
02/04/2026 00:02hs.
El 2 de abril de 1982 el gobierno de facto encabezado por Leopoldo Galtieri ordenó el desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas. 44 años después, la Guerra sigue doliendo. Sin embargo, con un acento bien argentino, Candela Cerrone honró a los caídos con un grito estremecedor. Motivada por una historia familiar, la atleta platense ganó la Stanley Marathon y le dedicó el triunfo a los ex combatientes. » Me repetía que no podía quejarme del viento o del frío porque ahí se había sufrido de verdad«, confesó en diálogo con Olé.
La maratón en las Islas Malvinas
-¿Qué sentiste al correr y ganar la maratón en las Islas?
-Es muy duro. Son pocos corredores. Vas sola, no hay pelotón. Tenía tres ingleses adelante que no podía alcanzar y otra atrás, eso te moviliza mucho. Además me repetía todo el tiempo que no podía quejarme del viento o del frío. Sentía que ahí se había sufrido de verdad.
-¿Qué se te pasó por la cabeza durante la carrera?
-Pensaba mucho en los veteranos. No quería ni llorar ni emocionarme porque eso te cambia el ritmo respiratorio y yo iba al máximo, tratando de sostener la carrera. Intentaba controlar los sentimientos. Sabía que si me dejaba llevar iba a perder ritmo. Estaba enfocada en mantener el primer puesto femenino y no arruinarlo. Tuve esa sensación todo el recorrido, pero más cuando el clima se hacía sentir. Ahí tomás dimensión de lo que fue realmente la Guerra.
-¿Cómo era el clima en las Islas y qué hizo distinto ese recorrido frente a otros?
-No hay reparo, no hay árboles. El viento pega de todos lados. El terreno tiene subidas, bajadas, mucha altimetría. Ya me habían dicho que calcule entre 15 y 20 minutos más que en un maratón llano. Y fue así: tardé 15′ más.
-¿La frase que dijiste al llegar fue pensada o simplemente te surgió? ¿Cómo viviste que se hiciera viral?
-No lo pensé. Solo recuerdo haber gritado ‘Argentina’. El resto salió sin pensarlo, fue lo que sentí: que estaba en suelo argentino y que tenía la bandera del país en el cielo. Después me sorprendió muchísimo la repercusión, no me la imaginaba, pero la agradezco mucho.
-¿Qué representó para vos ganar en ese contexto?
-Fue muy fuerte. Después de la maratón fui al Cementerio de Darwin donde están enterrados los soldados argentinos caídos en la Guerra e hice expediciones, recorrí campos de batalla y me metí en el mar. Fue una experiencia muy intensa más allá de la carrera.
-¿Te pasó algo que no esperabas y te sorprendió?
-Sí, conocí a cuatro argentinos. Un grupo de corredores de Buenos Aires. Nos ayudamos como si nos conociéramos de toda la vida: uno me hidrataba, otro me alentaba y otro fue el que me filmó el vídeo que se hizo viral.
Conflicto y repercusión tras su festejo
-¿Cuándo cambió el trato con ustedes?
-Después de una nota que di en el Penguin News, el diario local. Yo había dicho que estaba feliz de correr en nuestro suelo y eso no cayó bien. A partir de ahí no publicaron la entrevista ni fotos mías. Tampoco hicieron el podio como de costumbre: entregaron los premios de manera individual. Eso me molestó.
-¿Cómo fue el encuentro con el gobernador de las Islas?
-Me dijo que podía volver como deportista, pero no a hacer política. Le respondí que yo vine a correr. Ahí terminó. Fui porque era la única forma de sacarme la foto que quería.
-¿Creés que vas a poder volver a las Malvinas?
-Pareciera que no, aunque ojalá que sí. De todos modos, no me arrepiento de lo que dije. Fue genuino: yo sentí que estaba en mi suelo. Lo volvería a hacer, incluso con más convicción.
-¿Cómo fueron los días posteriores?
-Cambió el clima. A los locales no les gustó nada lo que dije y eso se notó. En la calle dejaron de ser cordiales. La persona que me alquilaba, que era inglesa, incluso me pidió que no diera más notas. La salida, de hecho, fue muy dura: a algunos compañeros les revisaron todo. No te podés llevar nada, ni siquiera un pedazo de tierra. Todo se tensó mucho. De mi parte, igual, quedé muy agradecida por la difusión, porque ese era el objetivo: mantener viva la memoria.
Experiencia en las Islas
-¿Cómo fue la experiencia de viajar y llegar a las Islas?
-Es complicado. Hay dos formas de llegar. Nosotros fuimos como pudimos. Tenés que tomarte tres vuelos: hicimos Ezeiza, Santiago de Chile, Punta Arenas y de ahí a las Islas. Ida y vuelta igual. Es agotador. Llegamos un sábado para correr al día siguiente.
-¿Cómo es el lugar al que llegás?
-El aeropuerto es una base militar y no tiene nada de uno convencional: hay hangares, tanques y alambrados. Pero, al mismo tiempo, desde que llegué sentí estar en Argentina, por esos paisajes que remiten a distintos rincones del país, como si las Islas condensaran un poco de todo eso. La contracara es que, en muchos aspectos, sigue siendo un lugar muy inglés, aunque hoy no viven allí tantos ingleses, sino más bien muchos extranjeros. Argentinos, en cambio, quedan muy pocos.
Historia personal y vinculación con Malvinas
-¿Tenés un vínculo familiar con Malvinas?
-Sí, un primo ex combatiente, Marcelo Tortora. Nunca habló del tema. Ahora entiendo su silencio.
-¿Su historia te motivó a ir?
-Quería conocer, entender y visibilizar, pero también asumir un desafío personal. La oportunidad me llegó de una manera muy casual, aunque es cierto que siempre me movilizó el silencio de mi primo. De chica no lo entendía: yo lo admiraba, pero no sabía qué le había pasado para no hablar. Con el tiempo, sobre todo después de este viaje, terminé de comprender por qué eligió callar. Fue todo muy duro.
– ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia vinculados a Malvinas?
-Yo nací en el 77, en el 82 estaba empezando la primaria. Preparando la maratón se me vinieron recuerdos que tenía totalmente olvidados: estar en la escuela con un punzón picando las Islas, pegar figuritas. Y también el día que fuimos a buscar a mi primo cuando volvió. Había un clima festivo en la ida, pero la vuelta fue en silencio absoluto. Me acuerdo que lo vi y sentí que no era el mismo.
-¿Ese recuerdo te marcó?
-Sí, pero no era consciente. Me di cuenta ahora, con más de 40 años, preparando este viaje. Ahí entendí que algo me había afectado, aunque en su momento no lo registré.
-¿Influyó tu historia personal en este viaje?
-Muchísimo. Se me despertaron muchas preguntas que nunca había hecho por respeto. En las Islas encontré varias respuestas. Hablé con gente, incluso con compañeros de mi primo que me escribieron. Él había estado en el Regimiento 7 de Infantería de La Plata. Gracias a personas que conocí durante el viaje pude recorrer lugares donde él estuvo, como Monte Longdon, escenario de combates muy duros. Todo eso me ayudó a comprender mucho más.
-¿Qué te generó eso en lo personal?
-Me cambió. Fui con una idea y volví con muchas más. Entendí la crudeza de lo que vivieron y también aprendí algo importante: no eran ‘niños’, eran hombres muy valientes. Aprendí a respetar a quienes eligen el silencio.
-¿Sentís que el deporte te llevó de vuelta a ese vínculo?
-Sí, totalmente. El correr me llevó otra vez a ese lugar, a esa historia. Fue como cerrar algo que tenía pendiente.
La preparación para la carrera
-¿Cómo fue la preparación?
-Muy exigente. Entrenaba seis días a la semana, sumaba gimnasio, yoga y kinesiología, y también cuidaba mucho la alimentación. En cuanto al clima, tratamos de simularlo en la preparación, aunque las condiciones reales son imposibles de replicar por completo.
-¿Y a nivel emocional?
-Fue fuerte. Recordé muchas cosas de mi infancia y de la guerra. Ya en la previa, muchos ex combatientes se enteraron que iba a correr y se comunicaron conmigo. Sentí un poco la presión, pero trataba de no dejarme llevar por las emociones: quería cumplir el objetivo, que era ganar, pero ganar para que tuviera más sentido la memoria que quería generar sobre Malvinas.
-¿Sentís que tu objetivo se cumplió?
-Sí, era lo que quería: que se visibilice Malvinas ganando, para que tenga más repercusión. Y se logró. Volvería a ir, aunque no sé si voy a poder, pero siempre mediante el deporte, que es la herramienta que tengo. Sin dudas, volvería y diría lo mismo de nuevo.







