El cine ha sido, hasta la aparición de las tecnologías de la información, el más eficaz e inmediato sistema de marketing geopolítico que el hombre moderno haya creado. Tecnología de sueños y de propaganda, llenó el vacío de fe de una humanidad que deambulaba como zombie en busca de una nueva religión, una vez muerto el Sacro Imperio Romano Germánico, cuya secesión desembocó en la Gran Guerra Mundial que comenzó con las trincheras en 1914 y culminó con La Guerra de las Galaxias, y la evaporación del comunismo.

La “guerra de las galaxias”, arrancó en 1983 durante la presidencia del ex actor Ronald Reagan, y fue un plan estratégico de defensa espacial, un escudo protector anti misiles, cuya tecnología tan sofisticada como costosa, llevó a la URSS a la quiebra dando por terminado el ciclo de la Guerra Fría en 1992.

Redunda decir cómo utilizó EEUU el cine de propaganda, pero no fue distinto a lo que hizo la URSS, que como decía Lenin “de todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”.

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No podían faltar a la llamada Adolf Hitler y Benito Mussolini, que hicieron de la propaganda un arte, creando coreografías aún insuperables. Después de todo, italianos y alemanes, manejaban los secretos del arte de la ópera como ninguna otra cultura.

Nietzsche argumentaba que el cristianismo había sido la última venganza de los judíos contra los romanos, que en su impotencia por destruir al imperio lo inocularon con el virus de su evolución espiritual y metafísica, el cristianismo»

El padre del neorrealismo italiano y del cine moderno, Roberto Rossellini, dio sus primeros pasos filmando “la trilogía de la Guerra Fascista” para luego pasar a la “trilogía antifascista” (las obras maestras que lo redimieron).

Del sueño de eternidad de Hitler lo único que perduró fue la obra monumental de Leni Riefenstahl. Tal vez no sea lo único que sobrevivió a ese régimen mesiánico criminal, viendo cómo germinan a cada instante personajes grotescos y macabros disfrazados de líderes protectores de la civilización ante el avance de la barbarie.

Una vez muerto el Sacro Imperio Romano Germánico, cuya secesión desembocó en la Gran Guerra Mundial que comenzó con las trincheras en 1914 y culminó con La Guerra de las Galaxias, y la evaporación del comunismo»

Pero de la casta de videntes ungidos es un capricho fundacional de nuestra especie, podríamos suponer sus orígenes en una disputa por las escasas reservas de agua, cuando una tribu de homínidos hace mas de 4000 años se dio cuenta de que podían utilizar huesos como armas y organizarse para aniquilar a los clanes rivales según nos cuenta Stanley Kubrick en 2001: Odisea en el espacio (1968), película que finaliza con la rebelión de la IA contra la humanidad.

Cuando una civilización se agota de sí misma genera lideres lunáticos para que se hagan cargo de su autodestrucción (estos sicarios tampoco sobrevivirán), en una transición hacia un nuevo proceso creativo.

Para el filósofo Franco Biffo Berardi, el marxismo y el capitalismo convergen en las tecnologías de la información»

Cuando la URSS se evaporó en 1992, el aparato tecnológico, financiero y de marketing que creó EEUU para doblegar a su rival, lejos de detenerse perfeccionó sus capacidades de aniquilación, que ya sin rivales se volvieron en su contra. Nietzsche argumentaba que el cristianismo había sido la última venganza de los judíos contra los romanos, que en su impotencia por destruir al imperio lo inocularon con el virus de su evolución espiritual y metafísica, el cristianismo, que efectivamente logró el objetivo.

Para el filósofo Franco Biffo Berardi, el marxismo y el capitalismo convergen en las tecnologías de la información, porque entre tantas cosas comparten la idea de destrucción del Estado y la supremacía histórica de una clase, la operaria en el primer caso, la oligarquía tecnofinaciera en el otro.

Quizás la tecnología de la información sea la última venganza de la URSS para exterminar al capitalismo. Por eso cuando leo tuits de políticos, empresarios tecnológicos, y de esos descartados por la sociedad en busca de protagonismo que asocian las revueltas callejeras en Europa con el principio del fin de Occidente pienso, que de ser así, no será por estas manifestaciones, sino por la codicia de estos nuevos marketineros de la geopolítica, que se autoperciben como los dueños de la escalera al cielo.

*Escritor, autor de “Atractores extraños”, columnista en Radio del Sol (Uruguay) y en Radio Splendid de Argentina