Han pasado casi 25 años desde que Diana de Gales muriera en un fatídico accidente de tráfico en París y, en el que hubiera sido su sesenta cumpleaños este 1 de julio, la figura de la Princesa del Pueblo sigue siendo un icono recurrente especialmente para la moda. Recuperada para las nuevas generaciones gracias a la serie The Crown, el legado de Diana irrumpe todavía hoy en numerosas propuestas estéticas a las que los diseñadores acuden como homenaje.

Un mito que nunca pasará de moda y que con el paso del tiempo ha demostrado tener una frescura inimaginable, capaz de resistir el paso del tiempo y, gracias a la fiebre por el revival noventero, consagrarse de nuevo como musa inspiradora de looks que van de los
vestidos de fiesta a los
trajes de chaqueta e incluso, por improbable que pudiera parecer, la normalización de las mallas ciclistas como atuendo apto para lucir en un look casual.

«Podemos asegurar sin equivocarnos que Diana ya comparte imaginario con Audrey Hepburn o Jackie Kennedy», explicaba Eleri Lynn, comisaria de la exposición Diana: Her Fashion Story, que se celebró en el Palacio de Kensington en 2017. Para ella se trata de «un ícono de la moda cuyo estilo es tan emulado como amado».

«Lo que realmente distinguió a Diana fue su capacidad para comunicarse con su ropa», cuenta Lynn. «Es muy sorprendente cuán pocas imágenes existen de la princesa hablando realmente. Todos tenemos una idea de cómo pensamos que era ella y, sin embargo, gran parte de eso proviene de fotografías fijas, y una gran parte de esa idea se comunica a través de las diferentes prendas que usaba».

Como miembro de una de las familias reales más estrictas y tradicionales, salirse del protocolo con sus elecciones estilísticas fue quizás una de las conductas más arriesgadas que Diana llevó a cabo desde el principio de su trayectoria y que no hizo más que agravarse con su separación del príncipe Carlos en 1996. Diana desarrolló un «estilo regio muy glamoroso» para los viajes al extranjero, por ejemplo, en los que rindió homenaje a la nación anfitriona. Llevaba un vestido adornado con halcones dorados, emblema de Arabia Saudita, durante un viaje a ese país. Esta diplomacia de la moda claramente repercute hoy en los legados de Kate Middleton y Michelle Obama, por ejemplo, que a menudo visten ropa que rinde homenaje a los países de origen de sus invitados.

Diana con el famoso «vestido Elvis» diseñado por Catherine Walker que lució durante una visita oficial a Hong Kong en 1989. / D.R.

Para las herederas directas de su estilo, Kate Middleton y Meghan Markle la inspiración de sus looks de los 80 está más que clara. La devoción de Kate por los lunares ya es algo que Diana demostró antes. O jugar a mezclar bloques de color morado y rojo, uno de los predilectos de Meghan. Esa era la pareja poderosa favorita de Diana. Por no mencionar el anillo de compromiso de zafiro de Kate Middleton, herencia directa del joyero de Diana y convertido en todo un símbolo.

«Diana fue toda una adelantada a su tiempo», dice Jack Carlson, fundador y director creativo de Rowing Blazers, la firma responsable del famoso jersey rojo con ovejas que el año pasado fue reeditado y convertido en un éxito de ventas.«Ella perfeccionó el arte de mezclar, y difuminó las líneas entre la ropa masculina y la femenina. Me parece que pensaba tanto en la semiótica como en la estética. De una manera extraña, ella estaba haciendo streetwear antes de que siquiera fuera un verdadero término. Ella tenía todas estas contradicciones, y eso es lo que la hizo tan icónica, y lo que la hace tan relevante para lo que está sucediendo en la moda ahora».

Sin duda la combinación de sudadera con mallas de ciclista no es la más elegante de todos los looks de su repertorio pero desde luego si uno de los que mejor ha envejecido y que hoy copian todas las entendidas en moda. / D.R.

De hecho, de lo que tendemos a olvidarnos al hablar del estilo de Diana, antes de perdernos entre los deslumbrantes vestidos y sus espontáneas poses cazadas por los fotógrafos, es lo atrevida que era. Los años 80 le sirvieron para trabajar en su confianza. Lucía estampados de colores atrevidos y lujosos, llevaba tocados de diamantes con los que daba un giro inesperadamente bohemio a sus looks. Los sombreros eran alegres y los vestidos lucían hombreras exageradas.

¿Y quién puede olvidar ese vestido de novia, de un tamaño tan gigantesco que casi engulle toda la catedral de San Pablo? Diana pudo haber tenido una relación complicada con la prensa, pero estas piezas sugieren que no tenía miedo de que la vieran.

No seguir las reglas establecidas sino crear las suyas propias y, desde luego, no tomarse nunca demasiado en serio (al menos en lo que se refiere a las decisiones estilísticas). Esa fue la gran fuerza de Diana que hoy seguimos celebrando y cuyas demostraciones públicas de estilo forman parte de la historia de la moda que, sin miedo a equivocarnos, podemos asegurar que seguirán muy presentes durante las próximas décadas.