Parece que a todos nos pasan los años, pero a María Paulinelli no. La recuerdo en sus clases, como alumna, siempre activa, enérgica, brindándose generosamente. Pasaron décadas desde entonces y ella está igual, en cuerpo y espíritu. Menudita, inquieta, nos recibe con un mantel impecable de bordados coloridos, sirve café recién preparado y destapa frascos con galletitas. Conversadora, dice estar preocupada por la actualidad política y evoca otros tiempos para ilustrar cómo el germen del enfrentamiento y las divisiones vienen de antaño.

“En mi casa eran terriblemente antiperonistas, yo sentía en mi familia la división entre los inmigrantes y los criollos. Y eso sigue, de otras maneras: pero hay que terminar con eso, somos un solo país”, dice, posicionada contra la famosa grieta “que siempre divide a los argentinos”. Propone en cambio llevar el diálogo a la política y dice que encontró en la educación su lugar en el mundo: “Nunca me cansó dar clases porque creía que era mi forma de mejorar el mundo”, dice convencida. Este año, Paulinelli presentó «Escritura y Memoria. El Periodismo y sus formas», un conjunto de reseñas de libros de egresados y egresadas de la ECI-FCC publicadas originalmente en el portal QUÉ y luego en el libro editado por Alexis Oliva y Roy Rodríguez Nazer, con prólogos de Oliva y Alicia Entel.

– ¿Desde cuándo estás jubilada y cómo lo llevas?

– Me jubilé en el año 2015, pero seguí participando en la vida de la Facultad, porque apenas me jubilé hice algunas cátedras libres. Luego, con la pandemia, me pidieron que escribiera para el portal de la institución y empecé a publicar ahí. También me interesaba elaborar un relato que mostrara cómo a través del periodismo, la Escuela había asistido a las transformaciones de la sociedad. Como contaba con muchas publicaciones de periodistas egresados, realicé una recopilación y los reseñé en el libro “Escritura y Memoria”, que presentamos este año. En la actualidad sostengo un espacio de lectura acá en el barrio donde nos reunimos todos los viernes, a través del cual he descubierto el valor de la lectura en voz alta, ¡es algo maravilloso lo que se genera en el grupo! En este espacio trato de convencer a las personas de que es necesario leer.

– Seguís muy activa…

– Hago cosas positivas, fundamentalmente la escritura me hace bien. Pienso que la palabra puede mejorar el mundo y una de esas formas es la lectura y la escritura. Me he dado cuenta, en ese espacio de lectura semanal, que hay gente que tiene setenta años y dejó de leer hace muchísimo tiempo. Aun teniendo acceso, hoy el libro se ha transformado en un objeto de culto, sólo algunos lo poseen.

– Alguna vez dijiste que te refugiaste en la literatura, ¿qué significa?

– Mi relación con la literatura se inicia desde muy chica, cuando mi abuelo croata me leía en voz alta los clásicos argentinos para mejorar su idioma; pero además porque yo era una oyente que no lo molestaba. Descubrí el placer de la lectura desde temprano, aprendí a leer sola. De universitaria pasé por momentos políticos muy duros, durante la Revolución Argentina de Onganía estuvo cerrada la Facultad. Di clases en nivel primario, secundario y después en la Universidad. Siempre privilegié el sentido de la lectura como forma de mejorar, de conocer el mundo. Mis ex alumnos cuando me ven recuerdan que yo les decía: ¡lean, lean!

– ¿Qué aporta la literatura al periodismo?

– En los años ´60 empieza a descascararse la modernidad y hay una difuminación de géneros, de formas de expresión, que se traduce en los préstamos que el cine hace de la literatura, o ésta del cine, y que también el periodismo hace. Desde la cátedra fundamentalmente sirvió para formar a los periodistas que estudiaban en la Universidad. En Estados Unidos se produce lo que se llama el “nuevo periodismo”, que se hace trayendo recursos de la literatura. Es decir, se hace como si fuera un relato, se incluyen los diálogos, detalles simbólicos de los personajes. Eso se traslada a Córdoba y es muy importante. Tenemos personas que tomaron esa forma y experimentaron. Además, y en esto voy a ser muy certera, Rodolfo Walsh, allá por fines de los cincuenta, escribió Operación Masacre: es el primer libro en el que un hecho real es novelado. Los estadounidenses dicen que Truman Capote, con su novela A sangre fría, en los años sesenta, fue el primero. ¡No, el primero fue Rodolfo Walsh! Nosotros tenemos esa primacía. Es una forma de relatar que permite dar otras versiones sobre lo que verdaderamente sucedió. En la actualidad el concepto de ficción ha sido reemplazado por el de “mundo posible”. Cada novela es un mundo posible, que tiene sus propias reglas de funcionamiento. Pero que tiene la espesa selva de lo real, como dice Juan José Saer, que es elaborada discursivamente. Por ejemplo, la novela “Bue”, de Martín Caparrós, habla de Buenos Aires, la ciudad está retratada, pero ¿cómo podemos distinguir qué es lo real y qué es lo inventado por él? Imposible.

– ¿Qué te dejó como experiencia el libro “Escritura y Memoria. El Periodismo y sus formas”?

– Primero el reencuentro con los escritores, por ejemplo, Carlos Gallo de Catamarca viajó a Córdoba para traer su libro. Poder conversar con personas que había dejado de ver de acá, saber qué están haciendo, qué pasa con el periodismo, me enriqueció. Pero fundamentalmente establecí en este trabajo que la Escuela de Ciencias de la Información, como se la llamaba, tuvo un rol protagónico en la formación de los periodistas actuales. Porque receptó las transformaciones que se iban produciendo en el periodismo: recuerdo que la Escuela también posibilitó el encuentro con periodistas conocidos: vinieron Jorge Lanata, Osvaldo Soriano, Martín Caparrós. Es decir, hubo un contacto entre los estudiantes y los creadores de ese momento. También creo es una revalorización del periodismo de Córdoba, porque se empezó a leer a Daniel Salzano, a Ramiro Ortiz, que seguía su línea. Y, por otro lado, hubo gente que transformó el periodismo deportivo. El libro Escritura y Memoria recupera esto, muestra las transformaciones que se dieron en la crónica, en la novela histórica, en la entrevista, etc. Inicia con textos de Eugenia Almeida y Camila Sosa Villada. El libro puede ser considerado una historia del periodismo actual o un informe de situación, donde voy mostrando qué pasó con esos elementos: la memoria, la historia, etc.    

– ¿Cómo seleccionaste los textos que reseñás en el libro?

– Elegí las publicaciones de acuerdo a la modalidad discursiva que podían tener. La condición era haber sido egresado o estudiante de la Escuela de Ciencias de la Información. Y el libro escrito debía estar publicado, que haya tenido una circulación. Por ejemplo, Camilo Ratti trabajó la memoria, Hernán Vaca Narvaja trabajó lo que era la no ficción. Otras personas que no están en el país como Analía Iglesias y Gabriela Vidal también fueron incluidas.

– ¿Qué opinás del periodismo actual?

– Respecto al periodismo escrito, en este momento tiene sus falencias, porque son muy pocos los que avanzan. Yo particularizo la revista El Sur, que me parece una publicación excelente. No lo digo porque ahora hable con vos, sino por lo que he leído. Tengo mis desilusiones con otros medios independientes de Córdoba donde encontrás cierta banalidad en el tratamiento de la información. Por otro lado, el problema que veo en los medios nacionales es una especie de conflicto entre una ideología más de derecha, menos progresista y una buena escritura. Hay periodistas excelentes como Fernández Díaz o Morales Solá, pero no comulgo con su ideología. Aun así, pareciera que La Nación ha quedado como el reducto donde se sigue manifestando esa necesidad de trabajar el periodismo. 

– ¿Cómo estás viendo la educación pública?

– Yo evidencié en los últimos años de la docencia un debilitamiento de la formación cultural de los estudiantes. Lo percibía en que no iban al teatro, al cine, cada vez leían menos. Antes, yo mencionaba a Roberto Arlt y veía la chispita en los ojos de los alumnos, no faltaba quien levantara la mano y aportara algo. Siempre lo cuento, con mucha tristeza, que en una clase había hablado de Marechal y un alumno al salir me dijo: ¿ese Marechal de qué parte de Estados Unidos es? Entonces sentí que ya era tiempo de retirarme, porque tenía una formación que no iba acorde… Pero tengo la posibilidad de seguir haciendo lo que pienso sobre la palabra, sobre su poder transformador, tanto en el portal como para EDUVIM, donde hago reseñas de textos. Me preocupa la Universidad, porque me parece que fue perdiendo lentamente ese espacio de discusión sobre la vida argentina que antes era importante.

– ¿Por qué creés que pasó eso?

– Por varios motivos, por un lado, hay una crisis de lectura, de a poco se fue dejando de leer. Hay dificultades en los talleres que se implementan en las transformaciones desde la Facultad de Ciencias de la Comunicación, dicho por los alumnos. Hubo un empobrecimiento de la lectura, del comentario, que se acentuó con la pandemia. Hoy se ven sus resultados; hay un descrédito general sobre la política, entendida como la posibilidad de que todos puedan vivir mejor. Hay otros temas que interesan, que son importantes, como la ecología, la igualdad entre los géneros, pero estamos dejando de lado lo fundamental: la política como forma de organizar la sociedad. A mí me enamoró cuando Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, dijo: “No estamos soñando, estamos recordando el tiempo en que la política era el arte de transformar la sociedad, ¡y no de administrarla!”.

Nota por Carolina Saiz para Revista El Sur

Fotografía: Diego Cabrera