El pasado verano nos dejamos seducir por las llamativas hojas rosas del filodendro pink princess y su capacidad para atraer el amor. Y ahora que comenzamos el año nuevo, nada mejor que buscar por una variedad aún más extravagante que nos traiga buena suerte y abundancia este 2026. Por supuesto, la hemos encontrado.
Se trata de la monstera Deliciosa Albo Variegata o monstera Borsigiana Albo, una de las variedades más codiciadas por los amantes de las plantas y una suerte de rara avis del mundo botánico. Esta joya es fruto de una mutación genética que reduce la clorofila en ciertas zonas y que le otorga un aspecto casi marmóreo. En este caso, el ya de por sí llamativo follaje de la monstera adquiere un color blanco puro que, en ocasiones, llega a cubrir por completo toda la hoja, lo que provoca un contraste espectacular con su característico verde profundo.
Sus extravagantes hojas, algunas completamente blancas, otras verdísimas y otras que combinan ambos patrones de color conjugan la exuberancia tropical de sus orígenes (es nativa de las selvas de México y América Central) y el refinamiento estético que la convierten en un valor en alza en decoración.
Por qué deberías tener una monstera blanca en casa
La imponente presencia de esta llamativa variedad botánica impone calma y carácter, además de revela el gusto por lo singular. Además, posee un profundo simbolismo. Según el feng shui, combina el significado espiritual de la monstera (crecimiento, expansión, buena suerte y purificación) con las características específicas de su variegación blanca o alba, que simboliza la pureza, claridad mental, la singularidad y la resiliencia. Por su parte, Borsigiana se refiere a una forma de Monstera deliciosa más estilizada y de crecimiento rápido, lo que la convierte en una planta que atrae fortuna y vitalidad.
Adamás, se considera especialmente favorable para activar la energía vital o chi en espacios de trabajo creativo y salones. Ubicada en el área de la prosperidad o del conocimiento, favorece el equilibrio entre lo material y lo espiritual. Su porte orgánico suaviza las líneas rectas y armoniza los flujos energéticos del hogar.
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Por si fuera poco, la monstera, en todas sus variedades, contribuye a mejorar la calidad del aire y a regular la humedad ambiental. Desde el punto de vista ornamental, su extravagante follaje reduce el estrés visual y aporta una conexión simbólica con la naturaleza, además de funciona como punto focal, aporta contraste en ambientes neutros y dialoga a la perfección con materiales nobles, equilibrando y añadiendo sofisticación al ambiente.
Cuidados de la monstera alba: luz, riego y ubicación
En su hábitat natural, la monstera crece como planta trepadora bajo la protección de árboles mayores, aunque la variedad variegata ‘Alba’ no se da de forma natural en la naturaleza, sino que su mutación surge en cultivo, seleccionada y propagada cuidadosamente por esquejes. Eso sí, su origen selvático explica su amor por la humedad ambiental y la luz filtrada, donde ha aprendido a buscar la claridad sin exponerse al sol directo, lo que marcará sus necesidades en interior.
Los cuidados de luz son esenciales para conservar su belleza. Esta variedad de monstera alba necesita abundante luz indirecta, preferiblemente cercana a una ventana bien iluminada, pero protegida por cortinas translúcidas, ya que el sol directo puede quemar las zonas blancas de la hoja, mucho más sensibles que las verdes. Una iluminación insuficiente, en cambio, provoca pérdida de variegación y hojas más pequeñas. Encontrar el equilibrio de luz es clave para su desarrollo armónico.
Respecto a su ubicación, conviene situarla en un espacio amplio donde pueda crecer sin restricciones, preferiblemente con un tutor de musgo que imite su hábito trepador natural. La monstera alba también gradece ambientes cálidos y estables, con cierta humedad, como en sus selvas de origen, protegida de corrientes de aire o cambios bruscos de temperatura.
En este caso, a pesar de necesitar un ambiente húmedo, su riego directo debe ser moderado y consciente: una o dos veces por semana en los meses de verano y altas temperaturas y cada 10 o 15 días (dos o tres veces al mes), en invierno. El mejor truco para saber cuándo necesita aporte de agua, además de un buen drenaje, es dejar secar ligeramente el sustrato (entre tres y cuatro centímetros) entre riegos, ya que el exceso de agua es uno de sus mayores enemigos, especialmente en raíces jóvenes.







