Al catálogo de Netflix no dejan de llegar novedades constantes. Sin embargo, también está lleno de títulos por descubrir que no han hecho mucho ruido pero que merecen tener su momento. Como ‘Sola en la Tierra’ (‘IO’ en su título original), una pequeña rareza de ciencia ficción con Margaret Qualley a la cabeza de un reparto muy reducido.
‘Sola en la Tierra’ es una de esas películas que, si la pillas en el día correcto, te deja pensando mucho rato después. No es grandilocuente ni hace alarde de efectos especiales, pero tiene un algo que hace que quieras recomendarla incluso sabiendo que no será del gusto de todo el mundo.
La premisa es sencilla y demoledora: la Tierra ha quedado prácticamente vacía después de que una toxina atmosférica hiciera imposible respirar sin protección. Los animales han desaparecido, los humanos han huido y lo único que queda es un planeta en silencio, convertido en una ruina. Sin embargo, allí sigue Sam, una joven científica que vive en un laboratorio aislado entre acantilados, cultivando vegetales, cuidando panales de abejas y buscando desesperadamente una manera de revertir el desastre.
Mientras, la humanidad prepara su futuro en Ío, una luna de Júpiter. Ella parece ser la única humana que queda aferrad a la idea de que no todo está perdido en nuestra casa. La película funciona, además de por el dilema existencialista que plantea, porque todo se sostiene sobre un reparto mínimo pero muy bien escogido.
Qualley lleva el peso total, con esa mezcla de fragilidad y obstinación a la que nos tiene acostumbrados en sus papeles. Anthony Mackie aparece más adelante como Micah, un viajero solitario que aterriza para buscar respuestas y, de paso, alterar la burbuja emocional de Sam. Es ahí, sin prisas, donde la historia encuentra su chispa porque el encuentro rompe la monotonía y abre la puerta a decisiones irreversibles.
La historia, no obstante, también es una referencia al mito de Leda y el cisne, o el poema de Yeats que hace un breve cameo. La idea es que un mundo puede morir, sí, pero otro quizá se esté gestando. Todo culmina en un final que divide a los espectadores en una doble lectura, dejando más preguntas que respuestas. Aunque justamente por eso cuesta olvidarla.
Hay que tener en cuenta que no intenta competir con los blockbusters apocalípticos de gran presupuesto ni con las epopeyas espaciales llenas de efectos por ordenador. Es una película que prefiere la introspección y el silencio para crear la sensación de que el planeta puede seguir siendo un hogar incluso cuando está roto.
No es ningún secreto que Netflix lleva años intentando presumir de catálogo de ciencia ficción, con resultados irregulares. Entre distopías sin alma y thrillers espaciales que se sienten reciclados, ‘Sola en la Tierra’ destaca porque no busca impresionar sino inquietar y sembrar la duda.
Eso sí, no es perfecta. En cambio, te gustará si sueles gozarlo con narraciones atmosférica. Así que, si te apetece una historia íntima sobre el fin del mundo que en realidad va sobre la perseverancia y la esperanza, esta es tu joya escondida. Y si no… siempre puedes volver a las explosiones. Aquí, por el contrario, la ciencia ficción está hecha de susurros y a algunos eso nos encanta.
Fotos | Netflix
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