y fuertes resistencias a los cambios. Tuviesen o no sus gobernantes voluntad de negociar o consensuar entre grupos y sectores, las pol\u00edticas econ\u00f3micas, sociales y culturales ligadas a la ampliaci\u00f3n de ciudadan\u00eda, en la mayor\u00eda de los casos se aplicaron por v\u00eda de imposici\u00f3n mayoritaria en el mejor de los casos y autoritaria en el peor. L\u00f3gicamente esta variante, obtuvo \u00e9xitos parciales y de breve duraci\u00f3n y tambi\u00e9n fracas\u00f3 como sistema, al no lograr que convivieran por mucho tiempo el capitalismo, la inversi\u00f3n, la eficiencia econ\u00f3mica, la incorporaci\u00f3n de tecnolog\u00eda y la justicia social.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o llega a su fin. Los avisos de que el sue\u00f1o llegaba a su fin aparecieron en la segunda mitad de la d\u00e9cada de los sesenta, con la creciente poblaci\u00f3n juvenil que no hallaba horizontes, tanto en sociedades de la \u201cperiferia\u201d, para usar la expresi\u00f3n de Prebisch, sino tambi\u00e9n en el \u201ccentro\u201d formado por los principales beneficiarios de ese boom, como Europa occidental, Estados Unidos y Jap\u00f3n. La \u201cglobalidad\u201d del fen\u00f3meno tambi\u00e9n alcanz\u00f3 a Europa oriental, donde su epicentro no eran las entonces m\u00e1s pobres como Bulgaria o Rumania, sino las m\u00e1s modernizadas Checoslovaquia y Polonia.<\/p>\n<p>La crisis era sobre todo de naturaleza social, pol\u00edtica, cultural y pronto afectar\u00eda a la econom\u00eda. La salida del patr\u00f3n oro dispuesta por el presidente Nixon \u2013pateando el tablero de los reaseguros internacionales al comercio y las finanzas establecidos en los acuerdos de Bretton Woods de 1944\u2013, seguida por la \u201ccrisis del petr\u00f3leo\u201d y sus consecuencias globales, iniciaron lo que fue el colapso de los modelos de Estado de Bienestar democr\u00e1ticos de Occidente y de las democracias populares de matriz socialista.<\/p>\n<p>Con la inviabilidad de continuar el Estado de Bienestar, desde fines de los setenta y comienzos de los ochenta surgi\u00f3 y gan\u00f3 el escenario el neoliberalismo, o neoconservadurismo como prefer\u00eda llamarlo, entre otros, Ra\u00fal Alfons\u00edn. M\u00e1s all\u00e1 de que en la Argentina los conservadores siempre se considerasen liberales y que en nuestro pa\u00eds las autodefiniciones no se correspondan bien con el uso de esos t\u00e9rminos en otras partes del mundo, la advertencia es v\u00e1lida porque los cambios operados en las \u00faltimas d\u00e9cadas, especialmente en Estados Unidos, han trastocado lo que parec\u00eda \u201cnatural\u201d.<\/p>\n<p>Por ejemplo, la identificaci\u00f3n entre asalariados y el Partido Dem\u00f3crata, y entre la dirigencia de discurso progresista y de impulso a la producci\u00f3n industrial. El escenario, hace ya varios a\u00f1os, muestra a asalariados votando por candidatos conservadores republicanos y hasta de extrema derecha, mientras que los pol\u00edticos m\u00e1s ligados a las altas finanzas globales pertenecen a las filas dem\u00f3cratas, cuyo ejemplo m\u00e1s conocido \u2013pero de ning\u00fan modo el \u00fanico\u2013 es el matrimonio Clinton.<\/p>\n<p>\u00d3xido sin horizonte. Fue entonces cuando la globalizaci\u00f3n provoc\u00f3 la relocalizaci\u00f3n de empresas, la preponderancia de los sectores terciarios en su econom\u00eda, y en especial, la impresionante expansi\u00f3n del sector financiero. Resultado: las antiguas zonas industriales vieron crecer, desde antes de que finalizara el siglo pasado el crecimiento exponencial del llamado Rust Belt, el cintur\u00f3n de \u00f3xido de las f\u00e1bricas cerradas, con sus instalaciones y maquinarias abandonadas.<\/p>\n<p>En muchos casos la p\u00e9rdida de empleos se explica por una mayor robotizaci\u00f3n o la aplicaci\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas; en otros se debi\u00f3 al traslado de procesos productivos o plantas enteras a \u00e1reas perif\u00e9ricas, con menores niveles salariales y de recorte a los derechos laborales. Pero esta periferia no s\u00f3lo es de fronteras hacia afuera: varios estados del Medio Oeste o incluso condados de Virginia, Carolina del Norte o Wisconsin vieron crecer la ocupaci\u00f3n industrial y manufacturera en estos a\u00f1os. El motivo es la falta de sindicalizaci\u00f3n y de negociaci\u00f3n colectiva de convenios de trabajo en esas \u00e1reas del pa\u00eds. Dicho en lenguaje noventista, \u201cflexibilizaci\u00f3n\u201d y \u201creestructuraci\u00f3n\u201d laboral. Las consecuencias afectaron sobre todo al antiguo proletariado industrial blanco.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos relativos, son los m\u00e1s empobrecidos, los que m\u00e1s han ca\u00eddo en cuanto a nivel de vida y, sobre todo, de expectativas, incluso m\u00e1s que afroamericanos e hispanos. Al menos una cuarta parte de los trabajadores estadounidenses forman la clase que lentamente fue calificada despectivamente de white trash (\u201cbasura blanca\u201d). Son los hijos y nietos del orgulloso proletariado industrial blanco de los a\u00f1os cincuenta, sesenta y setenta, que era \u201cprogresista\u201d en t\u00e9rminos norteamericanos, sindicalizado y que votaba regularmente por los dem\u00f3cratas desde el New Deal. El Partido Dem\u00f3crata hoy expresa m\u00e1s los intereses de las \u00e9lites financiera, tecnol\u00f3gica, comercial, burocr\u00e1tica e intelectual, olvidando a sus antiguos votantes que los ven c\u00f3mo sus peores enemigos, mientras sobreviven con trabajos considerablemente por debajo de la calificaci\u00f3n laboral y sin cobertura m\u00e9dica ni previsional.<\/p>\n<p>Para la mayor\u00eda de ellos, la posibilidad de acceder a la vivienda propia desapareci\u00f3 con las burbujas inmobiliarias, cuyo estallido los dejaron adem\u00e1s sin acceso a cr\u00e9dito que no sea usurario. La aspiraci\u00f3n al ascenso social por v\u00eda generacional se ha convertido en un sue\u00f1o imposible: no hay margen alguno para reunir un \u201cfondo de estudios\u201d para los hijos, con lo que el futuro se muestra tan o m\u00e1s oscuro que el presente.<\/p>\n<p>Es un caldo de cultivo ideal para que se reproduzcan los sentimientos de frustraci\u00f3n, el rechazo a la \u201cpol\u00edtica tradicional\u201d y \u201clos pol\u00edticos\u201d, la convicci\u00f3n de estar siendo maltratados por gente que los consideran sus \u201cinferiores\u201d, de all\u00ed la adhesi\u00f3n a ideolog\u00edas y organizaciones ligadas a la \u201csupremac\u00eda blanca\u201d y dem\u00e1s formas de racismo. Por eso asumen la defensa a ultranza de los que interpretan como los \u00faltimos derechos para hacer frente a tantas amenazas, la Segunda Enmienda de la Constituci\u00f3n: el de poseer y portar armas.<\/p>\n<p>El ocaso americano. Es esa gente la que, junto con sectores tradicionalmente m\u00e1s conservadores, como los de zonas de producci\u00f3n agr\u00edcola y ganadera, llev\u00f3 al triunfo \u201cimposible\u201d de Donald Trump en las elecciones de 2016. En noviembre pasado, no pudo repetir el resultado, sin embargo lleg\u00f3 al 47 por ciento de los sufragios, m\u00e1s de 74 millones de votantes en unos comicios marcados por una inusitada participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No todos ellos se movilizaron al Congreso, incluso no todos los manifestantes de ese D\u00eda de Reyes \u201casaltaron\u201d el edificio. Muchos de ellos hasta se mostraron disgustados con los \u201catropellos de la turba\u201d, como se encargaron de reiterar en su cobertura las cadenas televisivas, cuyo relato sonaba a que los b\u00e1rbaros hab\u00edan violado el sagrado recinto de los Padres de la Rep\u00fablica. En todo caso, los sucesos del 6 de enero de 2021 muestran la crisis institucional de la primera potencia mundial, la desesperaci\u00f3n creciente de una parte numerosa de su poblaci\u00f3n, descre\u00edda de muchos pol\u00edticos de los mecanismos de consenso y dispuesta a creer todo tipo de teor\u00edas conspirativas. Y lo que es peor: lo suficientemente enojada como para actuar en consecuencia.<\/p>\n<p>Cuando la pol\u00edtica falla en articular una sociedad compleja, sus fuerzas se polarizan, la conflictividad crece y se inicia un movimiento que tiende a acelerar el camino hacia una debacle econ\u00f3mica. Esta, a su vez, realimenta el ciclo de conflictividad y polarizaci\u00f3n. La salida dr\u00e1stica, por v\u00eda de imposici\u00f3n totalitaria, autoritaria o populista, es una tentaci\u00f3n latente cuando el sistema institucional dej\u00f3 de contar con la confianza, el respaldo y el respeto de una parte significativa de la poblaci\u00f3n, que deja de sentirse ciudadana o asume que, en las condiciones dadas, lo es s\u00f3lo de \u201csegunda clase\u201d. Una tentaci\u00f3n que no s\u00f3lo rige para sociedades perif\u00e9ricas sino, al menos la historia lo ha mostrado, tambi\u00e9n para pa\u00edses centrales.<\/p>\n<p>Lo ocurrido en Estados Unidos nos alerta sobre el rol del sistema democr\u00e1tico. Ning\u00fan hombre o mujer puede valorar el sentido de las instituciones si no puede comer, educarse y vivir dignamente.<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo un problema de los pol\u00edticos tambi\u00e9n lo es para la sociedad.<\/p>\n<p>Sin valores \u00e9ticos y espirituales ninguna civilizaci\u00f3n puede sobrevivir, estos valores expresan el respeto al pr\u00f3jimo, a la naturaleza o sea al humanismo y a la palabra empe\u00f1ada. Cuando un sistema cualquiera engendra agresiones contra natura se produce una l\u00f3gica destructiva fuente de toda violencia.<\/p>\n<p>El ocaso de un sistema siempre se inicia con fuertes tensiones pol\u00edticas y sociales, la desesperaci\u00f3n ante la ausencia de comportamientos \u00e9ticos y la entronizaci\u00f3n de la decadencia nos formulan interrogantes preocupantes.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso alguien imagin\u00f3 que Washington tuviera que blindarse para el acto de asunci\u00f3n de un nuevo presidente?<\/p>\n<p>*Secretario General CATT.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s noticias de Opini\u00f3n Las im\u00e1genes del pasado 6 de enero, con la \u201cturba\u201d (mob, como la calificaron los medios incluso antes que los pol\u00edticos) irrumpiendo en el edificio del Congreso estadounidense, han generado variados comentarios, todos centrados en torno a la democracia y su fragilidad, nada menos que en la mayor potencia mundial. 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