Liz a sus 4 años, luego del trasplante.

Liz Isabelle luchó más de dos años y medio para vencer la leucemia que le diagnosticaron cuando tenía solo un año y cuatro meses. Todavía recuerdo aquel momento negro, frío, desesperante, en el que me comunicaron el diagnóstico, el 6 de marzo del 2018. Lo conté muchas veces. Como mamá, sentí dentro mío una furia incontenible, la injusticia del mundo aplastando mi pecho y nublando mi entendimiento.

Después de ese momento, que procuré fuese lo más breve posible, me propuse firmemente hacer todo lo que estuviera a mi alcance y mucho más, para que Liz, mi adorada hija, la que esperé pacientemente durante 8 años, se curara y pudiera disfrutar de su vida.

Como familia nos abrazamos a la vida, nos aferramos a cada hilo vital. Creamos un colchón de contención afectiva y amorosa en el que participaron familiares, amigos, conocidos y hasta desconocidos. Vencimos al cáncer todos juntos, con cada buena intención, con cada oración dirigida al cielo y a cuanto Dios existiera para cada uno en ese momento.

Compartimos el dolor y los pequeños logros, también resistimos los retrocesos y confiamos en que todo iba a solucionarse cuando las cosas se complicaban en cada internación. Tuvimos fe, nunca dejamos de tenerla.

Acompañamos y agradecimos a los médicos en cada instancia del proceso de curación. Estuvimos luchando guiados por Liz, -por la increíble fuerza con la que afrontó la enfermedad-, siempre junto a los profesionales, pero no dejamos de protestar o de reclamar cuando veíamos a lo largo del proceso que algo se escapaba de las manos o que no se estaba haciendo lo que creíamos que correspondía en distintos momentos. Batallamos contra todo lo que la apartara del camino de la vida.

Liz fue quien resistió  y venció con inmensa capacidad de recuperación y amor por la existencia, esta enfermedad que en el mundo, por año, afecta a más de 300 mil niños. ¡Quiero vivir mamá!, me decía con solo dos años cada vez que la quería hacer dormir a las 10 de la noche- como si fuese temprano-. Tantas anécdotas tengo de ese tipo que me dejaban boquiabierta…

Nosotros fuimos un soporte de amor,  perseverancia y tesón para Liz, -lo mínimo que ella merecía-, lo mínimo que merece un niño. A pesar de nuestros errores (que habrán sido muchos) pusimos lo mejor, esa fue la intención familiar constante: dar lo mejor de nosotros a pesar de las diversas dificultades que se nos presentaron. Ella nos dio las energías para seguir adelante y nosotros  le respondimos en consecuencia.

Jamás dejamos de pensar que iba a curarse, jamás dejamos de creer, de confiar, de tener fe en una fuerza superior que nos ayudaría a que nuestra hija siguiera adelante con su vida.

El trasplante

En agosto del 2019, después de tanto luchar y pasar por un extenso tratamiento con quimioterapia, encontramos un donante de médula ósea para Liz en Alemania.  La alegría fue infinita, su donante era cien por ciento compatible y le daba a Liz una segunda oportunidad, con todas las letras.

Finalmente, el 25 de septiembre del 2019 se produjo el trasplante. Liz volvió a nacer y como mamá, yo también.

Tanto dolor, tanto sacrificio y lucha habían llegado a buen puerto y después de dos meses de estricto aislamiento pos trasplante -pasando por las situaciones más críticas- nuestra querida hija salió con vida del sanatorio, habiendo cumplido con el objetivo: su trasplante y la promesa de una recuperación completa.

Luego comenzó el período pos trasplante, una etapa clave donde era muy importante que la siguiéramos cuidando mucho para que su sanación se completara. Todo lo que hiciéramos como familia en esos meses posteriores  iba a influir decisivamente en su salud. Gracias a Dios, al destino,  logramos vivir con éxito ese período, con todos los obstáculos que encontramos: los propios, los familiares, los del contexto.  Así fueron pasando los días y se cumplió un año del trasplante de Liz, el 25 de diciembre de 2020.

Es cierto que durante ese tiempo tuvimos cierto temor de que volviera la enfermedad. Creo que habiendo atravesado por un proceso tan complejo y profundo con un hijo, el miedo siempre es una posibilidad y quizás el antídoto para frenarlo sea la misma actitud esperanzadora, la misma actitud vital y el mismo amor con el que transitamos todo el tratamiento y con el que seguimos transitando nuestros caminos, ahora con plena salud.

Amor, esperanza y actitud vital

El cáncer infantil es una enfermedad muy difícil de sobrellevar, tal como lo cuento ahora brevemente  y como lo conté cientos de veces, pero más del 80% de los niños y de las niñas que lo padecen pueden recuperarse. Nuestro mensaje como familia, mi mensaje como mamá, un día como hoy,  el  Día Internacional de la lucha contra el cáncer infantil, es recordarles que se puede luchar, que se puede vencer. Que Liz lo logró y que otros tantos niños y niñas podrán hacerlo.

Nuestra forma de lograrlo fue acercándonos todos los días a la vida un poco más, con diferentes herramientas, con todo lo que tuviéramos al alcance de nuestras manos. Con las distintas formas posibles de permanecer esperanzados más allá de los pronósticos y de los múltiples escollos del camino.

Nos afianzamos en el amor y la gratitud infinitos. Creo que en parte, por ese motivo, nuestra bella Liz, que inspiró una muñeca, canciones y cuentos, que cantó, bailó y jugó detrás de un vidrio por más de dos años con quién viniera a visitarla a casa, hoy está sana disfrutando de su vida, de su propia historia, al calor del amor familiar y del cariño de la gente que la quiere y que elevó su plegaria y sus mejores intenciones al universo.

Hoy más que nunca enviamos nuestras fuerzas a todos los niños y niñas que hoy están pasando por momentos tan complicados, tan complejos como los que atravesó Liz ¡A resistir papás! es posible vencer la enfermedad, a sus niños los espera una nueva oportunidad, no olviden que después de la tempestad, cada pequeño héroe o heroína podrá hacer su propio camino y contar su historia personal de sanación y resiliencia.

Esta historia comenzó en:

“Mi hija tiene leucemia”: la experiencia de una madre en pleno proceso

https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/nina-luchadora-que-inspiro-una-muneca-con-su-nombre

Carlos Paz: la pequeña Liz recibió el trasplante de médula de una donante alemana