El objetivo de Gretchen Rubin, experta de la ciencia de la felicidad, es crear -o más bien enseñar- vidas más felices y significativas. Aunque estudió Derecho en la Universidad de Yale y llegó a ser asistente legal de Sandra Day O’Connor, se dio cuenta de que su camino era otro y ahora es autora de bestsellers del New York Times y se dedica a explorar soluciones prácticas para vivir una vida más plena, como en su último libro ‘Secret of Adulthood’.
Ella misma explica en la CNBC que muchas de sus reflexiones “se centran en uno de los papeles más importantes que desempeñamos: criar hijos felices y equilibrados”. Estas son las 12 reglas de crianza que como madre y experta en felicidad, siempre sigue.
Ajusta y para cuando sea necesario
En este punto Rubin habla de “ajustar tus actividades a sus necesidades del momento”. Esto no significa hacer lo que el niño quiere hacer en todo momento, sino no forzar ciertas actividades que hacer porque piensas que le van a gustar. Si tienes grandes planes con tu hijo, pero él no coopera porque está enfadado, triste o nervioso, es parte de la sensibilidad parental ajustarlas. Cuando un niño está emocionalmente desregulado, insistir en continuar con una actividad puede provocar una mayor desvinculación. Es más, hay estudios sobre corregulación que indican que existe una relación bidireccional entre la reactividad emocional del niño y la respuesta de los padres.
Mantente emocionalmente estable
Rubin sostiene que “al esforzarnos por mantener la calma nosotros mismos, ayudamos a nuestros hijos a mantener la calma”. Es lo que se conoce como corregulación, regular tu propio estado emocional para poder acompañar al niño. Esto es especialmente práctico cuando el niño tiene una rabieta, pero también en cualquier otro momento porque como bien explica la experta, “los niños no quieren la presión de sentir que el estado de ánimo o la perspectiva de sus padres dependen de su comportamiento”, y de hacerlo, podríamos provocar graves problemas en su futuro.
Saluda y despídete con amor
La calidez y las microinteracciones positivas fortalecen el apego seguro, y según Rubin, “esta pequeña acción marca una gran diferencia para los niños al potenciar el ambiente de ternura y atención en el hogar”. En mi casa, por ejemplo, he crecido dando dos besos a mis padres antes de irme y al llegar, aunque nos hubiéramos visto hace nada. Es una forma de demostrarles lo mucho que me alegro de verles en todo momento.
Encuentra pequeñas formas de celebrar
Sabemos que los ritos familiares y las pequeñas tradiciones aumentan cohesión, reducen el conflicto y mejoran la regulación emocional en los niños. Si incluimos pequeñas tradiciones, convertimos un día normal y corriente en uno “especial e inolvidable”, como apuntaba la experta.
Di no solo cuando realmente importe
En este punto lo que sostiene Rubin es algo sencillo pero que se nos olvida: los niños son niños. No van a comportarse como adultos cuando son niños, y no tenemos que, como padres, tener el no en la boca en todo momento. Si quiere combinar una falda con un pantalón, ponerse un disfraz de hada un lunes o escuchar en bucle una canción, deja que lo haga. Los límites son importantes en los niños, pero los padres tienen que reservarlos para temas esenciales y vitales como la seguridad, el respeto o la salud. No podemos limitar absolutamente todo. Reducir prohibiciones innecesarias, reduce también discusiones y mejora la cooperación.
Adapta tu enfoque a la personalidad del niño
En sus investigaciones Rubin asegura que existen diferentes “tipos” de niños según cómo se comporten. Habla de cuatro tendencias: el cumplidor, que cumple con las normas y responden fácilmente a las expectativas externas e internas; el cuestionador, que cuestiona todas las expectativas y las cumplirán si creen que tiene sentido; el defensor, que se esfuerza por cumplir con las expectativas externas pero le cuestan las internas; y el rebelde, que se resiste a todas las expectativas, tanto externas como internas. Adaptar la comunicación a cada tipo de niño es clave, porque unos necesitarán que les expliques el por qué de las cosas y otros no, por ejemplo.
Encuentra humor en las situaciones tanto como sea posible
“Esto incluye estar dispuesto a reírse de uno mismo”, advierte la experta. El humor reduce el estrés parental y es capaz de desactivar algunos conflictos leves porque las emociones positivas actúan como amortiguadores. Según Rubin, “los percances suelen ser los que dan lugar a los mejores recuerdos”.
Señala las fortalezas y talentos de tu hijo
En lugar de decirle “qué bien que hayas hecho x”, elogia sus habilidades, independientemente del resultado que hayan obtenido. Esto responde a que la investigación ha determinado que un elogio por algo que se ha hecho sólo motiva al niño a recibir más elogios. En cambio, la teoría de autoeficacia de Albert Bandura asegura que identificar fortalezas aumenta la motivación y la autoestima. “Tanto para niños como para adultos, puede resultar difícil identificar nuestras propias fortalezas. Los padres pueden ayudar a sus hijos a reconocer sus puntos fuertes”, explica la experta.
Reconoce los sentimientos de los niños
“Cuando negamos los sentimientos de los niños, se sienten frustrados e ignorados”, explica Rubin. En lugar de decirle que no debe tener miedo a los payasos, responde con empatía y simplemente verbaliza eso que el niño siente: “la última vez que fuimos al circo te parecieron muy graciosos los payasos, pero ahora te dan miedo”. Caroline Fleck, psicóloga y profesora adjunta en la Universidad de Stanford, asegura que validar las emociones de los niños hasta cuando han hecho algo malo, les enseña a no avergonzarse de sus emociones y desarrolla su inteligencia emocional.
No sobrepreguntes por su dolor
“A veces, al hablar con nuestros hijos, les hacemos preguntas que los llevan a centrarse en los aspectos negativos del día”, analiza Rubin. Les preguntamos si siguen enfadados con ese amigo, si la clase sigue siendo aburrida, si sigue cansado… Insistir en lo negativo puede poner el foco en las emociones desagradables y esto puede una rumiación inducida. “Queremos responder con comprensión si un niño quiere hablar de un tema difícil, pero no queremos animarlo a que se centre en lo peor de su experiencia”, explica la experta.
Facilita las tareas diarias
Es normal que, como adultos, se nos olvide lo complicadas que pueden ser ciertas tareas para un niño. Lo que propone Rubin es que por ejemplo, pongamos un taburete en la cocina o coloquemos sus cosas en los estantes más bajos. De esta forma además, facilitaremos que colaboren con las tareas domésticas desde pequeños, y según Harvard, eso provoca que tengan una mayor inteligencia emocional cuando crezcan.
Recuerda que los días son largos pero los años son cortos
“Cuando tu hijo te saque de quicio, mantén la calma recordando que pronto esta etapa quedará en el pasado. Es más fácil mantener la serenidad y el buen humor cuando recordamos lo fugaz que fue la infancia”, explica Rubin. Esta frase es un recordatorio de que aunque no esté siendo el mejor de los días, una de las mejores maneras de hacer feliz a tu hijo es ser feliz tú mismo.
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Fotos | Universidad de Yale, MI PHAM en Unsplash, Phil Hearing en Unsplash
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