Decíamos entre los compañeros de Espinof que ‘El cuento de la criada‘ (The Handmaid’s Tale) es la típica serie que siempre piensas que ya había terminado hasta que llega una nueva temporada. Y es que la aclamada distopía promete cada año que el final se acerca, que llega la revolución y siempre da la sensación de que al terminar es más un punto final que aparte.
Pero finalmente este próximo martes Max España estrena los tres primeros episodios de la sexta y última temporada de la serie que llega, además, con cambios en la producción después de que su showrunner Bruce Miller decidiese dedicarse a la adaptación de la secuela, ‘Los Testamentos‘. Desgraciadamente, este cambio se nota para mal.
No es que Miller no escriba (de hecho es autor del primero y el último episodio) pero sí que el testigo recogido por Eric Tuchman y Yahlin Chang parece haberles pillado algo con el paso cambiado y, por alguna razón que no termino de comprender se toman, quizás demasiado tiempo, en recolocar las piezas en el tablero.
De hecho, los primeros episodios (de los 8 que he visto, de un total de 10 que tiene la temporada) sirven casi como un prólogo e incluso una extraña pausa en lo que es la trama general de la serie. Es casi como comenzar, nuevamente, de cero. Esto no quiere decir que no se resuelvan en este arranque algunas de las situaciones e incógnitas que dejó pendiente el final de la quinta temporada.
Arrastrando los problemas de siempre
Muchos de los problemas que tiene esta temporada final de ‘El cuento de la criada’ derivan de la misma pequeñez de la novela original y es algo que nunca supo resolver ni Bruce Miller como desarrollador de la adaptación ni el resto de guionistas que han pasado por la serie. En el fondo, Gilead no está pensado para algo que no sea un escenario efímero. Evidentemente, es un lugar, una nación distópica y autoritaria, pero Atwood nunca tuvo la intención de expandir demasiado eso.

Pero en el audiovisual, según se iba aumentando el metraje dedicado a este mundo cada vez adolecía más de una construcción de mundos paupérrima gracias a, en gran parte, la visión de túnel que tenemos con el punto de vista de June. Sin embargo, es algo que sirve para 2-3 temporadas como mucho… llegando a la sexta da la sensación prácticamente de que Gilead son cuatro gatos en dos o tres ciudades. Tampoco ayuda a quitarnos esa sensación las elipsis que se producen, un tanto bruscas para mi gusto.
Todo esto hace que a estas alturas la serie no esté simplemente estirada sino que llega ya exhausta y en modo inercia a esta tanda final. Sobre todo en lo que respecta a June (Elisabeth Moss). Mucho más tino hay cuando deciden alejarse de la protagonista y trabajar con Serena (Yvonne Strahovski) y con Tía Lydia (Ann Dowd), cuya evolución a lo largo de las seis temporadas es encomiable.
Es cuando se centran en estas dos mujeres cuando la serie respira mucha vida. No es que tengamos un viaje de villanas a heroínas (algo que no son), pero sí que la exploración de sus complejidades y contradicciones como mujeres leales a Gilead resulta muy estimulante frente a las ansias de revolución y ver el mundo arder de June y Mayday.
La verdad, es por ellas por lo que merece más la pena ver una temporada final de ‘El cuento de la criada’ que queda algo lejos de los mejores tiempos de la evocadora y tristemente cercana distopía. Unos episodios más discretos que estimulantes pero que van aumentando poco a poco en intensidad para intentar un decoroso sprint final en la segunda mitad de la temporada… pero hay que tener algo de paciencia hasta entonces.
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